Carnes rojas y blancas

Muchas veces hemos colocado el pollo recién comprado, fresco, bajo el grifo de agua o quizá también, un trozo de carne de ternera. Esta práctica que creemos nos ayuda a "limpiar" e higienizar el alimento puede por el contrario, resultar peligrosa.

La realidad es que lavar todo tipo de carnes frescas puede favorecer la propagación de microorganismos que estos alimentos contienen naturalmente y que tras la cocción adecuada quedan muertos o inactivos

Entonces, tanto el pollo como otras aves y carnes rojas, nunca es aconsejable lavarlos en crudo previo a su cocción.

Pescados

Los pescados, tras retirar escamas u otras impurezas, muchas veces nos apetece lavarlos bajo el grifo de agua cuando como sucede con las carnes, puede resultar contraproducente.

En primer lugar el pescado puede perder frescura, pero lo más importante es que podemos esparcir microorganismos patógenos como la salmonella u otros al lavarlo en crudo en la cocina.

Si los vamos a consumir en crudo o con una breve cocción y nos queremos asegurar que no contiene anisakis por ejemplo, igualmente no debemos lavarlos sino que lo recomendable es congelarlo por aproximadamente cinco días previo a su consumo para matar este parásito que puede ser causa de enfermedades transmitidas por alimentos.

Huevos

Si acabamos de comprar huevos en una granja cercana o bien en el supermercado pero igualmente se encuentran manchados por restos e impurezas del corral, no es

recomendable lavarlos si posterior a ello no los vamos a cocinar o comer de inmediato.

La cáscara del huevo representa una membrana que impide que microorganismos patógenos accedan a su interior y si lavamos la misma dejamos paso a que bacterias puedan contaminar el alimento o la parte comestible del huevo.

Setas y hongos

Aunque es cierto que por encontrarse en la tierra estos alimentos deben ser muy bien higienizados, la realidad es que no es recomendable lavarlos bajo el grifo de agua.

Con una fuerte corriente de agua sobre setas y hongos podemos alterar considerablemente la estructura de los mismos, deshidratándolos y magullándolos.

Entonces, en lugar de lavarlos se aconseja usar trapos limpios y húmedos, así como toallas de papel húmedas y siempre siempre se recomienda secarlos bien, ya que de lo contrario, su consistencia se reduce a causa de la pérdida de agua de su interior.