Entre las grandes invenciones semánticas andaluzas figuran dos de especial aplicación a la desastrosa administración financiera y sanitaria en algunas CCAA en general y en Andalucía en particular: "Too er mundo e bueno" y "Aquí no ha pasa'o na". La forzada, inmoral y desvergonzada ralentización del proceso de los EREs - uno de los mayores latrocinios socialistas que se recuerdan - para que los delitos prescriban y todos los delincuentes regresen a sus casas de rositas es buena prueba de su aplicación, como lo es la escandalosa situación de la Sanidad en aquella masoquista y esquilmada comunidad autónoma que sigue votando socialista hasta reventar. Una especie de estampida de suicidio colectivo - como el de los leming arrojándose al precipicio para reducir su población - que volverá a dar la nota en cuanto los tripartitos PP, C's y VOX se descuiden o vuelvan a hacer el panoli con sus asquitos y ostentaciones ideológicas. Lo de los votantes andaluces, envenenados por el clientelismo socialista, tiene mal arreglo.

 

Pero por mucho que el elevado volumen de fondos robados o malversados en los EREs indigne a unos pocos, como indigna la descarada tapadera a la que se presta parte de la Justicia andaluza, lo que más daño ha acabado haciendo al ciudadano andaluz de a pie ha sido el progresivo deterioro de la Sanidad, gracias a una gestión socialista inefectiva y al desvio de fondos a otras actividades estratégicas para la Junta socialista gobernante. Algo parecido a la reducción de servicios sanitarios experimentada en Cataluña desde que los independistas decidieron por si mismos cómo gastarse el dineral que le han venido sacando a una Administración Central excesivamente complaciente y cobarde.

 

En Andalucía, al menos, han sabido cómo enmascarar su propia ineficiencia por el fácil recurso de eliminar decenas de miles de pacientes de las listas de espera, dando así una burda apariencia de efectividad y buen uso de sus presupuestos. Pero tanto va el cántaro a la fuente que al final se rompe. Siempre acaban saliendo casos que permiten tirar de la manta y descubrir lo podridas que están las cosas. El último caso ha sido el de un paciente que el Hospital Torrecárdenas de Almería se ha quitado de encima tras decirle que "«Usted padece un cáncer de colon en estado muy avanzado con metástasis en el hígado, pero ahora no podemos ponerle tratamiento ni operarle por falta de personal durante las vacaciones de verano». Un cáncer diagnosticado el pasado mes de junio - cuyos síntomas se iniciaron en febrero, pese a lo cual el hospital necesitó cuatro meses para diagnosticarlo - para el que le dieron cita con el oncólogo el no tan próximo 13 de septiembre, es decir, tres meses después de haber sido formalmente diagnosticado. Fue tal la insistencia, los gritos, las quejas y el número de horas perdidas protestando, que finalmente le adelantaron la consulta para el 12 de agosto. El caso podría concluir aquí si no fuera porque no es más que uno entre una nube de ellos, registrados recientemente en diferentes hospitales de la red sanitaria andaluza. Miles de dichos casos han desaparecido - milagro de la Blanca Paloma rociera - para que no se sepa que son miles y miles los pacientes en indecentes listas de espera de unos servicios frecuentemente colapsados. Es tal la tardanza en conceder las citas, tal el desinterés de unos profesionales mal pagados, tal la desidia de los políticos anteriores - y la cobardía de los actuales - que la situación ya se ha convertido en crónica, alarmante y legalmente punible.    

 

No es ningún secreto que los servicios sanitarios no son hoy día como los que había cuando el antiguo Régimen de Franco promulgó en 1938, en plena guerra civil, el Fuero del Trabajo en el bando nacional, que puede considerarse el cimiento principal sobre el que se construyó la actual Seguridad Social. A ese instrumento jurídico seguiría en 1945 el Fuero de los Españoles en el que  se da ya un cuadro bastante completo de seguros sociales. En 1963 aparece la Ley de Bases de la Seguridad Social cuyo objetivo principal era la implantación de un modelo unitario e integrado de protección social, y finalmente la Ley General de la Seguridad Social de 1966, que definió y plasmó en la práctica esos principios asistenciales, con una base financiera de reparto, gestión pública y participación del Estado en la financiación. 

