Decía Séneca, que el poder en exceso se alarga poco en el tiempo.  No hace falta comentar, que cualquier objetivo buscado por el filósofo en aquellos principios de hace dos milenios, ha quedado obsoleto y fuera de lugar, y más cuando el moralista autor de aquellos diálogos, cartas y tragedias que analizaban las acciones y consecuencias del ser humano de la época, chocaba de lleno con las políticas llevadas a cabo por Calígula y Nerón.

 

Sin alejarme mucho del pensamiento Freudiano en sus teoría sobre la personalidad, soy capaz de asegurar que el actual poderoso puede perfectamente ser capaz de perpetuarse en el tiempo y en muchos casos este suceso, es positivo.

 

Motivos históricos, políticos, sociales y antropológicos hacen de Torrejón de Ardoz, una de las ciudades más importantes de Europa y con esto no quiero quitar méritos a ninguna otra, ni determinar comparaciones que no vienen a cuento alguno, a la vez que tampoco voy a enrollarme en hacer una composición de datos históricos para concluir lo que todo el mundo sabe y que pasa por decir, que tenemos 200 o 300 años más de historia que Leganés, Getafe o Alcorcón por poner algunos ejemplos. Solo hace falta leer las historias de aquel famoso caballero de La Mancha, para saber que un poco antes que los americanos, se pasó a ver a la Virgén del Rosario.

 

Después de justificar la importancia del sitio donde nací y como buen o mal ejemplo que hemos sido a lo largo de la historia y después de haber vivido los primeros cien días con una nueva corporación municipal que ha supuesto una patada a seguir en términos deportivos, de lo que venía siendo la anterior y después de escuchar opiniones de todo tipo hacía los políticos, sus gestiones y colores que representan, me apetece hacer unas cuantas valoraciones personales para celebrar estos cien días de gobierno. Al fin y al cabo, tengo todo el derecho del mundo a hablar en mi pueblo, de mi pueblo.

 

Torrejón es políticamente diferente al resto de España, ya que reúne una característica que solo es compartida por otra ciudad gallega. Ignacio Vázquez Casavilla, nuestro actual alcade, consolidó su gestión al ser el más votado del país. Este detalle, que normalmente nos gusta o no dependiendo del color que nuestros abuelos representaran en la guerra civil, aunque no hayamos abierto en la vida un libro y no seamos capaces de pensar por nosotros mismos, es muy significativo, ya que los resultados que a nivel nacional obtiene el Partido Popular en los votantes torrejoneros, no son los mismos que cuando votamos nuestra política local. Este detalle es más todavía importante, cuando hablamos de una ciudad de 130.000 habitantes, donde no se vota a la persona, sino por su grandeza, a la gestión de un conjunto de políticos.

 

No todo el mundo sabe que el pleno torrejonero se compone de veintisiete concejales y que por tanto, son catorce los necesarios para alcanzar la perseguida mayoría. Y no todo el mundo puede entender, que lo idílico para cualquier gobierno, es llegar al concejal justo con la que permitir una gestión sin trabas y sin generar compromisos para con los tuyos. ¡Catorce en Torrejón!

¡Me acuerdo perfectamente! No eran ni las diez de la noche del día de las últimas elecciones autonómicas, me encontraba dando una vuelta al Cid en aquellas Juras de Santa Gadea que supondrían su destierro de Castilla. En ese momento me alertaron de que el Partido Popular de Torrejón podía haber obtenido 19 concejales, lo que a groso modo podría indicar, que siete de cada diez personas habrían decidido que Vázquez fuera su alcalde. ¡Tremendo! Tremendo desde el desconocimiento político y de gestión incluso empresarial, pues esto suponía diecinueve concejalías que cubrieran los compromisos y promesas lógicas que normalmente se hacen a los posibles electos que forman parte de una lista.

 

Ya han pasado cien días y me he preocupado de valorar desde un punto de vista sociológico por lo actual de este proceso, qué ha pasado en el Ayuntamiento en el que pago mis impuestos y por qué no decirlo, muchas multas. Me acabo de acordar que tengo alguna pendiente y pasada de fecha. ¡Me costará más dinero y de momento lo tengo!

