El pasado martes se cumplieron 6 décadas desde que se instaló el primer toro de las Bodegas Osborne en una carretera de España. Éste se ubicó en el kilómetro 55 de la vía que unía Madrid con Burgos, en el término municipal de Cabanillas de la Sierra.

El año anterior, es decir, en 1956 el Grupo Osborne había encargado a la agencia de publicidad “Azor” el diseño de una figura que sirviera para promocionar sus brandys y finos. El Director de dicha agencia, Manuel Prieto, ideó entonces el símbolo inspirado en el toro de lidia.

Los primeros que se colocaron medían unos 4 metros, estaban hechos en madera y publicitaban el Brandy de Jerez “Veterano”. Posteriormente, se agrandan sus dimensiones, alcanzando en 1962 los 14 metros de altura. Además, se cambia el material de fabricación, pasando a realizarse en metal.

La Ley General de Carreteras de 1988 obligó a retirar todo tipo de publicidad de las mismas, en consecuencia Osborne esquivó la normativa suprimiendo los textos que contenían los toros, dejando así la silueta en color negro liso que actualmente se conoce. En 1994 se dio otro paso más con el Reglamento General de Carreteras que abogaba por la retirada de los toros. En cambio, en ese mismo año el toro de Osborne fue declarado por el Congreso de los Diputados “patrimonio cultural y artístico de los pueblos de España”. El respaldo legal definitivo tuvo lugar en 1997 con la sentencia emitida por el Tribunal Supremo, que los catalogaba como “bien de interés estético o cultural”.

Tras llegar en épocas pasadas a los 500 ejemplares, actualmente esta cifra se sitúa en 90 toros, que se alzan poderosos a lo largo de todo el territorio español. La mayor concentración de ellos está en las provincias de Sevilla y Cádiz, siendo la Comunidad Autónoma Andaluza la que cuenta con un mayor número de vallas.

Siendo uno de los referentes nacionales que sigue acompañando en los viajes a los españoles y convirtiéndose en una herencia inmaterial de padres a hijos.