Los nuevos hábitos de vida que llevamos, y soportamos a diario, influyen en el consumo directo, a veces, de manera no positiva. Es el caso de uno de nuestros alimentos estrella, dentro de la Dieta mediterránea, el aceite de oliva, en todas sus categorías.

Desde el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, se alerta, desde hace ya algún tiempo, del descendente, y alarmante, menor consumo de éste imprescindible de nuestra gastronomía en el mercado nacional.

Casi 100. 000 toneladas menos, incluyendo hogares, restauración e industria, en los últimos 18 años. Si tenemos en cuenta que en ese período, la población ha crecido notablemente, 7 millones. ¿Entonces que le ocurre al rey de la cocina? Que no liga.

 

Según apuntan los expertos, su “imagen tradicional, poco innovadora, que no conecta con la sociedad actual, y un alto coste del producto” parecen ser algunas de las causas de su estrepitoso declive.

Para remontarlo, se trata, entonces, de llamar la atención, y revitalizarle. Vamos, realizar un lifting en toda regla, a este codiciado y universal producto. Darle nueva imagen y valor entre todos: productores, profesionales de la cocina y consumidores.  Así como el lugar que ocupaba y corresponde en el podio, más allá del aliño,  con los nuevos tiempos.  Poner el foco sobre él y desterrar esa imagen quizás rancia y poco moderna de uso.

Para ello y gracias al estudio realizado por la consultora Kantar, para la Interprofesional del aceite de oliva, se desarrolla esta contundente campaña 360º, informativa y, sociológicamente, reflexiva sobre la importancia indiscutible de este oro líquido, tan nuestro, afamado por sus múltiples propiedades beneficiosas para la salud en su consumo habitual prolongado.

Se pretende así, conectar con el estilo de vida actual, la dieta saludable, healthy, de los que no renuncian a lo tradicional, de los milenials,  de todos aquellos que apuestan por la sostenibilidad rural. Reforzar la conexión del producto con  el territorio. Porque el aceite en sí es fuente de vida, en los pueblos, aumenta la economía local, desarrolla e impulsa el empleo y contribuye al mantenimiento del medio ambiente.

Y es que aunque el “92, 3%” según datos arrojados del estudio, en una encuesta entre consumidores de entre 18 a 65 años, señalan que “no se imaginan un mundo sin aceite de oliva”, la realidad es que el consumo cae a pasos agigantados.

Quizás la llagada de nuevos productos a la despensa, ya elaborados, la falta de tiempo y ganas de ponerse a cocinar influyen sobremanera. “Se ha pasado de 631.000 toneladas, datos de referencia de la campaña 2001/02, a 538.000 a cierre en 2018/19”.

Una tendencia negativa, que no es exclusiva de nuestro país.  Ni de los hermanos productores, como la vecina Italia o Grecia que también la padecen. Desde la UE se advierte de un “descenso continuado del mismo”.

En un momento en el que la alta cocina esta tan de moda, desde este sector se incita al consumo del aceite de oliva, virgen extra o en otra de sus modalidades, acordes a cada plato. Ya que este le aporta personalidad, potencia el sabor de los alimentos que acompaña. “Es un valor añadido”, reconocen los cocineros.

Positivo pero sin fuerza en la mente del consumidor. Una idea que hay que romper con la presencia y posicionamiento de este producto como seña de identidad, en otros mercados emergentes como Brasil, Rusia e India. No en vano, somos el olivar de Europa, el bosque humanizado más grande, con más de 340 millones de olivos.  

“No se trata de cambiar al consumidor, sino de acercar el producto al mismo”, se reconoce desde la Interprofesional. El aceite de oliva, un combustible preciado y necesario que debe recuperar su lugar en la cocina y en la mesa, Una “fantasía máxima” para todo y todos. ¿Te imaginas vivir sin él?

Texto: César Serna