Somosierra es un pequeño pueblo. No es una exageración. Por sus calles, sólo viven un total de 60 personas. Una población que podrá casi duplicarse con la decisión de la Comunidad de Madrid de enviar a 40 inmigrantes extracomunitarios menores de edad y todos con una característica en común “son muy conflictivos”. Una decisión que indigna a una aldea que durante años ha vivido en paz y en plena convivencia.

 

El rechazo no sólo se vive en las calles de Somosierra, sino también desde la Alcaldía de la localidad. “El pueblo no lo quiere en absoluto. Están todos como en Fuenteovejuna, todos a una. Aquí en invierno, somos 60 personas. Me han dicho que iban a traer 40 niños, de 16 a 18 años, pero esa residencia no tiene permiso para eso, sino para discapacitados”, ha explicado el propio alcalde Francisco Sanz Gutiérrez.

 

Los vecinos se suman a la queja. No sólo “porque nadie nos ha consultado nuestra opinión”, sino también porque “somos un pueblo donde vivimos cuatro viejos, qué vida le vamos a dar”. También existe preocupación por la aparición de actividad delictiva y de problemas dentro de una localidad que, hasta el día de hoy, han vivido como una gran familia.