Al este de la Sierra Pobre, en la cuenca del Jarama se encuentra otra de las pequeñas localidades que conforman esta amplia comarca de la Comunidad de Madrid. El que no llegue a los 300 habitantes, según el último censo, no le quita importancia ni esplendor a su encanto natural. Como en todas las poblaciones que se fueron asentando en esta zona a lo largo de la Edad Media, los vestigios anteriores son escasos, aunque los hay. Aquí, por ejemplo, se han encontrado algunos indicios de migraciones del Paleolítico, de los romanos, de los visigodos…, pero, tal y como relata la compilación de las Relaciones de Lorenzana de 1787, “No se ha podido saber quién la fundó ni de dónde le viene la denominación. Sólo que antes del año 1575 fue lugar de la dignidad arzobispal de Toledo”. Pero sobre el porqué del nombre de la aldea, existen dos leyendas o historias, o si bien se quiere, anécdotas. La primera alude a la existencia de un grupo de cabañas construidas por pastores segovianos junto a un arroyo, conocido posteriormente como de Santa Lucía en honor a la patrona de la localidad, en unas tierras que tenía una “dueña”, y que cuando se preguntaba por el sitio se hablaba de “junto al río de la dueña”, de tal forma que de ahí a Redueña apenas hay un paso. Por otra parte, y se suele considerar como más veraz, se trataría de unas tierras, evidentemente de una señora, de una dueña, que litigó contra los primeros habitantes de esas cabañas que querían forman allí un asentamiento permanente, considerando que no tenían permiso y que debían pagar además un estipendio por ocupar ese lugar y usar el agua del río y los pastos y campos agrícolas. Se desconoce cuándo se llevó a cabo el litigio, no hay fecha exacta, quizás podría ser a mediados del siglo XV o principios del XVI, pero lo cierto es que la razón se le dio a la mujer, quien, se dice que exclamó al conocer la sentencia:”¡Si antes era dueña, ahora soy redueña¡”. Moviéndonos en este terreno de Curiosidades y Anécdotas de las poblaciones que ocupan la amplia comarca madrileña que podemos denominar genéricamente como Sierra Norte, hay que añadir también alguna propia del buen quehacer de los vecinos de Redueña, de los “cigüeños”, como se les conoce. De las canteras existentes en la localidad salió gran parte de la piedra con la que se construyeron varias fuentes de Madrid, en especial la Fuente de la Cibeles, que diseñada por el arquitecto Ventura Rodríguez, fue realizada por Francisco Gutiérrez, la figura y el carro, y por Roberto Michel, los leones. Para la diosa y los leones se utilizó mármol cárdeno traído de la toledana población de Montesclaros, pare el resto en piedra, las canteras de Redueña hicieron de proveedores. Se apunta que se emplearon para ello 10.000 kilos de piedra. Y aunque en un principio este monumento iba a entroncarse con otros fuentes en los Jardines de La Granja de San Ildefonso de Segovia, al final de colocó en la ampliación del Paseo de Prado, convirtiéndose en uno de los emblemas de la capital y en uno de las mayores aportaciones de Redueña, aunque muy poca gente lo sepa. Y para que quede constancia, también las canteras de Redueña dieron su sangre para que se construyese la Fuente de Apolo  o de las de las Cuatro Estaciones, situada también en el Paseo del Prado. ¡Por cierto¡ que para la explicación del asunto del gentilicio de “cigüeños” para los habitantes de Redueña, les aconsejo que entren en la página web del Ayuntamiento y vean un delicioso vídeo donde se explica como las cigüeñas abandonaron la población y como se espera su regreso.