El 10 de junio de 1952 el desaparecido diario “Arriba” publicó una crónica firmada por el prestigioso periodista, catedrático y también cronista de Madrid, D. Enrique de Aguinaga, sobre la romería a la ermita de N.ª S.ª de la Piedad, en el que expresa una antigua y renovada tradición y una de las aspiraciones de la comarca.

 

En el primer domingo después de Pentecostés, fiesta de la Santísima Trinidad, ha llegado este año con el calendario muy adelantado. Por este tiempo y cuando el sol se porta como se está portando, dos semanas empujan la cosecha de los campos como no se pueden imaginar muchos de los que el domingo se quedaron pegados a la radio oyendo la transmisión del España–Turquía. Por eso este año la romería a la ermita de Nuestra Señora de la Piedad, término municipal de Torrelaguna, provincia de Madrid, atravesó en piadosa caminata trigos hermosamente levantados. Todos los años, en la fiesta de la Santísima Trinidad, van los romeros hasta las ruinas de la vieja ermita llevando las imágenes de San Isidro Labrador y Santa María de la Cabeza por las veredas que tantas veces pisaron Isidro y María, labrantines en la alquería de Caraquiz, para rezar ante la imagen de Nuestra Señora de la Piedad, que según la tradición, fue la primera imagen de la Virgen llegada las tierras de España. La milenaria ermita, que recibió entre otras notables protecciones, la de Cardenal Cisneros, fue destruida por un incendio hace veinticinco años, pero la piedad de los de Torrelaguna por San Isidro, que aquellas tierras labro durante los quince años de su éxodo madrileño y que en la parroquia de la villa caso con la Santa labradora, se mantiene fiel. Ahora andan los modernos tractores por los campos que araba San Isidro hace diez siglos al pie de la sierra, en la vanguardia septentrional de lo olivos españoles, y la gracia antigua de la romería se revive en las canciones y las danzas populares de la Sección Femenina, viajera de España y América, ha llevado también hasta aquellas tierras tan madrileñas y tan próximas a Madrid, y, sin embargo, casi exclusivamente conocidas por los madrileños amantes de la provincia o de la pesca de las truchas.

 

Poco más abajo de la junta del Lozoya y el Jarama, en la hermosa vega de Torrelaguna, la romería establece su campamento a la sombra del bosque jarameño, entre la alquería de Caraquiz y la ermita de Nuestra Señora de la Piedad, cerca del sitio en que Santa María de la Cabeza atravesaba el río milagrosamente embarcada en su mantilla. Los romeros de ahora patroneados por el Alcalde de la vieja Tordelaguna D. Manuel Sanz Huerta, ruegan a Dios y procuran dar con el mazo, oran y labran. Porque esta familiar congregación anual tiene un doble sentido, un doble proyecto. Por una parte reedificar la antiquísima ermita de Nuestra Señora de la Piedad, donde la piedad de San Isidro Labrador y Santa María de la Cabeza araban los campos del cielo, y convertirla en santuario nacional campesino. Por otra parte desenterrar el canal de Cabarrús que viene desde el Pontón de la Oliva, desde las primitivas instalaciones del Canal de Isabel II, y convertir en regadío cuatro mil quinientas hectáreas. La obra es extraordinariamente fácil. Consiste solamente en aprovechar lo que ahora desaprovecha la moderna técnica del suministro de aguan a Madrid: desenterrar el viejo canal y dejar que las aguas y la laboriosidad de los campesinos torrelagunenses hagan todo lo demás; es decir, multiplicar la riqueza de aquellos campos de caliza geología para que den, por añadidura de las hermosas piedras de color de rosa, el verde oscuro de las cosechas regadas.

 

Cantaban mozas y mozos en la misa campesina el himno de la Eucaristía frente a las tierras de pan llevar. ‹‹Cielos y tierras, bendecid al Señor.›› Bendecían al Señor estas gentes de la piedad de San Isidro, estas gentes que quieren la mayor fertilidad para sus tierras para que asimismo los campos sean, por el trabajo de los hombres y la bendición de Dios.

 

Fuentes: Hemeroteca de la B.N.E. Torrelaguna y sus Ferias y Fiestas 1952, fotos Archivo Regional C.M. Santos Yubero.

José Pérez Muñoz