Con el fin de dignificar la figura del cortador, y potenciar así su arte como una profesión más al uso, ha tenido lugar en el singular showroom Cosentino City Madrid,  la presentación en sociedad de la Academia española de cortadores de jamón AECJ

Una nueva iniciativa que nace para quedarse con un carácter, netamente, formativo, de cara a los profesionales de la hostelería y curiosos amateurs que quieren aprender, sacar el mejor provecho, y dar el mejor servicio como embajadores de nuestro producto estrella patrio.

Pasión, profesionalidad, excelencia, técnica e inspiración son algunos de los pilares donde se asienta esta escuela, al frente de la cual se sitúa Rafael Madrid,  todo un emblema, como formador de formadores,  que junto a los hermanos  SánchezCambre, Abraham, cuchillo de oro al corte, y Daniel, cosechero de notables premios también, vinculados a la gestión hostelera,  tratan de enseñar ahora los conocimientos, secretos, aprendidos en su trayectoria.

Un saber hacer para no solo aprender a cortar la pieza y no morir en el intento, sino también para cómo aprovecharlo al máximo, en todas sus dimensiones, y más aún, presentar un buen plato artístico y quedar, estupendamente, en cualquier ocasión.

Nos mueve la pasión por la cultura del jamón y queremos contagiarles de ella”, reconoce el gerente de esta academia, que si bien opera de momento en Murcia, lugar de procedencia de estos cualificados profesionales, y Almería,  tierra que patrocino con sus desconocidos, pero excelentes vinos el acto, pronto estará en varias ciudades españolas, allá dónde sea requerida su presencia sí, porque este saber se desplaza en dos formatos de curso, profesional y aficionado, para guiar al alumno y así alcanzar su único objetivo: la excelencia.

 Y es que ya se sabe que como todo en la vida, saber hacer las cosas bien, es un arte que requiere estudio, preparación, y ahora,  gracias a estos maestros que estimulan la creatividad está al alcance de todos. Una decisión muy acertada que se retroalimenta de la inquietud de la gente por dar lo mejor de sí, sin cortarse.

Texto de César Serna