En el marco de un gran salón de vinos ya se sabe que uno puede encontrar de todo, como en botica.  Un amplio espectro… Lo regular, lo medianamente bueno y lo excelente. Y en esta parcela situamos las dos novedades de Ysios, de la mano de Pernod Ricard Bodegas. Todo un imperio.

 

Hablamos de vino con mayúscula. Con identidad expresiva. Dónde lo que prima es el trabajo artesano, la tradición pura, gracias al conocimiento  de Roberto Vicente, su director de orquesta, porque esto es un conjunto que suma, que sabe al unísono, y se pone a combinar y dirigir, con un enfoque muy personal, los agentes que determinaran el triunfo de esa labor en la copa.

Conexiones singulares que parten en primera instancia del terreno. Rioja Alavesa,  allí en Laguardia, y su corazón. Nada malo puede salir si se trabaja con esmero y dedicación desde él y con él.  50 hectáreas, dividas en microcultivos, (de 0.2 hasta 4) en las suaves estribaciones de la Sierra de Cantabria hasta orillas del Ebro.

Enclaves privilegiados con cepas de viñedos ancestros, superiores a los 40 años. Incluso resistentes a la taimada y dañina filoxera del XIX. Y que  les hace resistentes a la adversidad climática y  aportan al terruño, que después dará origen al vino, todas sus propiedades y matices. Por aquí confluyen muchos aspectos que dan nombre y apellidos a la historia de Rioja en el paladar.

Toda una filosofía que se traduce en estas dos nuevas apuestas.Ysios Los Prados 2015. Un caldo célebre, de cuna, crianza moderada que te habla del lugar. Seduce  con su variedad 100% tempranillo de suelo arcilloso calcáreo.  Poco profundo y de drenaje natural, a más de 600 metros de altitud.  Muy fresco, frutal en boca, de buena estructura, corpulento, y alta concentración que brinda la uva, con un largo sabor.

De gran carácter también es Ysios grano a grano 2016. Otro triunfo de la bella y arquitectónica bodega ondulante. Titulo derivado de su minuciosa y cuidada recolección, cosecha y despalillada.  Monovarietal tempranillo que respeta la pureza y obtiene el máximo sabor a pie de viñedo.

Sin duda una apuesta acertada para cualquier ocasión, en este gran universo, dónde al final prima el gusto por lo bien hecho.  En este caso, marcado por esa pequeña producción en las terrazas orientadas al sur.  Con el aterciopelo de los microclimas en función de la proximidad a la cumbre de más de 1.300 metros.

Una simbiosis casi perfecta. Basada en la mínima intervención productiva y el máximo respeto por lo que le rodea, y dónde un sinfín de factores se arman para extraer lo mejor de la zona y llegar hasta nosotros con una elegante y sutil presentación. Difícil dilema de elección. ¿Por qué no los dos? La respuesta, Rioja en estado puro, algo excepcional que muy pocos consiguen.

Texto: César Serna