 

Pero ha llovido mucho desde entonces y mucho ha cambiado también el tipo de medicina y sobre todo el costo de la misma: Antes el cirujano abría en canal y las infecciones mataban en el postoperatorio. Ahora se opera con cirugía mínima invasiva, laparotomía y medios robóticos. Cuando antes el galeno se contentaba con una radiografía, ahora no se queda tranquilo si no hace la placa Rx, la resonancia magnética, la ecografía y cien mil analíticas de todo tipo. En los buenos tiempos, los medicamentos eran baratos - Franco los tenía muy controlados y no permitía abusos a la industria farmacéutica - pero ahora pueden darle a uno una medicación, como la de la hepatitis C que vale más de 80.000 euros. Eso cuando hay dinero para ello, porque en Andalucía y me temo que en algunas otras CCAA la Sanidad ha entrado en un estado de "quiebra técnica" y frugalidad farmacéutica que anuncia el fin de la Sanidad del Bienestar y el comienzo de una Sanidad básica limitada a las urgencias vitales que en un muy próximo futuro forzará a que cada cual se pague lo que pueda pagar o se muera como un perro.

 

Por eso, a sabiendas de que las contribuciones de los afiliados a la Seguridad Social ya no bastan para pagarla, y que los presupùestos del Estado y de las CCAA que deberían apoyarla son frecuentemente desviados a otros gastos políticamente estratégicos, es cuando el ciudadano de a pie - como ese pobre canceroso terminal que se ha quitado de encima el Hospital almeriense de Torrecárdenas - debe tomar conciencia de a quién vota, quién no le roba y quién no le miente prometiéndole lo que no piensa cumplir. Para empezar, cualquier español medianamente inteligente sabe - pero no protesta - que gran parte del dinero necesario para asegurar su Sanidad se va en asistir a una nube de inmigrantes ilegales ( y a sus numerosísimas familias polígamas) y extranjeros sin cobertura de seguros, cuyo derroche - por "corrección política" - bastaría para ganar tiempo y recobrar fondos para una mejor Sanidad a la espera de una solución definitiva a largo plazo.

 

Como complemento a la indignación que debería aflorar por doquier ante la amenazante situación actual, quisiera denunciar - aquí y ahora -. la desvergonzada explotación política que la stalinista TVE hace de la Sanidad, haciéndonos creer que todo son glorias gracias a la buena gestión de los gobiernos. La serie "CENTRO MEDICO", con actores y actrices impecables y unos guiones muy superficiales que no dejan de difundir acertadamente lo que es la medicina moderna, presenta una imagen de la realidad que no concuerda en absoluto con lo que sucede en la mayoría de los centros hospitalarios españoles, incluidos los de algunas fundaciones como la de ese caso. Aquí no se muere nadie; todo se cura; cualquier estornudo es de inmediato atacado por costosas analíticas, TACs, resonancias, ecografías, etc.etc. Nadie hace cola, nadie es rechazado con una cita a cuatro meses, nadie se queja, todos contentos, etc.etc. Y por si fuera poco, coincidiendo con los Telediarios, TVE emite un corto institucional presumiendo del país tan excelente que tenemos - una de cuyas excelencias sería la de un sistema sanitario muy eficiente - de forma que todos acabamos por ser embajadores ideales de este sufrido país. Me gustaría preguntarle al paciente canceroso terminal ninguneado por el Hospital Torrecárdenas si él también se siente con las fuerzas y el entusiasmo necesarios para considerarse embajador de este país. El país en que nos ha convertido - y nos sigue convirtiendo - una clase política inepta, egoísta, maquiavélica y (excepciones aparte, y VOX es una de ellas) cobarde a la hora de llamar al pan pan y al vino vino. Los españoles nos merecemos algo mejor que esa tropa de figurones advenedizos e inútiles. Ninguna fecha mejor que la de hoy - 18 de JULIO - para recordar lo bajo que hemos caído desde que unos políticos juramentados se hicieron el hara-kiri, mientras otros - sus adversarios, los que sólo "prometen"- aplicaban el invento transicionista y autonómico para repartirse la magnífica herencia del anterior Jefe del Estado. Pobre España, pobre y desmemoriada.