La puta tabarra del 4 de febrero. Día mundial contra el cáncer. Fecha decidida por la mafiosa Organización Mundial de la Salud. Se celebra desde el año 2000. Cada tumor tiene su día, macabro. El cuarto día de febrero quedan todos tétricamente englobados. El Doctor Plagios, mientras, mierdea en Twitter. Se abren las comillas de El Lenin de Tetuán. La investigación oncológica nos da cada vez más esperanzas. El compromiso del Gobierno con su impulso y la mejora de la vida de los pacientes de cáncer es firme. Toda la fuerza para ellos y ellas. Gracias a quienes trabajan cada día para combatirlo.

Propio de él, todo embustes. La investigación oncológica, además de una carnicería industrial, ineficaz. Cinco años de supervivencia en el 2% de los tumores (Journal of Oncology, Diciembre, 2004). Otrosí. La única firmeza del Ilegítimo es el control social y mental, cáncer y terrorismo sentimental mediante. Nada más. Solo babas.

Peor el remedio que la enfermedad

Es más fácil engañar a las personas, que hacerlas entender que fueron engañadas. Con el cáncer ocurre lo mismo. Cáncer, palabra malsonante. Grosería exorbitante. Obscenidad. Pura cacofonía. La escuchas y da comienzo el estremecimiento. El cáncer es la enfermedad más temida por los españoles. La segunda causa de muerte entre nuestros compatriotas. Crecimiento enloquecido y desordenado de células. La apoptosis, acelerada. Las células cancerosas, devienen inmortales. La comunicación celular se colapsa. El ADN se expresa inadecuadamente. Atroces remedios, peores que la enfermedad: quimioterapia, radioterapia y cirugía. Tan dolorosa y escasamente ineficaces. Envenenar, quemar y cortar: he ahí el (falso) trilema de la industria médica.

Miedo a la muerte, triunfo del mal

Reitero. Es más sencillo engañar a la gente que convencerla de que ha sido engañada. Por eso, el temor nace tanto del riesgo de (próxima) mortalidad asociado a la enfermedad como de la idea de enfrentarse a la quimioterapia, el tratamiento más empleado para obstaculizar las consecuencias del cáncer, provocando en el paciente un chaparrón de devastadores efectos adversos. En el intento de eliminar el tumor, la quimioterapia utiliza potentes fármacos citotóxicos, altamente malsanos para las células. Una bomba atómica dentro de tu cuerpo. Casquería sanguinaria. Te enfrentas a la mentira médica e, inevitablemente, sales perdiendo. La quimioterapia consiste, a grandes rasgos, en envenenar células cancerígenas de vertiginoso crecimiento, implicando todo ello, obvio, que se emponzoñarán también células sanas. La radioterapia, por otra parte, mientras destruye células cancerígenas, quema, deja cicatrices y menoscaba células sanas, tejido y órganos.

Los tres cerditos: envenenar, quemar, cortar

Los tratamientos iniciales con quimioterapia y radiación frecuentemente reducen el tamaño en tumores. Cierto, en algunos casos. Aparte de reducirlos, no siempre, también los disemina por todo el cuerpo. El uso prolongado de quimioterapia y radiación no desemboca siempre en más ruina de tumores. Mucho menos en las etapas finales de las metástasis. Cuando el organismo se llena de excesiva carga toxica proveniente de quimioterapia y radiación, el sistema inmunológico se ve comprometido o se desmantela, por lo tanto, la persona puede sucumbir a distintas clases de dificultades. La quimioterapia y radioterapia pueden provocar que las células cancerígenas muten y se vuelvan resistentes y, consiguientemente, su destrucción se dificulte. Volverán a florecer, tarde o temprano. No lo duden. Y, quien da más, el tercer cerdito, la cirugía. Ésta puede provocar que las células cancerígenas se propaguen a otros sitios. A grandes rasgos, la cirugía no corta, expande.

Exterminadores efectos secundarios

Nuestro sistema inmune, dañado hasta el hondón. Veamos. Alimentación de mierda. Jodidos plásticos que los envuelven. Aditivos en las bebidas. Agricultura hiperdependiente de los mortíferos químicos. Arbitraria vacunación a tutiplén. Teléfonos móviles. Letales campos electromagnéticos. Radiación de microondas. Drogas farmacéuticas, las psiquiátricas aún peor. Vamos, sistemas inmunológicos deliberadamente debilitados, atacados y destruidos. La quimio, sin duda, la hembra alfa de la aniquilación inmunológica. Apabullante estropicio de nuestras defensas. Dos claves. Negociazo y control de la población, social y mental, reitero.

Los efectos secundarios de la quimio, derrape. Cejas perdidas y cabello ido, un clásico inmarcesible. Cansancio extremo, anemia, diarreas, náuseas, úlceras bucales y estomacales. Prosigamos la ruta. Sobre todas las cosas, reitero, brutal aniquilación de tu sistema inmunológico. La quimioterapia, aberrante toxicidad, genera a la vez más cánceres de todo tipo y pelaje. Años y años de quimio y, de repente, rebrota otro cáncer. O el mismo. La quimio facilita la metástasis. Abona el terreno para ello. El tamoxifeno, gran y potente droga carcinógena. Los quimioterápicos utilizados, además, son absurda, ridícula e injustificadamente caros. O no.

Un no parar

Pulverización, sin duda, de la médula ósea con el consiguiente trasplante difícilmente esquivable. Sangrado intestinal. Daño cerebral. Deterioros neurológicos. Neuropatías periféricas, grado 3 o 4. Osteoporosis. Fatiga. Mucositis. Leucopenia y neutropenia: leucocitos y neutrófilos, esenciales en nuestro sistema inmune, arrasados. Menudísimo deseo sexual. Pérdida de audición. Merma de psicomotricidad. Infertilidad. Serios daños en riñones, vejiga, huesos, arterias, pulmones, corazón, hígado. En esencia, como si te estuviesen suministrando tundas, somantas y hostias a todas horas. Con el agregado de la radioterapia. La improbable reparación requiere más drogas médicas. Más drogas recetadas por los matasanos, violando sistemáticamente el juramento hipocrático. En este caso, oncólogos. Mala gente, putitas de FarMafia y el Leviatán. Tantos. En fin.