C,s nació siendo un partido efébico con vocación de instaurar una jacarandosa efebocracia tan desnuda de contenido ideológico como la celebre foto en pelota picada de su líder, Albert Rivera. Nada por aquí, nada por allí. Y es verdad. Nada. Salvo la pudorosa desnudez de Rivera, que estando in puribus se tapaba el pubis con las manitas para no provocar sorpresa o desencanto, vaya usted a saber, entre las votantes hetero y sus numerosos seguidores LGTBI. Tanto despelotarse ideológicamente, C,s se ha quedado sin camisa doctrinal y en su vieja desnudez le salen las arrugas de lo que realmente son Albert Rivera y su efébico chiringuito: la reencarnación de Niceto Alcalá Zamora, aquel monárquico convenientemente reconvertido en republicano, que era de derechas pero que detestaba tanto a la derecha que siempre le puso alfombra roja a los radicales y a la izquierda, con tal de que la derecha no tocase poder.

Es tan vieja y tan caduca su estrategia que hasta los efebos que votaban a C,s (que probablemente ignoran quién y qué era Niceto Alcalá Zamora) han decidido pasarse electoralmente a VOX porque Albert Rivera se les queda un poco rancio y almidonado, como don Niceto, con sus asquitos a la derecha y sus cucamonas a la izquierda. Al PP le pasa lo mismo, sus votantes más jóvenes que, aunque parezca mentira, aún los tenía, se le han pasado en marabunta electoral a VOX. No se han tragado el estiramiento facial y el tratamiento antiaging que el pobre Pablo Casado trata de hacerle, con más prisa que acierto, a la momia de la CEDA, que no otra cosa es el PP. Por eso a Pablito Casado le pasa lo que le sucedió a Gil Robles: es un ancianito desde que su mamá le cambiaba los pañales.