J. M. L. S. (Maestro de Pedagogía Terapéutica) lucha por el bienestar emocional y físico de su hija, la cual ha tenido que vivir diversas situaciones muy graves con su madre en momentos de alteración y gran inestabilidad emocional de la misma.

La menor llegó a relatar situaciones tales como las siguientes. Les dejamos con las palabras de la niña: “mamá se sentó en un pozo diciéndome que era el fin del mundo, que íbamos a desaparecer las dos, ir a un lugar muy lejano y no volver a ver a nadie más, luego me sentó en su regazo”, “en el baño mamá se colocó la cinta del albornoz alrededor del cuello gritando que se mataba y que me matasen a mi después los abuelos, que no me quería. Después me tapó la boca y la nariz y no daba respirado, logré soltarme y le pedía ayuda a la abuela, muy nerviosa”, “mamá estaba muy nerviosa en el suelo, me gritó: cállate, y me golpeó con el brazo en la cara, golpeándome contra la pared”.

¿Cómo empezó esta historia?

La madre de mi hija tiene un trastorno de personalidad y problema de adicciones, y nunca ha seguido un tratamiento correctamente, incumpliendo y abandonándolo continuamente, retomándolo cuando hay un proceso judicial abierto.

He tenido que aguantar en múltiples ocasiones diferentes "errores", y que se centren en ayudar a la madre e mi hija, sin tener en cuenta en ningún momento a mi hija y su bienestar.

En el año 2017 por decisión judicial (en la que ha tenido mucho peso tanto la intervención subjetiva del equipo psicosocial del IMELGA, centrándose en ayudar a la madre, sin pensar en el bienestar de nuestra hija, como un psicólogo público del SERGAS que directamente mintió en un informe, siendo esto demostrable) se concedió una custodia compartida, a pesar de que en aquel momento la madre había abandonado el tratamiento, y sin tener en cuenta informes que hablaban de situaciones de riesgo para la menor y diversas pruebas aportadas.

Desde la primera semana el tener una custodia compartida fue una "tremenda locura", afectando esto negativamente en el bienestar emocional de nuestra hija, y poniendo en riesgo su bienestar físico.

¿Qué sucede después?

Durante todo este tiempo mi hija ha relatado diversas situaciones negativas vividas con su madre, algunas muy graves, pero nunca nadie nos ha ayudado, a pesar de pedir ayuda en los Servicios Sociales y en el Gabinete de Orientación Familiar de la Xunta de Galicia.

Incluso he tenido que denunciar en dos ocasiones violencia doméstica: amenazas (con denunciarme, quitarme la custodia de nuestra hija, agredirme, matarme), insultos, vejaciones, todo ello demostrable con SMS. La primera ocasión en el juicio reconoció todo pero la absolvieron, y la segunda todavía estoy pendiente de saber si tendremos juicio o lo archivarán, a pesar de que, entre otras, amenazó con matarme a través de un SMS, ya hace un año y medio.

Desde agosto de 2018 la situación empeoró grandemente y mi hija empezó a relatar situaciones de violencia constantemente, y diversas alteraciones de su madre: “mamá se sentó en un pozo diciéndome que era el fin del mundo, que íbamos a desaparecer las dos, ir a un lugar muy lejano y no volver a ver a nadie más, luego me sentó en su regazo”, “mamá estaba muy nerviosa en el suelo, me gritó: cállate, y me golpeó con el brazo en la cara, golpeándome contra la pared”, “mamá llegó a casa y no me conocía, me confundía con una amiga, y la abuela le dijo: ¿no ves que es tu hija? Después el abuelo y el tío la llevaron a la cama”.

En enero de 2019 relató que “en el baño mamá se colocó la cinta del albornoz alrededor del cuello gritando que se mataba y que me matasen a mí después los abuelos, que no me quería. Después me tapó la boca y la nariz y no daba respirado, logré soltarme y le pedía ayuda a la abuela, muy nerviosa”. Estos hechos tan graves los narró en el centro educativo, avisando desde aquí a Inspección Educativa y a los Servicios Sociales de Riós (Ourense), los cuales, a pesar de tener conocimiento de estos hechos, solamente se entrevistaron con la madre y los abuelos, sin hacer nada más, ni denunciar ante Fiscalía ni hablar con la menor o conmigo.

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¿Y qué hizo usted?

No sabía cómo actuar y estaba a la espera que desde los Servicios Sociales actuasen, por lo que el día que me correspondía entregar a nuestra hija a su madre lo hice, pero en la siguiente ocasión que volví a estar con mi hija venía sin comer, llevaba 2 días sin ir al colegio, durmiendo en un sofá con frío, relatando que su madre se había ido de casa con ella haciéndose cargo de mi hija una mujer mientras su madre estaba en cama todo el día con su pareja.

Decidí poner fin a esta situación no permitiendo que volviese con su madre (sí que la viera, pero que no se la llevase), y denunciando la situación en la Policía Nacional y en Fiscalía de Menores. Tanto en estos organismos como en Inspección Educativa y Jefatura Territorial de Educación les expliqué que, mientras no existiese alguna medida para proteger a nuestra hija, no la llevaría al colegio para evitar que su madre se la pudiese llevar.

Fiscalía de menores abrió expediente y pidió a Protección de Menores de la Xunta de Galicia

que interviniera, pero sólo se centraron en que llevase a la menor al colegio de nuevo, a pesar de que mi hija les relató diversas situaciones de violencia tanto física como verbal.

¿El juzgado cómo actuó?

