Se puede afirmar que cualquier parecido con la justicia en España es pura coincidencia. Mucho se hablado estos días y con toda la razón del grandísimo escándalo de que el criminal que asesinó vilmente, por la espalda y con odio, a Víctor Laínez, esta primavera estará de rositas en la calle, siendo aclamado como un héroe. Un insultante y sangrante agravio comparativo con relación a Josué, que actuó en defensa propia. La justicia en España es una gran vergüenza y el caso de Víctor Laínez clama al cielo.

 

Pero además de este caso, que nos ha tocado en la fibra más íntima a muchos patriotas, quiero hablar de un detalle importante del caso de Diana Quer.

 

Aunque los medios informaron de ello, nadie se escandalizó lo suficiente ante la gran infamia de que el padre de Diana Quer fuese expulsado de la sala del juzgado, mientras el chicle se partía literalmente la caja. Solo un psicópata con tintes satánicos puede reírse mientras reconstruye su propio asesinato. ¿A cuento de qué permiten que el asesino reconstruya el crimen? ¿No piensan en el dolor de la familia? Y fue grabado con total naturalidad y el criminal se reía con un cinismo monstruoso. ¿Se creería muy gracioso?

 

Pero la gota que colma el vaso fue cuando el padre de Diana Quer fue expulsado de la sala simplemente por decir al chicle que podía ser su hija. ¿No es comprensible que un padre al que han violado, matado y sepultado en un pozo a su hija en la flor de la vida diga eso? ¿Donde está la humanidad en la justicia española? ¿Donde está el apoyo a las víctimas y la firme condena del crimen?

 

Y la abogada del chicle afirma que la prensa le ha tratado como un monstruo y habla de incomprensión social y de que no se han respetado sus derechos democráticos.

 

¿Nos hemos vuelto locos? ¿Cómo quieren que trate una sociedad sana al que viola, mata y entierra a una joven en un pozo? ¿De qué comprensión social y de derechos democráticos habla? ¿No fueron acaso violados los “derechos democráticos” de Diana Quer?

 

Estoy cada vez más harto del consenso progre que discrimina a las víctimas y está al lado de los criminales. Es una sociedad decrépita y en descomposición, que al mal llama bien y al bien llama mal. ¿Hasta cuando permitiremos esta vomitiva superioridad moral del consenso progre?

 

De los partidos con representación parlamentaria, solo hay uno que alza la voz sin complejos en defensa de la ley y la justicia. No hace falta decir quién es, aunque a muchos puristas no les guste. Y estoy cada vez más harto de ese purismo que destripa a Vox, que con sus defectos, aunque les cueste reconocerlo es la única opción en la política real para plantar cara a la desmembración de España y a la dictadura marxista.

 

Este caso, junto con otros como el de Marta del Castillo o Sandra Palo, por citar algunos de los más significativos, forman parte de los crímenes más atroces de la historia reciente de España. Toda sociedad sana debe manifestar su más absoluta repulsa a estos abominables crímenes y pedir la máxima condena para los asesinos.

 

Toda la sociedad debería ser un clamor defendiendo a la familia de la víctima y comprendiendo su dolor y pidiendo cadena perpetua para asesinos de este calibre, que en países como Estados Unidos ya estarían ejecutados.