El oficio de carbonero es, de entre los relacionados con el monte y la madera, uno de los más extendidos por la península Ibérica.

 

Los distintos pueblos han usado la madera que la naturaleza les proporcionaba, en sus respectivas zonas, para elaborar carbón vegetal. La carbonera se prendía por arriba metiendo ramas finas y un tomillo, una vez se encendía se abrían unos botones (agujeros) para que saliera el humo por arriba, y a medida que el fuego iba bajando se iban abriendo más abajo.

 

A medida que la leña se iba quemando había que ir atacando la carbonera (metiendo más leña y volviendo a cerrar). En la parte de debajo de la carbonera se abrían las bufardas, para que con los botones hiciera corriente de aire y no se apagara, estas se iban abriendo y cerrando para que toda la leña se prendiera, una vez que la carbonera estaba toda encendida se cerraban los botones y las bufardas, así la leña se iba quemando poco a poco.

 

El trabajo en la carbonera se desarrollaba durante todo el invierno, se tenía más de una carbonera por lo tanto se pasaba mucho tiempo en el monte, por ello se construía un chozo, que se hacía con cuatro palos como armazón y se cubría por fuera con ramas, hojarasca y céspedes en la parte de abajo, arriba tenía un agujero para que saliera el humo, puesto que dentro se hacía lumbre para preparar el puchero de judías, cocido… y además había dos camastros hechos con sacas rellenas de paja. En el chozo no faltaba el botijo y la bota y la jornada comenzaba con un almuerzo de patatas secas con tocino.

 

Las horneras de Prádena estaban en la Dehesa de Arriba, en el Prado de la Iglesia, en el Prado del Rollo, la Dehesilla, en el Camino los Carros, en Lomo del Peral….había varias en el término, aún hoy se puede apreciar en el suelo los restos de este duro y arduo oficio que durante años fue el sustento de muchas familias en la Sierra de Madrid.

 

La cuadrilla que llevaba las carboneras de la sierra de Prádena era la familia Hernán Palomino, el padre y tres de sus hijos, Don Pablo y sus hijos Faustino, Luis y José. José era de los tres el más pequeño y el que nos cuenta e ilustra estas vivencias que fueron sus tareas durante su adolescencia.

 

Relacionado con el oficio de los carboneros en la zona se cantaba un cantar que las alumnas recuperan de su memoria, cuando comenzamos a hablar de los carboneros, dice así:

 

El carbonero por las esquinas va pregonando carbón de encina.

Carbón de encina, cisco de roble, la confianza no está en los hombres.

No está en los hombres, ni en las mujeres; está en el tronco de los laureles.

No está en el tronco, ni está en las ramas;

Está en la gracia, de una serrana.

Esa serrana me da la vida me da la vida y el corazón el corazón,

que esa serrana me lo robó.

José Hernán Palomino y sus "compañeros de clase" para la revista El Zarzo Norte del CEPA de Buitrago