 

En esta última semana, he podido saber que hay tres concejales sin cartera y que en relación a los cargos de confianza se refiere, el actual número que han sido nombrados, me resulta corto para el trabajo que hay en este consistorio, comparado además, con otras localidades de nuestra Comunidad, mucho menos extensas y con menos infraestructuras, pero que mantienen ratios superiores. ¡Todas las estadísticas las tiene José Félix!

 

Me he informado de la deuda real y vigente que tenemos cada torrejonero y anticipando que mi experiencia me da una visión diferente al populismo barato como táctica demagógica, tengo que decir que debemos mucho menos dinero del que creía en relación con el trabajo hecho. Conozco muchas y diferentes administraciones y cada una tiene su forma de gobernar. Estoy cansado y he asesorado a numerosos gestores públicos, sobre la necesidad de endeudarse hasta lo permitido, para dar a la gente la calidad de vida que necesita. Cuando se trata de economía, hay que valorar dos cuestiones. La primera de ellas es que todo está inventado y aunque podemos ser capaces de encontrar nuevas formas de enriquecimiento particular como individuo, es totalmente imposible anticipar nuevas gestiones que impliquen algo más que simplemente abaratar costes. Es decir, que si quiero que en mi pueblo la gente viva mejor, tengo que gastar lo más y mejor posible. Si bien la consecuencia de esto supone una deuda, debemos  pensar que este dato solo se usa como arma arrojadiza. ¿Cómo se desmonta esto? Pensand que no podemos equiparar los problemas que genera la deuda con un banco, una hipoteca impagada o una clásica letra devuelta en el entorno particular, con lo que le supone a un ente público. Y de ahí, de ese no conocer el funcionamiento de la administración, derivan las dudas que tenemos sobre las decisiones políticas para con el gasto. Por mi parte tengo que decir, que ojalá mi ayuntamiento debiera al fisco, tres o cuatro veces el montante actual, ya que nuestro padre en forma de Estado, se preocupará de que no nos pase absolutamente nada. ¡Tranquilidad!

 

En relación a expectativas futuras, tengo que reconocer que hay temas sobre los que no estaba al día y la información con la que me he topado, me ha sorprendido gratamente. La Ciudad Deportiva, puentes, centros de enseñanza y residencias, parques y aparcamientos, hospitales y un Palacio de Justicia. ¿Todo en esta legislatura? ¿En dos? ¿En tres? Lo desconozco y me es indiferente pensar a quien le vamos a deber esta gestión, ya que podría incluso ser parte de un todo que empezó hace treinta o cuarenta años y la consecuente alternativa política. Para entender este párrafo, solo hay que preguntar sobre el antiguo campo de fútbol que teníamos y ser listos hasta el punto de comprender, que negligencias pasadas contribuyen a los aciertos futuros.

El progreso y los avances deberían ser mérito de todos. Y uno de los errores que se producen en la política actual, es que los parlamentos se han convertido en lugares donde se personalizan actuales guerras que nada tienen que ver con el ciudadano y que tratan de conseguir votos a base del desprestigio del contrario, del enemigo, del odiado. Siendo un poco avispado, esto que podría parecer lo más fácil como técnica para alcanzar un gobierno, tiene una durabilidad y la prueba la tenemos en Torrejón de Ardoz, donde haciendo caso omiso a este tipo de verbenas, el pueblo ha votado por dos motivos y aquí es donde quiero hacer llegar mi cariño y mi apoyo a la actual oposición y su cabeza más visible, ya que en lo que he podido comprobar, nada tiene que ver con la historia socialista reciente y anterior de nuestra localidad. 

 

El mayo pasado y por varias razones, voté al partido popular y he querido comprobar que después de esos cien días de análisis como plazo clásico, esa patada a seguir de la que hablaba antes, sigue generando y dando continuidad a los proyectos que harán que Torrejón crezca como merece a la vez que nos olvidamos de esos antiguos colores a los que antes me refería y que solo representan un vergonzoso pasado que hizo que España fuera la vergüenza del mundo.

