Hace ya un par de años que el cine español parece haberse dado cuenta de que el género que realmente triunfa entre los espectadores es el de la comedia. Allá por el 2014, Emilio Martínez-Lázaro decidió dar un giro al panorama cinematográfico nacional y estrenó “Ocho apellidos vascos”, una cinta nada ortodoxa que exploraba la relación sentimental entre un joven andaluz y una chica vasca interpretados por Dani Rovira y Clara Lago. La película se convirtió en su primer fin de semana en cartelera en uno de los mejores estrenos del cine español y aunque la crítica se mostró dividida, la espectacular recaudación hizo posible una secuela que llegaría a la gran pantalla tan solo un año después. Tras este increíble pistoletazo de salida, los directores españoles pusieron sus ojos en la comedia, un género que parecía haberse convertido en la gallina de los huevos de oro. De esta forma, en los últimos años hemos sido testigos de una larga lista de comedias bajo el sello “Made in Spain”: “Ahora o nunca”, “Perdiendo el norte”, “Tenemos que hablar”, “No culpes al karma de lo que te pasa por gilipollas”, “Cuerpo de Élite”, “El pregón”, “Villaviciosa de al lado” y más recientemente “Sin Rodeos”, “La tribu”, “Ola de crímenes”, “Miamor perdido”, “El mundo es suyo” o "Gente que viene y Bah".

 

La última en sumarse a esta larga lista es el segundo largometraje de Juana Macías, “Bajo el mismo techo”. La directora madrileña, que obtuvo el Goya a Mejor cortometraje de ficción en el 2000 por “Siete cafés por semana”, se estrenó en la gran pantalla en 2016 con “Embarazados”, una cinta protagonizada por Paco León y Alexandra Jiménez que si bien tenía ciertos toques cómicos, se postula más como una historia dramática con un trasfondo social muy potente. Ahora, en su regreso al largo, Macías ha querido posicionarse plenamente del lado de la comedia, aunque de nuevo ha utilizado una situación tristemente común en nuestra sociedad como telón de fondo. De hecho, en los créditos iniciales ya se adelanta que se trata de una historia con base real. 

Nadia y Adrián forman un matrimonio entrado en la cincuentena que vive en un lujoso chalet a las afueras de la ciudad. Todo parece fluir entre ellos hasta que los excesos fiesteros de Adrián colman la paciencia de Nadia, que decide poner punto y final a su relación. Lo que parece un final sencillo se complica enormemente cuando ambos deciden poner en venta la casa en la que viven para comenzar su vida en solitario. La crisis inmobiliaria y una elevada hipoteca impiden que puedan deshacerse de la casa a un precio razonable. Pese a tratar de buscar nuevas vías de financiación, ninguno de ellos tiene el talento de los Pelayos o Ramón Colillas para hacer del cálculo y la estrategia mental su nueva fuente de ingresos, y la tradicional lotería parece que tampoco les sonríe. ¿Solución? Compartir la casa.

Macías se vale de dos de los rostros más televisivos y cómicos del panorama español para tratar de conectar con el público, algo que consigue sobradamente. Silvia Abril, a quien vimos presentando la última edición de los Goya, en el papel de Nadia y Jordi Sánchez como Adrián, aportan ese plus necesario para que una trama tan sencilla como la planteada funcione bien en pantalla. A lo que debemos sumar unos personajes secundarios que si bien no están desarrollados en profundidad, cumplen perfectamente con su función gracias a la maestría de los actores que los interpretan: Malena Alterio, Daniel Guzmán, Cristina Castaño, Álvaro Cervantes y Ana Morgade. Incluso hay un pequeño cameo de la influencer Dulceida.

De esta forma, a lo largo de los 97 minutos que dura el metraje iremos asistiendo a una relación cada vez más complicada que terminará en una auténtica batalla campal in crescendo, con ladrillos que dividen estancias, serpientes como mascotas y una radial como arma disuasoria. Quizás estos elementos sean los que más alejen a la cinta de esa “situación de base real” de la que hablábamos al principio, pero Macías no busca en este caso la adaptación fiel a la sociedad, como sí ocurría en “Embarazados”, sino que su principal objetivo es hacer reír, algo que logra gracias a lo excesivo del comportamiento de ambos personajes. Sin duda, una comedia de lo más recomendable si lo que se busca es pasar un buen rato.