LOS COMBATES EN EL ALTO DEL LEÓN

         El paso de la Sierra, por su extremo occidental, requiere superar el conocido popularmente como Puerto de Guadarrama, cuyo punto más alto, a 1.511 m sobre el nivel del mar, se conoce como Alto del León. Está flanqueado por dos cumbres de alto valor estratégico en caso de conflicto: Cabeza Líjar (1.824 m) y La Peñota (1.945 m). En el verano de 1.936, nada más estallar el conflicto, el Gobierno de Madrid envió de inmediato tropas al Alto del León para evitar que cayese en poder de los sublevados, tal como también se había hecho en el otro paso importante del Sistema Central: El Puerto de Somosierra. Por parte de los sublevados, con muchos menos efectivos en la zona centro, no era posible atender con garantías la toma del Alto del León y zonas adyacentes. Sin embargo, la pronta adhesión de Ávila y Valladolid al Alzamiento, favorecida por el mayoritario ambiente derechista en Castilla la Vieja, permitió formar una columna mixta, de efectivos militares y falangistas (en su mayoría de Valladolid) que acudiese a este punto tan estratégico y tomar posesión del mismo. Sin embargo, no consiguieron adelantarse a las milicias enviadas por Madrid y cuando llegaron a las estribaciones de la vertiente Norte, ya no era posible conquistar la posición sin lucha. Mientras todo esto ocurría, una columna sublevada que huía de Madrid, donde el fracaso del Alzamiento era patente, atraviesa el puerto de Navacerrada y aparece oportunamente en La Granja, donde existía un foco frentepopulista dirigido por los funcionarios del Real Sitio, que es rápidamente sofocado. Esta columna, compuesta por el Regimiento de Transmisiones de El Pardo, se pone a disposición de la VII División Orgánica, con sede en Valladolid, donde existen fuerzas de relativa importancia. En otras capitales, como Ávila, la guarnición apenes supera el centenar de efectivos.

 

         La Falange de Valladolid, muy activa desde su creación, disponía de varias centurias, muy motivadas y dispuestas al combate desde el minuto cero del Alzamiento, a las que se unieron otras más, provenientes de varias ciudades castellanas, como Zamora, Salamanca, Segovia y Ávila (en Burgos, Logroño y Pamplona, como hemos visto, la Falange se movilizó, lógicamente, hacia Somosierra). Así, mientras las guarniciones militares se aprestaban a la lucha, pues necesitaban algo de tiempo para saber “quién era quién” y organizarse, podían contar con varios centenares de voluntarios falangistas, cuyo valor combativo pronto iba a quedar patente, a pesar de las reticencias de algunos mandos militares.

 

         Lo mismo ocurría en Madrid con los afectos al Gobierno. Partidas de milicianos, procedentes en su mayoría de los comités de partidos y sindicatos, principalmente de la UGT, salieron rápidamente para el puerto, acompañados de algunas compañías de militares y guardias de asalto. Esta variopinta expedición se apoderó enseguida del pueblo y el puerto de Guadarrama, así como de las cotas de Cabeza Líjar y La Peñota. Disponían de abundantes medios, artillería de campaña y aviación. Destacan algunas compañías de ferrocarriles, al mando del coronel Castillo (que ocupó el puerto el mismo día 21) y otras de ametralladoras pesadas, que no pudieron evitar que el escurridizo Regimiento de Transmisiones de El Pardo se les colase por el puerto de Navacerrada.

 

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Alto de El León durante los combates de la Guerra Civil

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Alto de El León en la actualidad. Todavía son visibles las cicatrices causadas por las balas y la metralla. Ahora, sólo disparan los radares de tráfico.

 

         En este ambiente de confusión, se pasa al bando rebelde parte de un grupo de autoametralladoras (camiones blindados y armados) en un audaz golpe de mano. Hay combates en tierra de nadie, pues los frentes no están definidos y cualquier lugar es proclive a emboscadas y combates entre ambas facciones. En una de estas escaramuzas cae, en el pueblo de Labajos, el carismático líder falangista Onésimo Redondo. Otro líder falangista, Girón de Velasco, uno de los más audaces, cae prisionero en manos de los rojos cuando son sorprendidos camino de Guadarrama, pero consiguen salvar la vida al día siguiente, sorprendiendo a sus guardianes, a quienes capturan, y se incorporan rápidamente a la lucha en el puerto.

