Una vulnerabilidad de WhatsApp, propiedad de Facebook, ha sido utilizada por el grupo israelí NSO para rastrear la actividad informática de políticos, abogados y activistas todos ellos “disidentes” de ciertas posturas políticas críticas con gobiernos como Arabia Saudí, Méjico y Emiratos Árabes. Esta noticia ha sido hecha pública por Russia Today y la agencia Reuters el pasado día 14 de mayo. La gota que ha colmado el vaso fue el ataque informático sufrido por un responsable de Amnistía Internacional (AI) el pasado mes de agosto de 2018, por una herramienta del Grupo NSO conocida como “Pegasus”, un programa que se instala tanto en dispositivos Android como iPhone.

 

Según el comunicado de AI, dado a conocer por la propia vicepresidente de Amnesty Tech, Danna Ingelton, el grupo NSO vende herramientas informáticas a países que violan los derechos humanos, “permitiendoles rastrear a activistas y críticos”. Por ese motivo AI ha presentado el pasado día 14 una demanda ante la corte local de Tel Aviv, alegando además que el Ministerio de Defensa israelí ha ignorado sistemáticamente las acusaciones de AI contra el Grupo NSO.

 

La duda que nos suscita esta noticia es hasta donde llega la utilización de la vulnerabilidad de WhatsApp por parte de gobiernos de uno u otro lugar y si se limita solo al caso denunciado por AI. Hoy día internet posee tanto poder que en breve tendrá la capacidad de borrar a alguien del mapa… al menos virtualmente. Por ejemplo, según Mark Di Stefano en el portal de noticias BuzzFeed.News, la organización global SumOfUs, comprometida con múltiples causas casi todas relacionadas con la agenda política de la izquierda planetaria (matrimonio homosexual, lucha contra la “discriminación”, contra la “islamofobia”, etc), ha forzado a que MasterCard considere rastrear y bloquear los pagos de la “extrema derecha” a nivel global. Este es precisamente el caso de Tommy Robinson, cuyo verdadero nombre es Stephen Yaxley-Lennon, un activista británico fundador de la English Defence League, que se ha visto obligado a solicitar donaciones vía Visa, American Express y MasterCard porque PayPal y FaceBook bloquearon su plataforma de donaciones. La cosa tiene su importancia porque Robinson se presenta como independiente para las elecciones europeas del próximo domingo. En una entrevista que puede verse (¿todavía?) en Youtube, Robinson dice, “estoy siendo totalmente despersonalizado” (un-personed) y añade “¿qué será lo próximo, mi contrato telefónico?”.

 

Es cierto que SumOfUs ha aplicado este mismo criterio a algunas organizaciones de izquierdas pero en general puede decirse que los temas que le preocupan son los que hace suyos todo “progresista” que se precie. En realidad, el caso de SumOfUs no es diferente de los “fiscales” especiales que proliferan en los países europeos, con el cometido expreso de perseguir a los enemigos de lo políticamente correcto. Nadie parece preguntarse quienes son estas personas y estas organizaciones para censurar la opinión de millones de personas con la excusa de que “difunden odio”, al tiempo que convergen en su estrategia con organizaciones de izquierda nacidas al amparo de la lucha de clases, ejemplo paradigmático de odio donde los haya.

 

A rebufo de organizaciones de este estilo se está construyendo una dictadura planetaria no solo al margen de los estados sino capaz de doblegar a los estados, una dictadura que hace causa común con consorcios informáticos y financieros, a los que se ha dado la herramienta potencial para inmiscuirse en nuestras vida a través de WhatsApp, Facebook o nuestra tarjeta de crédito. Al final, cada vez más la democracia retórica cede su lugar a una democracia real que significa en realidad la gestión por un poder omnímodo, distante y aparentemente tecnocrático, al que nadie votó y que se sitúa totalmente fuera del teórico control ciudadano.

La profecía de Juan Donoso Cortés jamás estuvo tan cerca como ahora.