No podemos negar que atendiendo a la etimología de la palabra filantropía, ésta tiene un contenido atrayente: amar al hombre es algo, que en principio, a todos nos parece estupendo. Ahora bien, si nos detenemos a observar la conducta de quienes son considerados como filántropos, de lo atrayente pasamos a lo desconcertante, para llegar, casi siempre, al inevitable desengaño.

¿Son los filántropos personas entregadas a los demás, generosas y desinteresadas en los favores que conceden? Posiblemente, si queremos escoger a un máximo representante de esa categoría humana nos tropezamos frontalmente con el Rey Leopoldo II de Bélgica , fue el segundo monarca de un país con escaso e incierto substrato nacional y el hijo de Leopoldo I, primer Rey de los belgas. Subió al trono en 1865, cuando Bélgica apenas llevaba tres décadas desde que las provincias del Sur se independizaran de los Países Bajos del Norte y de la dinastía de la casa de Orange.

Lo cierto es que, tras los primeros años de decaimiento económico siguientes a la declaración de independencia, Leopoldo II supo convencer a los gobiernos de las potencias europeas sobre la altura de sus miras, de su preocupación por el resto de los humanos y de su “filantrópica” necesidad de poseer territorios en Africa. De transformar en realidad sus deseos se encargó la Conferencia Geográfica de Bruselas y en 1876 una Comisión de Expertos dictaminó que para “proteger los intereses del Continente Africano y de sus habitantes” era sumamente conveniente adjudicar a D. Leopoldo la plena propiedad de una gran parte de dicho continente: al que se le dio el nombre de Estado Libre del Congo. Y naturalmente contando con el apoyo de la Conferencia de Berlín para determinar el reparto de Africa.

Y es precisamente en ese “Estado Libre”, donde se cometió uno de los mayores genocidios del colonialismo, se calcula entre ocho y diez millones de nativos muertos, la frase de Plauto, popularizada por T. Hobbes :”el hombre es un lobo para el hombre”, nunca mejor aplicada.

El trabajo en las minas explotando a niños, las plantaciones de cacao, el caucho, etc, en condiciones infrahumanas, castigos de amputaciones de miembros eran normales, Mantener la producción, y aumentarla, cargar barcos hacia los puertos belgas y allí manufacturar para vender al resto de países, ese y no otro era el objetivo de aquel filántropo.

Después de aquellos años finales del S.XIX, hemos venido comprobando que todos los personajes que huyen o se exilian de sus respectivos países acuden a Bruselas, como los peregrinos a Compostela, allí se convocó la II Internacional Socialista de la que Lenín y el sector bolchevique salieron victoriosos (aunque tuvieran que acabar el congreso en Londres para evitar que cantase demasiado tanta permisibilidad por parte del Gobierno belga). En Bélgica se sintió apoyado Ferrer Guardia, uno de los responsables del atentado contra el Rey Alfonso XIII , en el que murieron veintiocho personas y hubo más de un centenar de heridos, así como de los sucesos de la semana trágica de Barcelona, y también considerado por gran parte de la opinión pública “filántropo”

Allí también Francesc Maciá se exilió por tres veces, después de cada intentona de golpe independentista; así sucesivamente, innumerables etarras y terroristas españoles, hasta llegar al golpista Puigdemont. Todos los agitadores de Europa se sienten tremendamente cómodos en Bélgica. Y eso debería hacernos reflexionar mucho a todos sobre la conveniencia de que la capital de la Unión Europea se ubique precisamente en Bruselas. Ahora el nuevo filántropo mundial es George Soros, él es quien determina a cuántos millones de africanos debemos acoger en Europa para que el porcentaje de musulmanes, asiáticos y europeos en nuestro continente se mantenga en la proporción que él considera adecuada.

Cada país europeo es dueño de resolver las deudas morales y materiales que considere oportuno con las respectivos territorios que les fueron adjudicados en Africa, a muchos españoles todavía nos duelen los saharauis y guineanos que allí quedaron en adversas condiciones, Bélgica en concreto tiene su deuda con el territorio que se llamó Estado Libre del Congo, pero es una villanía obligar a otros a que paguen las deudas que no adquirieron. Lo cierto es que un filántropo llamado Leopoldo II de Bélgica supo explotar a los africanos como nunca antes se había hecho y otro filántropo llamado G. Soros quiere que la población africana invada ahora el Continente Europeo para acabar con nuestra protección social.

Cada palo que aguante su vela, cada moroso que afronte sus deudas, los europeos no necesitamos filántropos.