Me presenté en el juzgado y le expliqué la situación, por lo que solicitaron la declaración de mi hija, con 7 años, ante la fiscal y el juez, explicando ante ellos algunas de estas situaciones vividas con su madre.

Solicitaron al equipo psicosocial (IMELGA) una valoración de credibilidad del testimonio de mi hija, pero la psicóloga no la hizo, y la trabajadora social, sin ser su función, sí que se ha atrevido a hablar de credibilidad, poniendo en duda el testimonio, sin ningún tipo de prueba, y pronunciándose sobre la custodia de una forma totalmente irregular, ya que nadie se lo había solicitado, tras entrevistarse en una sola ocasión con nuestra hija, durante poco más de una hora, así como con su madre y conmigo.

Hace menos de 2 meses sí que se hizo una valoración de credibilidad, y el resultado es que su hija no miente.

En junio la jueza, de forma provisional, mientras no tengamos juicio, da la custodia total a la madre, pudiendo dormir conmigo sólo 2 noches al mes, pero pidiendo una supervisión de los Servicios Sociales, que en mi caso no tendría que existir si me diese a mí la custodia.

La Educadora Social del Ayuntamiento de Verín (Ourense) (desde el mes de marzo ya no ejerce en este ayuntamiento), al declarar en el juzgado omitió situaciones que yo le había comunicado pidiéndole ayuda hacía un año, mostrándole pruebas, diciendo no recordarlas, pero sí “recordando” cosas que nunca han sucedido, mintiendo.

La Trabajadora Social de los Servicios Sociales de Riós declaró en el juzgado en junio que tendría que valorar si mi hija sólo con su madre podía estar en situación de riesgo, cuando hacía 4 meses había respondido a Fiscalía de menores que no había riesgo (sin valorar la situación), llegando a escribir desde Fiscalía de menores en su informe que “los Servicios Sociales de Riós a día de hoy no han procedido en los términos previstos en el artículo 17 de La Ley Orgánica de Protección Jurídica del Menor”, ya que primeramente no se informó de nada, y luego se tardó en responder.

En este mismo informe, del mes de enero, el Fiscal delegado autonómico de menores de Galicia escribió: “el relato de acontecimientos vividos por la menor aparecen corroborados por los informes de seguimiento emitidos por el centro educativo” y “el informe emitido por el tutor en el centro educativo constata que la situación de conflicto familiar en que vive la menor con su madre NO CESA SINO QUE SE HA REAVIVADO”.

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Durante el tiempo que estuve a la espera de una decisión judicial incluso la Guardia Civil ha sido testigo y ha tenido que intervenir en alguna situación en la que la madre de mi hija estaba alterada, llegando también en una ocasión a perseguirme con el coche, llevando a mi hija conmigo en la parte trasera, teniendo que acelerar bruscamente para evitar que me golpease (reconociéndome posteriormente este hecho por escrito).

¿Qué ayudas obtuvo su hija desde entidades especializadas en la protección del menor?

Ninguna, absolutamente ninguna. La única persona que en la actualidad está haciendo algún tipo de seguimiento es la Tabajadora Social del Ayuntamiento de Riós, porque el juzgado ha pedido un informe mensual de la situación de mi hija con su madre, pero hasta la actualidad nadie más se ha preocupado de nada.

Lo que sí hicieron desde los Servicios Sociales de Riós fue derivar a la madre a la atención por parte del CIM (Centro de información a la mujer) de la Mancomunidad Conso-Frieiras, con apoyo psicológico y jurídico, el cual NUNCA le han proporcionado a mi hija hasta el día de hoy, siendo yo la única persona que le está proporcionando este apoyo hasta la actualidad.

¿Qué ocurrió finalmente?

En julio el psicólogo que atiende a mi hija y yo la informamos de que debía irse con su madre 15 días, y justo después estuvo 1 hora entera en la consulta con muchísima ansiedad y rabia (tirándose al suelo, gritando, llorando, golpeándose, sin dejar que nadie se le acercase) y preguntó que si su madre le volvía a hacer algo o no estaba bien, cómo podía hacer para pedir ayuda.

Desde entonces, debido a los nervios, ha vomitado en múltiples ocasiones, llegando a administrarle en el Hospital un tranquilizante, con 8 años, justo antes de irse con su madre, ya que no quería ir.

Continúa relatando diversas situaciones de violencia tanto verbal como física, explicando la enorme presión que tanto su madre como su abuela materna ejercen para saber qué hablan con ella desde los Servicios Sociales, Centro Educativo y Psicólogo, y qué es lo que ella les responde, y llegando a tener ataques de ansiedad por tener que seguir viviendo lo que, de momento le obligan a vivir, ya que quiere a su madre, pero le tiene miedo.

Además, como ejemplo, paso semanas enteras en las que no me permiten hablar por teléfono con mi hija ningún día, a pesar de que tengo derecho a hacerlo siempre que quiera.

Tendremos juicio el próximo mes, y veremos si el juzgado es objetivo e imparcial, o decide que todo continúe como está en la actualidad, condenando a una menor a no poder vivir una infancia tranquila y feliz en un entorno seguro, que es lo que cualquier menor necesita, y exponiéndola al riesgo de que en una de las alteraciones de su madre la situación se le vaya de las manos y termine sucediendo lo que, por desgracia, ha pasado en demasiadas ocasiones, y luego no exista ninguna solución, que parece que es a lo que esperan siempre para tomar medidas de protección cuando es una madre la que tiene este tipo de conductas.

Javier Navascués Pérez