Sentarse a la mesa y comprobar “in situ” que todo está perfecto, o casi, una sensación es subjetiva, es todo un arte, y requiere de una gran maestría. Compañía aparte, son muchos los agentes que intervienen para que todo salga a pedir de boca. El sitio, el menaje y, por supuesto e indiscutible, el menú elegido. De esto sabe mucho y ocurre en los llamados Encuentros con Arzuaga, del verano que nos acompaña.

La bodega de Ribera del Duero, de viñedos centenarios, allí en Quintanilla de Onésimo (Valladolid), que para la ocasión, viste de gala estos almuerzos, llenos de sabor y aroma, y presta algunos de sus más carismáticos vinos a este juego de casar, de… ¿Quién conquista a quién?  En esto de dar satisfacción al paladar con la gastronomía estival del restaurante Diurno, bajo la batuta de Luis Miguel Moreno.

Un recorrido, sin recovecos, porque aquí todo es de primera, que se inicia con uno de los muchos entrantes a elegir en la carta actual, como elCarpaccio de ternera marinada, rúcula, con el roce sutil de delicadas lascas de Parmesano, y el intenso toque único del jamón ibérico D.O. Guijuelo, que descansa sobre un pan de cristal con tradicional tumaca al que acompaña.  Puesta de largo a lo grande con un vino, todo sensualidad y elegancia, Amaya 2014, de Amaya Arzuaga colección, elaborado en su honor, y servido en magistral copa de rey, con leyenda incluida, como no podía ser de otra forma, la 001 de Riedel, la austriaca firma cristalera, que se distingue por más allá de su finura y diseño, para  envolver este 95% Tempranillo y 5% Albillo que le aporta el frescor justo. Fermentado 100% con raspón, 19 meses en barrica de roble francés, sólida apuesta, en gusto desde hace tiempo, por la premiada, ex diseñadora, burgalesa. Con relevantes tonos tostados y caramelo.

Subimos un peldaño en esta experiencia, y ahora la muestra nos trae todo el sabor del mar, en la capital, con un Tataki de bonito del Cantábrico, que baila con el aliño de sésamo y huevas sobre arroz jazmín. Como pronto, sugerente. Que combina al detalle con una compota de frutos rojos de un bosque animado con los tonos de ahumados y torrefactos, que manchan el plato.  Aquí el bautismo, con cambio de copa, algo más pequeña, pero infinitamente elegante, lo firma un Arzuaga Reserva 2014.  “Muy buena cosecha la de ese año” apunta Eva María Alonso, embajadora brand manager de la bodega pucelana. Se hace el silencio. Sin palabras. Sedoso, limpio, brillante, señorial, “la esencia de la Ribera”. Vendimia estilo galo, con  30 meses de barrica roble francés. Un coupage de Tinto fino (95%), Merlot (3%) y Albillo (2%) que sube el listón muy alto.

Y llegamos al principal, nada cansados, con un Rosae 2018.  Un monovarietal tempranillo. “Nostrum vinum roseum”. Dinámico, juvenil. Delicado en aspecto, pero no en boca, potente, fácil de beber, que invita una y otra vez, con irisaciones cobrizas que tiñen de frescor la copa, del fabricante que desde 1522 acoge al champagne.

Notas florales y algo tropical para acompañar un trío de arroz, negro integral, rojo Thai, y jazmín, que aderezan el magret de pato con setas, trigueros y mango. Tan solo una de las muchas delicias que podemos encontrar.

Cerramos este deleite de los sentidos, maridaje de contraste, con dos postres bien definidos y diferentes, con el maestro chocolate como protagonista absoluto, de este almuerzo regado por Arzuaga Navarro, con todo un Reserva especial, 2012.  “El terruño en su máxima expresión”. De nuevo el binomio Tinto Fino, en mayor porcentaje y Albillo, 5%.  Que adquiere su plenitud con 24 meses en barrica nueva francesa.  Color rojo morado intenso con tonos cardenalicios. Que ayuda a rebajar la dulzura y untuosidad de la tarta reina doble con sus pajes reales las trufas negras, el aroma inconfundible de la menta fresca, frutas variadas, y el juguetón caramelo.  Y esto son solo unos apuntes de lo mucho que pueden descubrir y ofrecerles estos encuentros bajo el sello de una gran bodega de la milla de oro. Tan solo hay que saber elegir, porque citas habrá muchas, de trabajo, de amigos, sentimentales, pero con distinción muy pocas, lo firmo.

César Serna