El sábado no era un sábado más en El Pinarejo.

Nada más llegar y ver que la explanada de la entrada estaba llena de coches se confirmaba.

La zona de los banquillos estaba teñida de naranja por las camisetas espartanas de familiares y aficionados. Y presidiendo el lateral una pancarta…

Antes del pitido inicial Hugo, el capitán naranja, cedía el brazalete a Sara.

El larguero primero y el portero después nos privaron de celebrar un gol suyo, pero eso era lo de menos.

Y faltando unos minutos para el final, el entrenador la retiraba del campo, mientras el público la ovacionaba y sus compañeros le hacían un pasillo.

Era como en El Club de los Poetas Muertos, todos los asistentes despedían con respeto, gratitud, cariño, alegría y un toque de tristeza a nuestra espartana.

El sábado nuestra Sara se llevó el Oh capitán, mi capitán de El Pinarejo y de toda nuestra pequeña gran familia.

Te echaremos de menos, que lo sepas y te deseamos toda la suerte del mundo mundial en tu nueva etapa.

Autor: Javier Calero.