De mi preceptor: el no haber sido de la facción de los Verdes ni de los Azules, ni partidario de los parmularios ni de los escutarios

Marco Aurelio

 

Este artículo es algo inusual, más largo de lo acostumbrado y quizás, me temo, un poco indigesto y complicado. Sin embargo pido paciencia a los lectores.

La cita del emperador romano, extraída de su libro Meditaciones, se refiere a los bandos en que se dividían los espectadores del circo y los juegos de gladiadores romanos: apasionados en sus riñas y polémicas, sanguíneos en su pertenencia al grupo exactamente igual que las peñas futboleras de hoy, podemos imaginar cómo el empresario del circo contemplaba flemático a rojos y azules, parmularios y escutarios: podían pelearse y gritarse cuanto quisieran mientras siguieran pagando la entrada.

No es muy distinto el cuadro en la partidocracia actual donde somos siempre nosotros quienes pagamos el espectáculo. Dejaré abierta, por escrúpulo, la puerta a la existencia de algo que se pueda llamar democracia y no sea partidocracia; aunque no creo excesivamente en ello y menos aún en una sociedad compleja como la de hoy.

Pero entremos en materia. Con ocasión de las próximas elecciones, me parece oportuno hacer un poco de geometría políticapor así decir, para que cada uno pueda ver cómo la imagen habitual de la política, es decir la colocación en el eje izquierda-derecha, es no sólo insuficiente sino que esconde la verdadera realidad de las cosas. En parte esta imagen corresponde a una tendencia natural por simplificar y hacer más comprensibles las cosas; en parte es una herramienta de domesticación social, algo más elaborada que las facciones de los Verdes y los Azules de romana memoria, pero que a fin de cuentas sirve para lo mismo.

Vamos a tomar los cinco partidos principales que se presentan a las elecciones y ponerlos en el eje político tal y como nos lo presentan, que es la base para el 99% de las conversaciones sobre el tema.

 

 

Sin dar demasiada importancia a las distancias exactas, este eje representa el lenguaje político habitual: de la “extrema izquierda” de Podemos a la “extrema derecha” de VOX con los otros partidos en varias posiciones intermedias. Esta representación es la que da credibilidad a todo el sistema, en el sentido de presentarlo como una contraposición real de alternativas y una dialéctica política genuina. Sin embargo no se explica el estatus especial de VOX: por qué atrae tanta hostilidad, por qué es considerado “impresentable” y se le hace un “cordón sanitario” que (todo hay que decirlo) de todos modos tampoco es demasiado estricto. También necesita explicación el que VOX sea considerado “extremista” pero no así, o no en la misma medida, el partido de los revolucionarios de salón en la extrema izquierda. ¿Por qué? La explicación habitual, sobre todo en ambientes de “derechas”, es (más o menos) que la hegemonía ideológica de la izquierda ha orientado la opinión social y los medios de comunicación hacia este lado, sesgando y deformando la percepción general. Pero esta explicación, conteniendo una parte de verdad, es insuficiente; la parte de verdad que contiene no es comprensible si seguimos razonando de manera simplista en el eje derecha-izquierda. Se hace comprensible refinando nuestra manera de pensar la política y saliendo de este esquema caduco.

De esta manera, propongo a los lectores un ejercicio muy simple, pero que cada uno puede hacer por sí mismo y repetir en todas las salsas: representar en un plano las posiciones políticas usando dos ejes. Es algo que varios autores han hecho y tales esquemas son conocidos en la ciencia política, aunque por una natural tendencia es la representación lineal la que siempre domina el discurso público y los razonamientos, por lo mismo que en un conflicto termina habiendo dos bandos claramente definidos. Vamos a utilizar por tanto dos ejes para nuestro ejercicio de geometría política.

El primer eje, horizontal, lo llamaremos el eje economía-clases-gorroneo socialque en larga medida coincide con la percepción habitual. Sin embargo, corresponde sólo en pequeña medida a realidades y en gran medida a imágenes, ficciones y retórica bastante vacía. En efecto la relación de la clase social con el voto (izquierda para clases desfavorecidas y derecha para clases privilegiadas) es hoy bastante débil, excepto para las clases más altas y más bajas, pues casi todo es ya clase media. Ya sirve casi solamente para mítines y discursos.

En cuanto a la economía no son los partidos que deciden sino las lobbies, las fuerzas de mercado y la finanza internacional. Ninguno de los partidos arriba mencionados amaga remotamente querer cambiar este estado de cosas y a estos efectos son todos parte del mismo sistema.

El único significado real del ejeeconomía-clases-gorroneo social es diferenciar entre la mayor tendencia al liberalismo económico (derecha) o a la subvención de parásitos y vividores con pretextos sociales (izquierda). Aunque también aquí el gran gorroneo ejercido por la clase política y el Estado de las Autonomías no es puesto en discusión por ninguno de los partidos.

Por tanto este primer eje, que en gran medida es el de la dialéctica política izquierda-derecha como nos viene presentada, tiene más imagen que sustancia; su función es la de un decorado, la de generar una imagen de contraposición política que sólo muy parcialmente corresponde a realidades. Entre paréntesis, quien se sorprenda de la colocación de VOX que tome nota de su programa ultra-liberal en lo económico.

El eje vertical lo llamaremos el eje dictadura de género–ingeniería socialy representa el apoyo a las políticas de género: dictadura feminista, agenda LGTB incluyendo la ocupación del sistema educativo, con corrupción de menores e ingeniería sexual de los niños.

