Esa bestia asquerosa, alias “el chicle”, asesino de la joven Diana Quer, por fin ha sido condenado. Y lo ha sido a la pena que por justo merecimiento corresponde a su crimen, que fue agredir sexualmente a una joven Diana Quer para después matarla del modo más inhumano y degradante escondiendo su cadáver. La pena impuesta ha sido de prisión permanente revisable, contemplada para casos como éste y otros de especial gravedad tras la reforma del código penal de 2015.

El luchador, el valiente, el siempre coherente y templado Juan Carlos Quer, padre de Diana, defensor de la prisión permanente revisable,  ha revelado a lo largo de todo este tiempo del apresamiento, enjuiciamiento y condena al “chicle” una reflexión excepcional que de manera indisimulada siempre ha mantenido delante de los medios de comunicación: “las mujeres no necesitan ideología, ni leyes políticas; para ser protegidas son necesarias medidas penales y sobre todo, que el criminal que lo haga no puede reincidir”. Es puro sentido común a favor de la necesidad social de la medida más dura de nuestro código penal: la prisión permanente revisable.

Y justamente esto es lo que desprecia la patulea izquierdista española, que encabezada por el PSOE e IU recurrieron en inconstitucionalidad la prisión permanente revisable tras su aprobación.

Juan Carlos Quer no ha recibido en todo este tiempo el afecto, el apoyo ni la comprensión de los que odian a la Justicia y desprecian la vida. Uno de ellos, Pablo Iglesias, se refirió a la prisión permanente revisable como “inhumana”, y en un acto de sorna contra las familias de las víctimas llegó a relacionar la aplicación de esa pena con el aumento de crímenes sanguinarios a mujeres considerándola “un fracaso”.

El Tribunal Constitucional lleva cuatro años de espera para decidir sobre el recurso de inconstitucionalidad interpuesto por la izquierda contra la medida penal que ha hecho que Juan Carlos Quer y las familias destrozadas por los criminales vean una luz de esperanza y justicia. Para nuestro “pausado” Tribunal Constitucional “hay otros asuntos que tratar en el corto plazo”. En román paladino: a saber qué presiones y qué estímulos recibirán los magistrados para tener en el cajón el debate sobre un tema tan importante y trascendente.

A servidor no le agrada eso de “revisable”.  A mí, personalmente, me gustaría la cadena perpetua de verdad, sin posibilidad de una liberación del criminal y con el penado sujeto a trabajos carcelarios en favor de la comunidad (limpieza de carreteras, por ejemplo).  Creo que Podemos no compartirá conmigo este criterio.

El Tribunal Constitucional, pese a no resolver el recurso de la izquierda,  ha llegado a reconocer que la prisión permanente revisable está avalada por el Convenio Europeo de Derechos humanos, que no prohibe la imposición de esa pena «en respuesta a delitos especialmente graves». Dicha condena debe ser reducible durante su cumplimiento conforme a criterios previsibles establecidos en una previsión legal o la jurisprudencia que la interpreta; lo que significa que el penado no solo ha de tener una perspectiva de liberación y conocer cuál debe ser su conducta para satisfacer las exigencias que la justificarían, sino que ha de contar con una posibilidad de recurso para exigirla.

La Fiscalía General del Estado también se ha pronunciado al respecto. El Consejo Fiscal señaló que la prisión permanente revisable  «es compatible con el principio constitucional de resocialización de los condenados», ya que el condenado «mantiene una oportunidad concreta y realizable de recuperar la libertad».

La izquierda se opone a la prisión permanente revisable por obsesión ideológica, por pura filosofía política gregaria de progresía bananera.  No creen en la Justicia y la ley penal, únicos baluartes que pueden defender a los más vulnerables respecto a los criminales y agresores.

Las izquierdas defienden leyes puramente ideológicas y políticas que nos criminalizan a todos los hombres por el hecho de serlo, que discriminan jurídicamente al 50 por cien de la población. Subordinan su acción política al interés por enfrentar a los sexos y destrozar a la sociedad en base a prejuicios y obcecaciones irracionales y estúpidas.

Son los falsos defensores de la mujer basados en un negocio de pingües beneficios - feminismo e ideología de género -, los que dicen que no hay que legislar 'en caliente'. Pero las personas con sentido común, la España disidente y contestona contra el buenismo progre sabemos que el asesino no debe volver a pisar la calle.

Si en vez de bajar las penas a los delitos de violación como hizo el PSOE en los años 90 o en vez de crear una ley sectaria como la de violencia de género de 2004, se hubieran implantado leyes puramente penales más represivas y justas, Diana Quer hoy viviría probablemente.

Cualquier joven hombre o mujer, niño o niña, anciano o anciana, puede sufrir un crimen horrendo que no podemos abonar a la esquizofrenia buenista hipócrita que antepone la reinserción social de los criminales a la prevención de nuevos delitos y a la protección de la vida de la gente honrada. Sí a la prisión permanente revisable.