Que no les engañen, ni la barbacoa ni la chancla le pueden hacer sombra. En estos días, donde aprieta, ¡ojú que calor! La verdadera estrella es la sangría. Fría y afrutada. Y si son de autor, como las que prepara el afable equipo de La hora del vermut, mejor que mejor.

Porque hay que romper ese tópico de que esta refrescante bebida es patrimonio exclusivo de guiris. Esto es muy nuestro señor@s. Y en este caso le han dado la vuelta, un toque “cosmo”. Las han reinventado, con nombre y apellidos, para adaptarse a los nuevos gustos del consumidor, cada vez más exigente.

Así, podemos disfrutarla desde la más tradicional, la de toda la vida, hasta pasando por tres estados diferentes. Con cava a la base. Que aportan ese matiz chispeante y delicado de la burbuja dorada,  con toque ligeramente frutal, de mandarina y Cointreau, de manzana y lima, naranja y bosque de frutos rojos, plátano y coco, lo que nos transporta, desde el primer sorbo hasta el final, a paraísos exóticos, sin salir de Madrid.

En una estancia superior, las encontramos con denominación de origen, de vinos de Jeréz.  Que nos envuelve de brisa del sur, y  aportan una consistencia y aroma muy delicado, suave, aterciopelado, seña de identidad de estos magistrales caldos, que se definen aún mejor en boca,  cuerpo y estructura, sin olvidar que estamos  tomando una sangría. De Sherry limón y albahaca, naranja y albaricoque, frutos rojos y vainilla o pomelo y Campari, realmente deliciosa les aseguro.

Todo ello presentadas con un gusto exquisito acorde con la elección. Desde el vaso,  hay diferentes formas, hasta los ingredientes que adornan la misma.  Su fruta limpia y cuidadosamente  troceada, o la hoja fresca de hierbabuena, que le da ese toque personal. Y consagra la elección. Difícil cuando hay tanta variedad.

Y es que si algo caracteriza a este establecimiento, pionero desde hace ya diez años en el mercado, es su gusto por hacer y dar lo mejor de sí, en todo momento.  Desde que empezaron siendo un referente en esto  tan castizo de “tomarse el aperitivo” a base de vermut.

 Hoy cuentan con más de 80 referencias nacionales, “apostamos por lo nuestro”, como señala Mayte, una de las almas de este singular oasis en el centro turístico de la capital, que cuenta además con otro referente en la zona del Retiro.  Cada semana, presentan una novedad en barra  como estrella invitada.

Con o sin las sangrías de San Miguel son un acierto.  Eso ya va en gusto. Con ingredientes sorprendentes que van como anillo al dedo.  Con sidra y mango, frambuesas y piña, Albariño, pera y fruta de la pasión.  O ginebra, limón y violeta, tan de aquí.  O Sin, aunque son ligeras, de White lemon  o red sherry. 

Todo un catalogo en carta para elegir en función de gustos. Como su amplia variedad de tapas acompañantes, las olivas, manzanilla, anchoa,  de aroma barbacoa,  verdes, negras, su infinito mostrador no les dará la vista…  Y sus originales encurtidos, brochetas de pulpo o gambas, , la mítica Gilda, bombas como la de queso y York,  o su espectaculares empandillas frescas de ventresca con pimientos, bacalao, pollo curry, mexicana… Un sinfín en el que perderás, por unos instantes, la hora inundada por el sabor en estos días  donde el tiempo es lo de menos.  Ya reza el dicho “Quién en verano no bebe sangría, poco entiende de bebidas”.

 

La hora del Vermut, mercado de San  Miguel.

Texto:César Serna