El silencio de Elvis es una obra redonda, con un lenguaje y unas situaciones que nos llevan de la risa al llanto sin transición, como la vida misma, y, a la vez, nos enfrenta a un drama social: la enfermedad mental. Este singular montaje llega el próximo sábado, 16 de noviembre, al Teatro Adolfo Marsillach, TAM, de la mano de un ilustre vecino como Pepe Viyuela, quien encabeza el elenco formado por la propia autora, Sandra Ferrús, Elías González, Susana Hernández y Martxelo Rubio.

“El libreto cayó en nuestras manos casi por casualidad. Nos lo dio una amiga, la autora, simplemente para que la leyéramos y le diéramos nuestra opinión. Fue empezar a leer y sentir el estremecimiento de que teníamos en nuestras manos algo excepcional, poderoso, una gran obra”, así explican los productores de El Vodevil cómo conocieron la obra de Sandra Ferrús (Valencia, 1981).

Vicentín es un chico diagnosticado de esquizofrenia. Es muy alegre, le encanta cantar y bailar. Tiene el alma de Elvis en su interior. Su don es saber lo que la gente va a decir; su deseo, concursar en todos los realities de la tele. Su cruz, y la de su familia, sufrir una enfermedad mental en un país en crisis. Un cóctel de emociones ancestrales, donde el estigma y el miedo a lo desconocido, desestabilizan la sociedad, apresando y presionando a nuestro joven protagonista hasta que su única posibilidad de libertad es convertirse en pájaro.

“Hace años coincidí en un ascensor urbano con un chico que claramente sufría una enfermedad mental. Recuerdo que fueron los dos minutos más largos de mi vida. Era corpulento, estaba segura de que me iba hacer daño”, recuerda Sandra Ferrús. “Pase un miedo terrible. Pasados los años me tocó convivir con la enfermedad mental. Una persona muy especial a la que quiero con todo mi corazón desarrolla una enfermedad de este tipo. Esta trágica circunstancia me obligó a documentarme y a vivir muy de cerca todas sus consecuencias”, concluye la autora.