Durante estos pocos meses de Gobierno de P. Sánchez, (el de la tesis dudosa) se ha puesto en evidencia que al Ministro de Interior, Grande Marlasca, le ha tocado un papel semejante al que tiempo atrás hiciese el exministro de Economía, Pedro Solbes, cuando optó por defenestrar su anterior prestigio profesional, negando una crisis que todos conocíamos y que en realidad, más que crisis, era una debacle económica sin precedentes. Pedro Solbes ha reconocido posteriormente que se vio obligado a mentir, pero lo ha hecho después de dimitir de su cargo y sobretodo cuando Rodriguez Zapatero ya no era Presidente de Gobierno.

¡A buenas horas mangas verdes! Negar la existencia de un problema evita tener que adoptar las medidas propias que la gravedad de la situación requiere, por eso es más cómodo mirar para otro lado y decir “no pasa nada”, pero no es una actitud leal ni valiente tampoco.

 

Las agresiones por razones de odio contra personas, viviendas y vehículos, se están multiplicando y no bastan unas frases tranquilizadoras pronunciadas en rueda de prensa, por el contrario añaden malestar y preocupación a una ciudadanía que se sabe desprotegida. Los golpes, los insultos, las amenazas, las coacciones, etc, proliferan y siempre las reciben los mismos: quienes lucen la bandera de España; los que defienden la Constitución vigente; los que respetan las leyes de Orden Público y la convivencia en general. Se está deteriorando nuestra seguridad día a día, como años atrás decaía por momentos la economía, y tanto ayer como hoy vemos la inacción y la pasividad de Ministros que no se muestran dispuestos a reconocer la evidencia de los hechos.

 

Las dos acciones más relevantes de Grande-Marlasca en casi siete meses de ejercicio han consistido en “retirar la confianza” al Coronel de la UCO de la Guardia Civil, Sr. Sánchez-Corbí, y en abrazar efusivamente a la Ministra de Justicia, Dolores Delgado, por haberle llamado lo que no voy a repetir puesto que todos perfectamente recordamos. No es suficiente, Sr. Ministro, para tan corto viaje no se necesitan alforjas.

 

Desde junio aumenta la violencia en detrimento de la seguridad, estamos hablando de esa violencia que afecta a hombres y mujeres por igual, sin distinción de sexo, ni de edad, que lo mismo la sufre una mujer de origen ruso, golpeada en plena calle por retirar lazos amarillos; que la vivienda del Juez LLarena; le dan puñetazos a Kake Minuesa el día 21 en Barcelona cuando informaba para Intereconomía Televisión; escupen e insultan a la periodista Cristina Seguí en Valencia; atacan a los agentes de Policía y Guardia Civil en la valla de Ceuta, o Melilla, o dónde se encuentren en cumplimiento de su deber; hay violencia a las puertas de actos de Vox en Murcia, durante una concentración en Gerona, etc; pegan a un abuelo que recogía restos de lazos amarillos mientras paseaba al nieto, cualquier motivo sirve para que los violentos se sientas provocados.

 

Lo último ha sido la brutal paliza que el jueves pasado recibió un guardia civil, estando fuera de servicio, por entrar a un bar almeriense vistiendo un polo con los colores de la bandera de España. Todo muy parecido a lo que ocurrió a Víctor Laínez en Zaragoza el pasado año, con la diferencia de que esta vez la víctima afortunadamente no ha muerto, y de que los agresores fueron los propios trabajadores del local. La vida de cuarenta y seis millones de españoles no puede hacerse depender de la suerte, no basta tomar medidas que aseguren el continuo trasiego de Pedro Sánchez. ¿Hechos puntuales?.

 

Todos los daños se han producido a mujeres y hombres no independentistas, a personas comprometidas con la Unidad de España, con la salvaguarda del ordenamiento jurídico. ¿Es una provocación en España lucir un distintivo con la bandera española? ¿Quién se atreve a ello debe atenerse a las consecuencias? ¿Vivimos en un Estado de Derecho en el que unos pueden campar a sus anchas?.

 

Son preguntas que el Ministro de Interior se debe hacer y responder en consecuencia. En materia de seguridad hay que actuar antes de que ocurran cosas que todos tememos y que ya no tengan solución, la pérdida de una vida es un daño irreparable, como dijo en su día el Ministro de Interior a él “le importan los actos más que las palabras”. Y a nosotros también, nuestra seguridad es una exigencia primordial y no nos bastan las palabras.