Ser un pueblo con historia, tener menos de 20.000 habitantes y estar ubicado en el área rural de la Comunidad de Madrid son los requisitos para que un municipio sea incorporado a la lista de Villas de Madrid. En la lista, por ahora, se encuentran Buitrago de Lozoya, Rascafría, Nuevo Baztán, Colmenar de Oreja, Chinchón y Navalcarnero, pero dentro de poco se incorporará Patones de Arriba y se espera que otras cinco o seis localidades todavía por determinar. La Comunidad ha encargado un estudio al grupo de investigación «Turismo, Patrimonio y Desarrollo» de la Universidad Complutense para determinar qué pueblos pueden tener el título honorífico de «Villa de Madrid». Patones es, de momento, el único que ya se sabe que lo obtendrá.

El objetivo de ampliar el listado de Villas de Madrid, asegura el director general de Turismo de la Comunidad, Carlos Chaguaceda, es «promocionar los recursos de municipios turísticos que no son tan conocidos pero que cuentan con atractivos patrimoniales suficientes para atraer a un mayor número de visitantes». Un anuncio que en Patones se ha recibido con júbilo. Óscar Sanz, el alcalde de la localidad explica que les «gustaría organizar algo especial para celebrar la entrada en la lista de Villas de Madrid, porque no es algo que pasa todos los días». El pueblo, situado a 70 kilómetros de la capital, es pequeño y muy acogedor, ideal para pasear por sus calles y comer en sus muchos restaurantes. Enclavado en una pequeña montaña, es Bien de Interés Cultural desde el año 1999. Antonio Contreras, vecino de Patones y autor de dos libros sobre la historia del municipio, explica que «es un pueblo precioso, el ejemplo más típico y mejor conservado de la denominada arquitectura negra, llamada así por el empleo de pizarra. Es un lugar muy famoso porque está muy cerca de Madrid y es muy exótico», además, continúa Contreras, «apenas ha sufrido modificaciones en su fisonomía, ya que todas las casas se han remodelado de acuerdo con nuestra tradición arquitectónica».

Es por esto que, a pesar de no tener ningún monumento de primer orden, semana tras semana sus calles se llenan de visitantes. Algo que no siempre fue así. Como tantos otros, Patones de Arriba era un pueblo dedicado a la agricultura y a la ganadería. Sin embargo, su ubicación en lo alto de una loma hacía de él un lugar muy inhóspito: no había siquiera una carretera que comunicase el llano con la montaña en la que están las casas, por lo que la gente acabo marchándose a la ciudad o a otros pueblos más accesibles. Así, de los casi mil habitantes que llegó a tener, en los años 60 quedó completamente despoblado. Sin embargo, solo una década después, en los años 70, algunos «hippies» deseosos de estar en contacto con la naturaleza se instalaron en las desocupadas casas del pueblo. El boca a boca hizo de Patones un destino popular y poco a poco los turistas comenzaron a acudir. Así, nació el primer restaurante del municipio «El rey de Patones», al que siguieron muchos otros, así como múltiples bares y hoteles rurales.

 
 

Cuenta la leyenda, que en 1808, en plena invasión napoleónica, Patones de Arriba fue el único pueblo que las tropas francesas no lograron conquistar. El mérito no estuvo en la resistencia de sus habitantes sino en su escondida ubicación que, al parecer, pasó desapercibida para las tropas francesas.

PARA NO PERDERSE

Patones de Arriba

Dónde comer: «El Rey de Patones», «El Poleo» y «El lavadero de Patones».

Dónde dormir: «El refugio», «La leyenda de Patones» o «El tiempo perdido».

Qué ver: La arquitectura negra, la iglesia de San José y el Pontón de la Oliva.

FUENTE: http://www.larazon.es/local/madrid/patones-septima-mara-villa-HN15094650