Una gran parte de las intoxicaciones alimentarias, conocidas como toxiinfecciones, se producen en los hogares, y la mayoría se podrían evitar fácilmente siguiendo unas pautas básicas de higiene, limpieza y manipulación de los alimentos. No hay que obsesionarse ni queremos volvernos alarmistas, pero algunos descuidos o errores pueden tener consecuencias graves, por desconocimiento o por pura dejadez.

Limpieza y mantenimiento de la nevera (y de toda la cocina)

Es el electrodoméstico que funciona las 24 horas del día, todos los días del año, y a menudo el que más descuidamos. Si la nevera es la encargada de conservar nuestros alimentos, también debe formar parte de nuestra rutina de limpieza.

Además del mantenimiento básico -mantenerla ordenada, no sobrecargarla, vigilar que funciona correctamente...-, hay que controlar los pequeños descuidos y manchas que ocurren con frecuencia al mover los alimentos. Salpicaduras de líquidos, gotas de grasa, restos de salsas o lácteos, hojas de vegetales... manchan casi cada día nuestro frigorífico, y hay que limpiarlos rápidamente para que no se acumulen durante día

Un viejo truco es emplear bicarbonato con agua y/o limón o vinagre

Lavar bien los platos (y el fregadero)

Parece de cajón, pero no está de más recordarlo. Acumular platos, cubiertos y demás vajillas sucios en la encimera o en el fregadero es ofrecer un nido ideal para insectos, microbios y bacterias. Si no tenemos lavavajillas -o no nos cabe todo-, la mejor rutina es lavar los platos cuanto antes. Lo fundamental es recordar la importancia de no dejar que se resequen los restos de comida, de usar agua caliente y de secar mano. Y, por supuesto, el fregadero también se friega.

Revisar etiquetas y controlar los alimentos almacenados

todos acabamos en ocasiones con alimentos pasados de fecha en la nevera o en la despensa. Por eso hay que acostumbrarse a revisar regularmente todos los productos, comprobando la fecha de caducidad pero prestando atención también al consumo preferente, para no desperdiciar comida innecesariamente.

 

 

Pero cuando hay dudas sobre el buen estado de cualquier alimento -porque huele raro, se ha pasado de fecha o tiene moho, por ejemplo-, mejor prevenir que curar. Es una tontería arriesgar la propia salud por no tirar ese trozo de queso o ese fiambre que lleva demasiado tiempo en el frigorífico. Ante la presencia de moho -excepto en los naturales que pueda llevar

el queso-, conviene desechar todo el alimento y no cortar o retirar solo la parte afectada; además comprobaremos que no se han contaminado otros alimentos cercanos.

A veces los alimentos se estropean sin que haya pasado la fecha de caducidad. Puede ocurrir por daños en el embalaje, por haberse roto la cadena de frío o porque, al ser productos frescos, pueden llegar a casa con golpes o con presencia de microorganismos. Revisando el cajón de frutas y verduras evitaremos que una pieza en mal estado contamine a las demás y a la propia nevera o cesta

Cómo conservar correctamente los alimentos: mantener el frío adecuado

Los platos cocinados y alimentos refrigerados requieren una conservación en frío, es decir, en la nevera. Se recomienda mantener la temperatura del frigorífico por debajo de 5º C, inferior si estamos en verano y hace mucho calor. Hay que evitar abrir con frecuencia la puerta y nunca hacerlo de par en par, para mantener la cadena de frío y evitar choques térmicos.

Los platos preparados y las sobras se deben refrigerar lo antes posible. Para ello intentaremos enfriarlas más rápidamente, pasándolas a recipientes fríos o colocándolos sobre hielo, pues tampoco se recomienda introducir comida caliente a la nevera. Siempre hay que emplear recipientes limpios, de cierre hermético

Cocinar correctamente los alimentos, asegurando una temperatura mínima

La gran mayoría de microorganismos y bacterias mueren al alcanzar una temperatura adecuada durante el tiempo suficiente. La Listeria monocytogenes, por ejemplo, no resiste a más de 45º C, y también el anisakis muere cuando sometemos todo el pescado entero a una temperatura superior a 60º C durante al menos un minuto.

Evitar la contaminación cruzada entre crudos y cocinados: cuidado con las tablas y utensilios

Separar las áreas de trabajo, los utensilios y herramientas que entran en contacto con los diferentes alimentos es fundamental para evitar que se transfieran bacterias de unos a otros. Es lo que se conoce como contaminación cruzada, algo básico también para prevenir reacciones alérgicas o intolerancias.

Esto también se lava: bayetas, estropajos, delantales y bolsas reutilizables

Con ellos limpiamos, pero también hay que lavarlos. Acumulan suciedad y mucha humedad que se puede convertir en un foco de bacterias y microorganismos. Para evitarlo, conviene lavar en lavadora las bayetas y los trapos al menos una vez a la semana.