 

         Los combates son feroces, Palmo a palmo, los rebeldes van escalando posiciones por la vertiente segoviana del puerto. Hay muchas bajas y actos de heroísmo. El propio Girón consigue una de las 43 medallas militares individuales otorgadas en los primeros quince días de lucha en el Alto del León. Teniendo en cuenta la cicatería que caracterizaba al mando en zona rebelde a la hora de conceder ascensos y condecoraciones por méritos, abrir la mano para Medalla Militar Individual, casi la máxima condecoración habida en España (después de la Laureada de San Fernando)nos da una idea de la dureza de la lucha. Cae herido el propio coronel Serrador, a quien sustituye el general ponte. La toma del alto no significa el fin de los combates. Nuevos refuerzos enviados por el Gobierno de la República, animan al mando leal al Gobierno, representado por el teniente coronel Morriones, a intentar sucesivos asaltos que fracasan ante la tenaz defensa de los nacionales, que ya dominan Cabeza Líjar y La Peñota. Suben por el puerto tanques llegados desde Madrid. Son los viejos Renault FT-17, supervivientes de las campañas africanas. Los que no terminan averiados por el esfuerzo en las pronunciadas rampas, se consumirán en llamas poco más tarde, víctimas de inesperados ataques de la infantería nacional, casi suicidas, provistos de latas de gasolina. Los dos últimos, a punto de coronar el puerto, son reventados por el fuego cruzado de dos cañones ligeros antitanque. Una escuadrilla de aviones CASA Breguet XIX, salidos de Getafe, no consigue desalojar a los defensores, que encuentran oportuno abrigo en la orografía rocosa del entorno.

 

         Con el frente todavía poco definido, una columna enviada desde Madrid al mando de Mangada, da un rodeo más allá de El Escorial y se presenta en Villacastín, que consiguen dominar por algún tiempo, con la intención de copar a los defensores del Alto del León por la retaguardia, pero son puestos en fuga cuando llegan más efectivos desde Valladolid.

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Carro Renault FT-17 como los empleados por el bando republicano en los combates de Guadarrama, conservado en el Museo de la División Acorazada en El Goloso (Madrid).

 

         Entrado el mes de Agosto, el frente de Guadarrama queda definido, con pocas variantes a lo largo de guerra, donde los nacionales llegan incluso a ocupar el pueblo, que se convierte en tierra de nadie, batido por el fuego de ambos bandos. Posteriormente, en la postguerra, sería reconstruido por la Dirección General de Regiones Devastadas, al igual que otros muchos pueblos de la Sierra de Madrid que tuvieron la poca fortuna de caer en la línea del frente.

 

         Otros pasos de menor importancia, como los puertos de Malagosto, Navacerrada, La Fuenfría y El Reventón, quedarían inoperativos al tener los nacionales los dos principales en su poder (Guadarrama y Somosierra)que guardaban eficazmente los flancos de la Sierra de Madrid, anulando cualquier intentona del enemigo. El puerto de Navafría sería tomado a los republicanos el 16 de Septiembre por el comandante Rada. Igual destino tendrían los puertos de El Reventón y Malagosto, muy avanzada la guerra, en 1938.

 

         Por el lado republicano, la zona quedaría al mando del teniente coronel Morriones, mientras que en las líneas nacionales, dominando las alturas, sería el coronel Serrador, ya repuesto de sus heridas, el protagonista indiscutible. Llegó a general y a ostentar el mando de la Agrupación de Divisiones de Guadarrama-Somosierra, es decir: De todo el Sistema Central.

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Puesto de control republicano en Collado Villalba, casi en la línea del frente. Esta localidad sigue siendo célebre por los controles.

 

         El Alto del León cambiaría su nombre al final de la guerra por Alto de los Leones de Castilla, en homenaje a sus valientes defensores. Sin embargo, en 1999, volvería a llamarse Alto del León, resultado del revanchismo de unos y de la vergonzosa cobardía institucional de otros. Sin valorar partidismos que no vienen al caso, desde el juicio riguroso de la Historia, la negación del mérito a los actos heroicos y de valor de compatriotas, sean del bando que sean, es síntoma de sociedades enfermas, de escasa catadura moral y poca inteligencia, pues no por suprimir nombres o monumentos se cambia la Historia. Tal fracaso en desafiar las leyes físicas del tiempo (como si eso fuera posible) se traduce en actos de ofensa e implacable censura, que tarde o temprano revertirán en perjuicio de quienes los alientan, parapetados hoy en la soberbia y la incultura que impulsaron la Ley de Memoria Histórica. Para quienes hemos estudiado Historia, sabemos que tarde o temprano ocurre. En este capítulo, el homenaje, al que no renuncio, es a unos héroes de un bando, prescindiendo de todo ropaje político porque no es necesario. En capítulos sucesivos, también cobrarán protagonismo otros héroes dignos de memoria y orgullo en cualquier español de bien, como los valientes defensores republicanos del Cerro del Alemán o la dinamitera de Buitrago, a quien el poeta Miguel Hernández dedicó un encendido poema.