El autobús tenía pocas opciones. Con el río Ter circulando sobre una carretera de Vall de Camprodon, en Girona, el conductor decidió seguir adelante. Era un vehículo escolar que se dirigía a Setcases para recoger a los menores. Pero el camino se cubrió de piedras y, aunque algunos coches decidieron parar y dar la vuelta, la maniobra era imposible para un autobús de doce metros en una carretera de ocho metros de ancho.

El vídeo que la monitora garbó bastó para que los padres decidieran que sus hijos no fueran a clase. Y menos mal porque en el camino de vuelta la riada había ganado fuerza y el autocar tuvo que arrimarse a la orilla para atravesarla. Desde la empresa aseguran que no había ninguna señal de peligro aunque quizá el riesgo era demasiado visible.