 

Soy de los que piensa que la mayoría absoluta de un ayuntamiento debería de ser eterna, ya que la consecución de la misma, solo depende de darle a la gente lo que necesita. Creo en el clásico bipartidismo como una buena forma de hacer gobierno, sin que ello signifique alternancia. He convivido con alcaldes de todos los partidos y he aprendido mucho de ellos. Puedo hablar de mi amigo Valentín en Llerena, como un socialista que después de más de veinte años deja el cargo por decisión propia, aburrido de ganar elecciones a través de su simple y sencilla gestión, o de Lino en Pol como otro socialista que cada vez obtiene más confianza de los electores, hasta el punto de decidir dejar la Diputación para dedicar todo su tiempo al Concello que dirige. Conozco muchos édiles que podrían morir en su cargo con la edad de Matusalén y que incluso tienen las oposiciones a favor. No es gobernar el fin que un político debería de querer conseguir. ¡Ahí lo dejo!

 

Cuatro años menos cien días es el tiempo que tienen los populares de Torrejón para conseguir convencer una vez más y así llegar a los veinte años consecutivos de gobierno, plazo que igualaría lo conseguido por la izquierda en democracia. De seguir así, estoy seguro de que envejecerán en el poder, cumpliendo lo contrario de lo que Séneca proclamaba hace dos mil años. También quiero recordar que un pequeño detalle histórico, que cuenta que la izquierda a la que un día pertenecí, solo obtuvo la mayoría absoluta en las elecciones de 1983, teniendo que gobernar siempre en coalición con los antepasados de los proetarras actuales. Los populares cuentan sus cuatro últimas victorias, por mayorías absolutas, recordando que en otra ocasión y con Rollán, me refiero a Pedro no a Trinidad, gestionaron con 21 concejales.

 

Me considero un votante de gestión y por tanto de personas, huyo de las falsas ideologías que han quedado anticuadas y que obviamente solo esconden corrupción. No cabe duda de que para representar a los ciudadanos hay que ponerse debajo de un paraguas y que ese paraguas, por mucho que nos proclamemos independientes tienen un color. ¿Cuál es el color de antipatriotas, proetarras, independentistas y sonados defensores de pobres gallinas que son sistemáticamente violadas por el macho del corral? Ese no es el mio. ¿Tendrá algo que ver esto en los resultados electorales de mi pueblo? No tengo ningún problema con el actual socialismo torrejonero. Es más, estaría encantado que en las próximas elecciones y hablando de Torrejón, solo fueran dos los partidos con representación, quedando así erradicados los partidos creados para atentar contra nuestro Estado de Derecho. Para eso, es necesario que el grupo que actualmente encabeza un muy respetable Javier Castillo, deje muy claro que no es un oportunista que solo mira por sus intereses personales, cosa que yo tengo muy claro, pero que la mayoría del pueblo todavía asocia con aquellos que salían en los medios por denunciarse mutuamente, como consecuencia de las guerras perdidas por esos puestos en las listas que a muchos les procuraban un sueldo sin trabajar. ¡Me viene a la cabeza Andalucía y la gestión de los tres últimos presidentes y presidentas!

 

Después de leer este texto habrá dos tipos de reacciones. Unos pensarán que trato de adular al poderoso a través del cual quiero conseguir algo, otros pensarán que todo esto sigue siendo fruto de una venganza contra el entorno de aquel Gómez sobre el que todavía me pregunto a nivel particular, sobre cómo hizo para librase de la cárcel. Pero la realidad es otra y lo voy a explicar con un ejemplo.

 

Me gusta jugar al mus. Un día tenía enfrente a mi primo Metri, un clásico de torrejón, hijo de Nicomedes y Agustina, la hermana de mi abuela Victoria y por tanto primo hermano de mí padre. Teníamos la partida ganada, estábamos fuera y en la última jugada quiso un órdago que dio al traste con todo y nos tocó pasar por la barra del Hiedra a pagar. Salimos del bar, y le pregunté sobre que cojones había hecho. Si no le hubiera querido, no habría podido dormir en toda la noche., me contestó. Considerando que no hay nadie que tenga algo que yo quiera, ¿Me he explicado?.

 

Es así de fácil. Después de cien días de gobierno de los populares, las expectativas particulares que esperaba de ellos y por lo que me posicioné en su favor públicamente, con las consecuencias positivas para ellos que cualquiera que esta a mi alrededor, conoce o intuye en forma de votos, están sobradamente cumplidas y para comprobarlo no he pedido nada a nadie, ya que soy todavía capaz de observar, deducir y razonar, aunque sea a mi particular manera.