“Salada, verde y un poco picante”, así parece que era ella. Quién no recuerda su seductor baile al son de “put the Balme on Mame” Tanto es así, que su legado carisma, y mítica actuación, como Gilda, dio nombre a este consagrado aperitivo patrio.

Y es que, Margarita Carmen Cansino, Rita Hayworth para el mundo, llevaba, sin duda, a España y todo su sabor, en su ADN, gracias a su padre, el bailarín sevillano Eduardo Cansino.

Su esbelta figura, en la cinta de Charles Vidor, su deslizante escena del guante, junto a un impecable, e implacable y celoso Glenn Ford, su “Amado mío”, no era para menos, sirvió para catapultar esta inmortal comparación, que ahora nos llega, a modo de banderilla, otro guiño español, reinventada por la Taberna de la Reina, en seis nuevas variedades, a cuál más sugerente y sabrosa.

Desde la más tradicional, también conocida como lagartos, con piparra, anchoa, aceituna manzanilla, a otra explosión llena de color, gracias al pimiento rojo del Piquillo, aliada del boquerón, cebolleta, pepinillo y oliva negra como su deslumbrante y elegante palabra de honor, vestuario de Jean Louis, que lucía allá en el 46.

O en brocheta silueta, con queso manchego, muy nuestro también, combinando las dos aceitunas, para sacar toda su armonía, ácida y amarga a la vez, en un completo baile, juego de seducción. 

Una sensacional elección, sin censura, para los vegetarianos hoy en día.

Pero por si esto no fuera suficiente, existen otras tres variedades más o Bombas, a precios muy asequibles en barra, como la Gilda de pasión, a base de aceituna gordal, rellena de queso manchego y tomate seco.  Que funde los matices salados de la anchoa, como un terremoto de sabores con el láctico, amargo…  como era la Rita, muchas personalidades en una. Actriz, productora, bailaría y modelo, de ondulada y larga melena, ojos chispeantes, vinculada a grandes en su vida como Orson Welles o Alí Khan.

Lucha titánica de color, rojo y verde, que se diluye con la propuesta rellena de boquerón y pimiento, O la variedad de suave queso crema y salmón, quizás la más delicada y sensual de todas, porque en el fondo, a pesar de su personalidad descarada y desenfadada había ternura. Y así se muestra en boca, acompañada de un tradicional vermú de grifo, una refrescante cerveza o cualquiera de los vinos en carta. Todo un pequeño gran homenaje del arte de la tapa a una inolvidable de la gran pantalla, 101 años se cumple del nacimiento de esta leyenda, que nos sigue acompañando, y nos arrebata, para volver a enamorarnos de ella. Eterna Gilda, que dejó huella con su nombre, no solo en la memoria del cine, sino también en la retina de nuestro paladar. Siempre “salada, verde y algo picante”. ¡Pídela! Gracias Gilda.

Texto: César Serna