El pasado viernes 14 de noviembre, se hacía pública la sentencia por la muerte del activista falangista Víctor Laínez, la resolución judicial por lo que conocemos como el caso de los tirantes. Víctor Laínez fue asesinado la noche del 8 de diciembre de 2017 en Zaragoza. El infortunio quiso que el activista izquierdista Rodrigo Lanza, muy conocido en los ambientes por su extremada violencia, había pasado cinco años en prisión por haber dejado tetrapléjico a un guarda urbano de Barcelona, se cruzara en su camino. Víctor Laínez, que lucía unos tirantes con la bandera de España,  fue atacado por la espalda con un objeto contundente y las lesiones de la agresión le produjeron la muerte. El jurado popular ha determinado que la agresión no buscó intencionadamente acabar con la vida de Victor. Poco importaban los antecedentes de Rodrigo Lanza y su agresividad y animadversión hacia todo lo que él considera facha, fascista o simplemente español, de nada sirvió que fuera atacado por la espalda y mucho menos la  soledad de la víctima frente a los amigos que acompañaban al agresor, tampoco se tuvo en cuenta la diferencia de edad y la complexión del chileno Lanzas en comparación con Victor. Lo que sí parece que ha tenido en cuenta el jurado popular, a tenor de la sentencia dictada, es la ideología de la víctima, lo que da a entender que matar a una persona cuya ideología está siendo cosificada por parte de todos aquellos que hacen llamamientos anti fascistas, de todos aquellos que minimizan las amenazas y las agresiones a determinados colectivos que piensan diferente a lo políticamente correcto, es un atenuante a la hora de enjuiciar los hechos. También debió influir el cambio de aspecto del antisistema, que se nos presentaba como una especie de niño bueno muy alejado de su anterior estética. Un jurado muy predispuesto a entender las motivaciones de la agresión y minimizando hasta la nausea la muerte de un buen hombre como era Victor Laínez.

Victor Laínez ha sido doblemente asesinado, el día de su muerte y ahora con esta infame sentencia, que minimiza la agresión en función del pensamiento ideológico de la víctima. Nadie tiene ninguna duda, de que de haber sido otro el resultado de la agresión y Victor hubiese conseguido defenderse y Rodrigo Lanza hubiese fallecido, Laínez estaría el resto de sus días en la cárcel, aunque hubiese sido en defensa propia, como le pasa a Josué Estébanez, que se calcula saldrá de prisión en el año 2033, por defenderse de una turba de elementos de extrema izquierda que pretendían lincharle.

Rodrigo Lanza ha sido absuelto por el asesinato de Victor Laínez, para el jurado popular fue un homicidio imprudente. Puede ser condenado a 12 años, lo que significa, que con la legislación vigente, en 4 años estará en libertad. Ese es el coste que tiene en España matar a un patriota.

Se avecinan tiempos difíciles, tiempos complicados, desde donde los poderes públicos y políticos, se alienta, se anima a atacar a todo el que ponga en duda el modelo de sociedad que para nosotros se está diseñando. Se justifican agresiones, si las víctimas tienen pulseras, tirantes o polos con la bandera nacional. Se reescribe la historia, y como en el caso de Victor Laínez, se acaba quitando a los agredidos la categoría de víctima, si el pensamiento ideológico del asesinado no es coincidente con los de aquellos que dictan la nueva moral del pueblo. Ya lo hizo Alberto Garzón con Jose Antonio Primo de Rivera, al no considerarle victima de nuestra guerra civil por ser “golpista y falangista”, justificando de esta manera el crimen que contra Jose Antonio se perpetró.

Julia Otero homenajeo a Rodrigo Lanzas, una vez que éste dejo tetrapléjico a un guarda urbano de Barcelona. La izquierda se solidarizo con el agresor e incluso le hicieron un documental. Nadie se acordó del guarda urbano tetrapléjico, nadie se acordará del “facha” Victor Laínez, últimas palabras que escucho la victima antes de su muerte.

Siento asco, vergüenza y repulsión por este modelo judicial y por la izquierda de este país y sus medios de comunicación amigos, últimos responsables de la muerte de Victor Laínez.

Se alienta y se llama a la agresión del facha, y luego la justicia protege a los violentos a los agresores.