Regresamos a Buitrago del Lozoya y proseguimos con la visita de los distintos componentes que conforman su formidable recinto amurallado, el más importante de todos los que se mantienen en pie en la Comunidad de Madrid.

En concreto, nos detenemos en la coracha, que, por su excelente estado de conservación, se encuentra entre las de mayor interés histórico-artístico de Europa.

Fue realizada en un periodo indeterminado comprendido entre los siglos XI y XIII, junto con el resto de la muralla. Ésta surgió durante el proceso de repoblación emprendido por la Corona de Castilla, tras la reconquista del centro peninsular. Pese a su origen cristiano, se utilizaron pautas arquitectónicas andalusíes.


Lado septentrional de la coracha de Buitrago.

Una coracha es un elemento defensivo destinado a proteger un enclave situado extramuros, básicamente una fuente de agua, tales como un río, un manantial o un pozo.

Consiste en un muro con adarve, que, a modo de apéndice, comunica el lienzo principal de la muralla con el lugar donde se suministra el agua. En esta parte solía levantarse una "torre del agua", encargada de reforzar aún más el punto de abastecimiento, que, por lo general, quedaba integrado dentro de la estructura.

La célebre Torre del Oro, de Sevilla, ofrece un magnífico ejemplo de esta composición arquitectónica. Fue en su origen una torre albarrana, unida a la muralla hispalense mediante una coracha, desaparecida con la expansión de la ciudad.


Vista meridional de la coracha, con el adarve en la parte superior.

La coracha de Buitrago se levanta al este del recinto amurallado, junto a uno de los vértices del viejo castillo medieval, uniendo el caserío con el río Lozoya, hacia el que se inclina en suave pendiente.

La construcción en 1939 del Embalse de Puentes Viejas anegó el desfiladero que rodea el casco histórico de la villa y, con ello, quedó sumergido parcialmente el extremo oriental de la coracha, el que entra en contacto con las aguas.

También quedó dentro del pantano el Puente de la Coracha, que permitía llegar hasta la Casa del Bosque. Se trata de una villa de recreo edificada por la Casa de los Mendoza a finales del siglo XVI, completamente en ruinas, una de las joyas renacentistas más desconocidas de la región madrileña.

Los restos de este puente pueden verse cuando el embalse baja de nivel. Entre las aguas asoma una enorme mole de piedra, perfectamente alineada con la coracha, que servía de pilar a un tablero de madera.


El Puente de la Coracha a principios del siglo XX.

FUENTE: http://pasionpormadrid.blogspot.com.es/