Sentirse talentoso en algo es una de las experiencias más enriquecedoras y motivadoras que viven las personas. La capacidad de saber en qué se es bueno y la posibilidad de poder desarrollar ese potencial interior no es sólo placentera, si no, fundamental para un desarrollo personal pleno.

Hay talentos natos y talentos adquiridos. Los talentos natos son aquellos que se identifican como "naturales" o se adjudican a la genética de los individuos, aunque cabría preguntarse si esto es completamente cierto. Podemos llamarles natos en la medida en que las personas los reconocen, muchas veces desde muy pequeños, casi de inmediato y a que pueden realizarlos con mucha facilidad y sin tener que hacer un gran un esfuerzo.

Por esto, son actividades que por lo general despiertan su pasión y les resultan muy gratificantes. Por otro lado, los talentos adquiridos son los que los sujetos tienen que aprender, lo que sí implica un esfuerzo, tanto de aprendizaje como de entrenamiento. Estos talentos tienden a aprenderse ya sea porque también despiertan una pasión muy fuerte en las personas, aunque a estas se les dificulte su desempeño, o porque les son necesarios o útiles.

Sin embargo, existen quienes desconocen sus talentos o piensan que no son particularmente buenos en algo. Esta percepción seguramente es errónea. Estas personas  sólo requieren de una guía u orientación correcta para poder descubrir sus mejores capacidades. Existen centros que se especializan en poder dar este apoyo. Por ejemplo, en Reggio Academia lo ofrecen.

Esta institución, además de dar cursos de inglés, francés y chino, dar apoyo escolar y ofrecer cursos de inglés en el extranjero, dispone de una escuela de talento para ayudar a adultos y adolescentes a descubrir su potencial y su habilidades escondidas.

Es muy importante entender que poder solucionar este problema puede ser fundamental para muchas personas. Hay a quiénes el desconocimiento de sus talentos o capacidades les genera un malestar constante, lo que puede repercutir de forma significativa en su estado de ánimo y autoestima. Puede provocarles indiferencia respecto a sus actividades regulares, y un sentimiento de vacío.

Todo esto se ve también reflejado en la incapacidad de sentirse motivado en el día a día, y al no lograr apasionarse por nada, sus emociones se pueden terminar minando. Estas personas deben saber que todos contamos con algún tipo de talento, y que con el apoyo correcto, existe la posibilidad de descubrirlo. Esto representaría un impacto muy positivo para su bienestar emocional y la oportunidad de un cambio importante en sus vidas.

La atención de los padres es fundamental

La atención de los padres sobre las capacidades y talentos de sus hijos juega un papel muy importante. No sólo en la posibilidad de que estos puedan desarrollarlos si se les presta el apoyo debido, sino también en la oportunidad de descubrirlos. Aunque muchos niños identifican por sí solos las actividades que se les dan mejor, hay muchos que por inseguridades y prejuicios sociales quizá no logren caer en cuenta de sus talentos.

En este sentido, lo que resulta primordial es la educación, ya que de ella dependerá en gran medida qué tanto se va a poder desarrollar el potencial de un niño. Para esto, primero hay que educarse como padres. Educar la atención para poder observar bien a los hijos e identificar qué actividades les atraen o en qué materias son mejores. Esta información ayudará a entender el tipo de inteligencia de sus hijos y sabrán hacia donde poder dirigirla.

También hay "que educarse en deseducarse". "Deseducarse" en dejar de comparar. Es un error asignar a ciertos individuos un "mayor valor" por ser mejores en una actividad y excluir a otros por no contar con esa capacidad en concreto. También es un error pensar que el talento es siempre nato, y que si no se da con toda la facilidad y premura no se podrá dar en absoluto.

Hay que "deseducarse" en eliminar prejuicios de tipo social, como que si se es bueno en ciertas actividades, tales como las artes o humanidades, no se contará con un futuro estable y no fomentarlas por ello. Negar las posibilidades de explotar los talentos propios a un individuo es frustrarlo y dejarlo sin rumbo. Un talento bien canalizado siempre puede dar buenos frutos, a diferencia de las actividades impuestas, que sólo generan malestar.

Hay distintos tipos de inteligencia y diferentes dimensiones de desarrollo

Las ideas anteriores corresponden a supuestos culturales. En primer lugar, no todo viene dado por la herencia, hay muchas capacidades que se pueden desarrollar y dependen en gran medida de factores culturales. En segundo lugar,  existen distintos tipos de inteligencia y ninguno es mejor o peor que otro. Y en tercer lugar, aunque es común dejarlas de lado, las emociones son fundamentales para poder desarrollar un talento. 

Hay formas de tipificar la inteligencia. Por ejemplo, Howard Gardner, profesor de psicología de la Universidad de Harvard y de neurología en la Universidad de Boston, propone ocho tipos de inteligencia. La lingüística, la lógico-matemática, la viso-espacial, la musical, la corporal-cinestésica, la intrapersonal e interpersonal y la naturalista.

Los individuos tienden a manifestar sus tipos desde pequeños, pero retomando la importancia de la atención por parte de los padres,  para que la inteligencia pueda expresarse plenamente primero hay que identificar la inteligencia con mayor potencial y que esta sea valorada, y después de oportunidades para poder desarrollarlas. Además, no sólo depende de la cuestión cognitiva. Según Gardner el ser humano se desarrolla en más de una dimensión, y la dimensión emocional es una de las más importantes.

Hasta hace no mucho las emociones y la razón se apreciaban como excluyentes una de la otra. Hoy día se plantea que esto no es así. En realidad, las capacidades cognitivas y las emocionales se afectan entre sí y de forma muy significativa.

Este tipo de perspectivas hacia la inteligencia y el talento abren las puertas a todas las personas, porque todas presentan capacidades distintas, y sus diferencias deben respetarse. Si se logra entender que la autoestima está estrechamente vinculada al desarrollo de los distintos talentos, se podrán potenciar cada uno de ellos de forma correcta, es decir, sin comparaciones de valor.

Esto resulta en un bienestar general, cuya repercusión se verá reflejada tanto en el ámbito personal y psíquico de las personas, así como sus posibilidades de desarrollo profesional.