Dicen que en qué se entretiene un cura de pueblo. Pues, por ejemplo, en leerse los libros sacramentales, especialmente los de difuntos.

Los libros de difuntos aportan una extraordinaria visión del pasado de un pueblo.En cada asiento encontraremos nombre y apellidos del difunto, fecha del óbito, cónyuge, hijos, causas de la defunción. Aparecen datos muy interesantes sobre enfermedades, causas de la muerte, parentescos, u otras curiosidades. Hay partidas que producen una especial ternura.

Ayer, en el libro 7 de defunciones de Braojos me encontré ocho partidas especialmente llamativas. Corresponden a combatientes fallecidos el 22 de septiembre de 1936 durante la conocida como “batalla de Gascones”. Por la curiosidad, y por si algún familiar hoy necesariamente lejano, reconociese en  ellas algún pariente. Indico nombre y lugar de nacimiento:

 

Anastasio Cordero Franco, de Cilleros (Cáceres)

Fidel Román Gutiérrez, de Torrepadre (Burgos

Teófilo Gómez Adrián, de Quintanilla Somuño (Burgos)

Silvino González Marín, de Burgos

Enrique Gómez González, de Briviesca (Burgos)

Manuel Martínez Maurino, de Nesperina, Pazos de Borben, Pontevedra

Laurentino Martínez Blanco, de Blanco de Altobus, Pozuelo de Pau, León

 

Pero la partida que más me ha impresionado es una más que copio literalmente:

“En la villa de Braojos, provincia de Madrid, el día dieciséis de diciembre de mil novecientos treinta y seis, el capellán del Tercio Riojano de Valvanera, segunda compañía, D. Eliseo Pipaón, mandó dar sepultura eclesiástica al cadáver de un afiliado a Falange Española, encontrado por los requetés de la cuarta compañía del Requeté Alavés en un rastrojo junto al banquerillo de Gascones. Llevaba camisa de falangista con las flechas y un pequeño devocionario de Ntra. Sra. de Loreto en el que se leía escrito con letra de mujer el nombre de Anita Bernal. Al parecer murió el día veintidós de septiembre de mil novecientos treinta y seis en el combate de Gascones. El mosquetón que se encontró junto al cadáver tenía el nº …”

Cuántas preguntas. Por ejemplo, quién sería Anita Bernal, si novia, madre, hermana, esposa o una simple amiga o conocida que le quiso obsequiar con el devocionario. Por ejemplo, de dónde sería, qué pensaría su familia. Tal vez recibieron alguna carta desde el frente de Somosierra hasta que un día dejaron de tener noticias. Un desaparecido más de nuestra guerra civil del que sabemos reposa en algún lugar del cementerio de Braojos.

En esta época de memoria histórica, tal vez este sencillo post sirva para que alguna persona en Leon, Pontevedra, Burgos o Cáceres recuerde dónde está sepultado aquel pariente lejano del que alguna vez oyó hablar a la abuela. O para que alguien hile aún más fino y, a través de ese misterioso devocionario, averigüe la identidad de ese afiliado de falange que murió en la sierra de Madrid en septiembre de 1936. Hoy he celebrado la misa por los ocho, especialmente por ese desconocido al que unos requetés rescataron de un rastrojo y llevaron al páter para que recibiese cristiana sepultura. Descansen en paz.