Según este criterio, en la parte inferior del gráfico tenemos a VOX, único partido que ha tomado posición contra las políticas de género; arriba están todos los demás, con matices diversos pero concordantes en lo esencial, pues todoshan demostrado su sumisión a las lobbies de la degeneración, apoyando por acción o inacción tales políticas.

Nótese bien: no estoy diciendo que este partido vaya realmente a cambiar las cosas o intentar seriamente esta dura lucha contra fuerzas muy poderosas. Lo que indico es que se trata del único partido que se opone en principio a las lobbies de género. Si los de VOX van en serio o al contrario son un fraude, es otra cuestión. No vamos a tardar mucho en saberlo pero creo que, al menos en este campo, se merecen por el momento el beneficio de la duda.

En este esquema dejamos naturalmente fuera otras cuestiones importantísimas como la unidad nacional y la inmigración, pero no pretendo hacer un análisis, sino sólo iluminar algunos aspectos de las cosas.

 

Hay además tres partidos inexistentes que aparecen como puntos fuera de la línea azul y que explicaré después. Por ahora observemos que en este gráfico es perfectamente visible el porqué de la demonización de VOX, que no está justificado por su posicionamiento en un eje izquierda-derecha, sino que depende de su oposición a la ingeniería social de las lobbies.

El esquema es muy simplista y estas consideraciones son en realidad elementales, además de dejar fuera muchas cosas. No se puede entender a base de diagramas la complejidad de la política (la política de verdad, no la bazofia partidocrática) pero tienen la virtud de hacernos salir del aún más simplista e inadecuado esquema derecha-izquierda con el que empezamos.

Veamos los otros tres puntos en el gráfico. ¿Qué son? Son posibilidades políticas presentes y futuras.

El punto rojo llamado “regeneración” es una posición identitaria española y europea, que se opone a la ingeniería social y las lobbies del género pero tiene un programa económico-social que no es ni liberal-capitalista ni izquierdista. ¿Una vía intermedia entre PSOE y Ciudadanos? Para nada, pues se trata de lo que una vez se llamó “tercera vía” que defiende políticas sociales pero, al mismo tiempo, rechazando el parasitismo y el gorroneo social; que esto sea incomprensible para la izquierda política no significa que no pueda hacerse. Una posición que respeta la iniciativa económica, asume el sistema de mercado y favorece el comercio; pero al mismo tiempo afirmando con fuerza que una nación, una cultura y una sociedad no son una empresa, que no se miden con el metro de los valores de la economía y que hay valores superiores a los valores de la economía.

¿Y los otros dos puntos? Corresponden a posibles partidos en un futuro no demasiado lejano de colonización étnica avanzada en España. El Partido A lo llamaremos “La chilaba y la farlopa” y representa a poblaciones musulmanas que quieren vivir del cuento a costa del trabajo de los españoles, o de la criminalidad; ni se adaptan ni quieren hacerlo, y han formado zonas de No-España dentro de España según el modelo de las periferias francesas. Rabiosamente pro-inmigración porque quieren continuar la reconquista del Al-Ándalus, se oponen desde luego a la ingeniería social y a la dictadura de género porque quieren sustituir la decadencia occidental con la ley islámica. Por tanto nada tienen que ver con los identitarios de “Regeneración” aunque se opongan a las mismas aberraciones.

Otro partido de inmigrantes, más digno y de más alto nivel que el anterior,  lo representa el punto B. El partido lo llamaremos “La chilaba y el arado” y en buena medida es la expresión política de una colonización demográfica del campo español despoblado, ahora trabajado por inmigrantes norteafricanos de primera o segunda generación.

No es que a los jóvenes españoles no les guste el campo en este futuro hipotético: siguen yendo a casas rurales yspa para recargar las pilas, pero la verdad es que no tienen tiempo ni ganas de cultivar la tierra u ocuparse de animales; les estropea su calidad de vida y su bienestar integral. Los votantes de “La chilaba y el arado” son gente que trabaja duro, no son sólo agricultores y ganaderos sino también pequeños trabajadores autónomos; son contrarios al gorroneo social y al capitalismo salvaje y de hecho en su programa económico se parecen bastante a los identitarios de “Regeneración”. Como los de “La chilaba y la farlopa” también son rabiosamente pro-inmigración y no toleran mierdas feministas y LGTB. En el gráfico estos rasgos posicionan a “La chilaba y el arado” muy próximos a los de “Regeneración” aunque, evidentemente, un abismo les separa de ellos. Las diferencias se podrían fácilmente representar con otro gráfico, pero no voy a sobrecargar inútilmente estas consideraciones porque el punto es otro.

¿Los de “Regeneración” son de extrema derecha? Para la propaganda del sistema actual sí; sin embargo para un liberal y para buena parte de la derecha sociológica serían sospechosamente izquierdistas. ¿Los de “La chilaba y la farlopa” son de derechas o son de izquierdas? ¿Y los de “La chilaba y el arado”?

Se trata evidentemente de preguntas ociosas y absurdas, sin significado y sin una válida respuesta.

Concluyendo ya, el objeto de este pequeño juego de geometría política no es otro que invitar a la reflexión y mostrar, aunque sea de manera muy simplificada, cómo la falsa dialéctica izquierda-derecha es inadecuada para representar la verdadera dimensión de la política. Además de ser engañosa porque, de hecho, es un instrumento para tenernos contentos y entretenidos, mientras nos apasionamos en nuestras entrañables peloteras entre parmularios y escutarios.