¿Es posible que alguien lo dude?

 

¿Es posible que alguien no estuviera viendo la sonriente sombra de Abascal paseándose tranquilamente entre ese grupo de verduleras chillonas y el aficionado a maestro que aparecían en la pequeña pantalla?

 

¿Es posible que a alguien no le viniera a la mente la figura de Abascal en algún momento a lo largo de tantos minutos de tedio y repetición marchita de ideas prácticamente iguales unas a otras?

 

Ante cada una de sus frases manidas echábamos de menos los originales lemas de Abascal.

 

Ante sus propuestas siempre dentro de lo políticamente correcto, nos sonaban en los oídos los desafíos de Abascal a esa corrección que tan cobardemente ha pretendido evitar, sin conseguirlo, que no estuviera presente en el debate.

 

Ante sus constantes guiños de los candidatos a sus partidarios, a los que se han dirigido de forma exclusiva con estrechez de miras impropia de personas que aspiran a la presidencia del gobierno, nos han faltado como nunca las incluyentes y generosas llamadas de Abascal a España entera.

 

Ante los ficticios ataques que solamente provocaban risas entre ellos, como si todo en ambos debates fuera artificial y correspondiera a diálogos previamente pactados, nos pareció una ausencia insufrible no poder escuchar la fuerza expresiva y el coraje de Abascal, que habrían cortado en seco las risas huecas de esos candidatos vacíos.

 

La presencia poderosa de Abascal estuvo en los debates, y lo estará en el Parlamento que saldrá de las urnas un nuevo día histórico para España: el domingo 28 de abril.

 

Estuve en el acto de fin de campaña en las elecciones andaluzas del año 2018 en aquella carpa inolvidable junto al Guadalquivir. Allí, al ver el entusiasmo desbordante de los participantes y sentir en carne propia el ambiente que se vivía en las calles de Sevilla, a pesar de los sombríos pronósticos de los encuestadores oficiales, dije a la persona que me acompañaba: Vox va a conseguir diez escaños. A la salida del colegio electoral en el que estuve como apoderado de Vox el día de las elecciones, empecé a recibir en mi teléfono información sobre los resultados y me di cuenta de que yo también me había equivocado: fueron 12 escaños.

 

Ahora, cuando me llama un amigo mío para contarme que se ha llevado una sorpresa porque su empleada de hogar le ha dicho con firmeza que va a votar a Vox, mientras él aún está dudando si hacer lo mismo o no; cuando veo el video de ese valiente trabajador dando una lección de coraje político a un reportero de cartón, expresando que tanto él como su mujer van a votar a Vox, recuerdo el ambiente de Sevilla.

 

Y es que Vox ha conectado con las clases populares, las que votan con el corazón, las que tienen más intuición política que todos esos engreídos y dubitativos votantes que están dispuestos a creer en cualquier razón que les lleve a no cambiar de partido al que votar para no correr riesgo alguno.

 

Gracias al voto de esas clase populares Vox va a entrar con una fuerza sorprendente en el Parlamento español.

 

Deseando que sea así, escribo estas líneas pensando en todos sus votantes de esas clases populares, y pidiendo a Vox que no les defraude.