Una estupenda tarde de primavera y el emblemático Mercado de San Miguel, que cada día congrega a más gente, más que un museo, fue el escenario para presentar alguna de las nuevas variedades en pintxo pote de la firma Amaiketako, el aperitivo costumbre de las once vasco.

Una demostración, en vivo y en directo, en tres tiempos, para degustar y comprobar el arte, en pequeños bits, mordiscos, de esta joven y dinámica casa, pionera en posicionarse en este templo gastronómico, presencial y online, con varias propuestas al arrope de los vinos de Astobiza, pura artesanía en boca.

 La apertura corrió a cargo de un bonito, del norte, por supuesto, pescado en caña y en campaña (junio-septiembre) con mahonesa, huevo duro y perejil. Y un segundo bocadito de anchoa cántabra jardinera, muy de ellos, que se dejaba seducir por un sobrero de tomate, cebolleta y Aove.

 El tándem perfecto para combinar con un Astobiza 2018. Un vino atlántico, blanco fresco, de color dorado impecable, elegante con ese matiz que le aporta el clima seco, que le hace realmente único, quizás por su mimo, recolección manual, y pequeña producción. Los vinos de esta bodega se elaboran con “uva autóctona 100%”, de un solo viñedo, como enseñaba Carmen, su enóloga.  Vinos de Pago, o de Finca. Donde el ecosistema vitícola queda muy patente.

El show gastronómico continúo, a ojos de curiosos móvil en ristre, con una cascada de sensaciones propuesta a base de Piquillo, de Lodosa, sobran las palabras, con papada de cerdo ibérico. Se sale realmente. Y un compañero francés, la influencia y cercanía también se cuela en casa, y deja huella en estos miniplatos, de Pato confitado con suave moutarde y pimiento de Espelette. En esta ocasión bajo el paraguas de un Malkoa también Ondarrabi Zuri, monovarietal.  Un caldo de botella ancha que, junto a sus hermanos, como el Rosé de Ondarrabi beltza 50%, puede encontrarse en diferentes partes del globo debido a la excelente expansión internacional de la bodega. Australia, Tailandia, Japón, Canadá, México, Colombia o Uruguay…

El final, redondo, estuvo a cargo de un Foie gras, entier, con pasta de trufa. Un exquisito y delicado entrante, ahora en carta junto a los tradicionales, que estuvo regado por un Astobiza Late Harvest vendimia tardía.  De variedad Izkiriota 100%.  Peculiar vino dulce de carácter atlántico, pura seda, que recuerda a los sauterns, para combinar con productos potentes y muy nuestros, como un buen Ibérico de bellota, un micui o un simple queso de cabra.

En definitiva, una gran apuesta, renovada y agradable para hacer un alto en el camino y, con calma, degustar esta tradición norteña, reunión social, que no solo marca el reloj al definirla.

 

Texto: César Serna