El ministro de Interior en funciones, Fernando Grande-Marlaska, ha repetido su propósito de modificar las leyes de concesión de medallas y condecoraciones para poder retirar los méritos al expolicía secreto del franquismo, acusado de gravísimas y reiteradas torturas, Antonio González Pacheco, siniestramente conocido como Billy el Niño. Bla, bla, bla. Huera charlatanería. A la vez que Marlaska rebuzna semejante declaración de buenas intenciones, el pasado 23 de septiembre condecoró al general marroquí Abdellatif Hammouchi, Director General de la Seguridad marroquí, evadido de la Justicia francesa y presunto torturador de tres presos políticos saharauis. Marlaska, eres de chiste.

 

Marlaska, callado como una puta ante las torturas

Es rancia y proverbial tu acrisolada y nula voluntad como magistrado en mi tierra vasca a la hora de investigar las denuncias de tortura. Más de 200 detenidos en operaciones judiciales ordenadas por vuecencia denunciaron torturas. De las nueve veces que, desde 2004, el TEDH (Tribunal Europeo de Derechos Humanos) ha condenado al Estado español por no investigar torturas, en seis fuiste el juez instructor. En los seis casos mencionados se consiguió demostrar fehacientemente que nada hiciste por investigar o evitar las torturas o malos tratos durante el tiempo de incomunicación. Sobre el particular, recuerdo, no ha tanto, cómo el extraordinario periodista de Gara, Alberto Pradilla, te humilló, tres hurras, con brillo, elegancia y donaire.

Era un programa de Euskal Telebista. Alberto se refería a la denuncia de tortura interpuesta por Beatriz Etxebarria. Etxebarria reseñó que en la detención, en el año 2011, fue violada en los calabozos, pero el juez instructor, a la sazón, tú, perínclito, no hiciste el más remoto caso. La Audiencia Nacional te tuvo que afear la conducta. Hubo de repetir el juicio contra la denunciante Beatriz Etxebarria, Iñaki Zapirain y Saioa Sánchez, después de que el Tribunal Supremo revocara la condena dictada en su día por no haberse investigado las denuncias de tortura de los acusados. Son etarras, sí, pero dejar de investigar una probable violación en comisaría te retrata.

 

El sangrante caso de Unai Romano

Entre el 6 y el 11 de septiembre de 2001, el vitoriano Unai Romano permaneció incomunicado en manos de los picoletos. Un tenebroso abismo de cinco días con sus respectivas noches. Cada minuto de tortura es un minuto eterno. Cuando finalmente se recuperó, quiso dejar por escrito el relato minucioso de esas atroces jornadas. En un momento dado de su relato recuerda su encuentro con este aciago juez: "Empieza la toma de declaración ante el juez, respondo a las preguntas y niego las acusaciones (de colaboración la banda asesina ETA). Cuando me pregunta si quiero añadir algo más le comento las torturas y malos tratos que he sufrido y empiezo a contárselas. Al cabo de medio minuto, me interrumpe diciéndome que lleva muchos años trabajando con la Guardia Civil y que mucha gente dice sufrir las torturas y que no me cree. Dice también que además, al no haber declaración policial, que ése no es el sitio indicado para denunciarlo, y que vaya al Juzgado para poner una denuncia”.

Terrorífico. Tras conseguir llevarse a los depravados tribunales españoles esta denuncia, el juzgado de instrucción número 25 de Madrid acusó al denunciante de falsificar un documento sobre su propia tortura. Y de autolesionarse deliberadamente. La médico forense rizó el rizo: el denunciante no tiene actitud de torturado. Cuestión desestimada.

Tan solo con ver la foto que precede a esta columna, el asunto deviene escalofriante. ¿Pero alguien puede ser capaz de autolesionarse hasta el punto que nos muestra la imagen? El asunto de las torturas en España es una puta vergüenza y un puto asco. Sin matices. Deviene cadena implacable y despiadada. Primero, las torturas. Segundo, la humillación ante el juez instructor. Tercero, absolución sistemática de los torturadores. Cuatro: en el improbable caso de que se condene a un madero, posterior y veloz indulto. Quinto: ascensos y medallitas. Puto asco.

 

En España se tortura. Y mucho

En España se tortura, eso es algo suficientemente probado, pero parece que sigue siendo un inquietante tabú hablar acerca de ello. Parece que tan solo se tortura en Afganistán, Guantánamo, Venezuela o en cualquier otro remoto lar. O, pareciera, que los maderos solamente son malos malosos cuando torturan a los “míos”. Hemiplejia moral. Marlaska, supiste y nada hiciste. Vergüenza y asco de juez y ministro. Tal vez de persona. En fin.