José María Castillejo Oriol. Genio, figura, rancio abolengo, gruesa estampa y transparente bonhomía. Del cénit al barro. Te birlaron Zinkia Entertainment, S.A, la esplendorosa empresa que pergeñaste. Ésta, paridora del simpático Pocoyo, llegó a frisar los 40 millones de euros en valor bursátil y en su entorno especulaban con transformarse en el germen de un Pixar europeo con asiento en España.

Escasos años después, todas sus cuentas y propiedades embargadas. Henchido de gloria, peregrinaste hacia la ruina más absoluta. Hoy, amigo, juras que sobrevives de la fraterna caridad en un piso “pequeño como la suela de un zapato”, en el malhadado barrio madrileño de Puente de Vallecas. Como te comenté en su día, evocando la excelente La leyenda del indomable, ocurra lo que ocurra, no pueden arrebatarte la sonrisa. Ni a Paul Newman, ni mucho menos a ti.

Combatiendo monstruos

¿Pero qué sucedió exactamente? ¿Cómo pudiste transitar con tanta facilidad del cielo al infierno? Viste y denunciaste, con tres pares de pelotas, lo obvio. Desde ese momento, impía venganza de la mafia judicial que nos esclaviza. Padeciste noticias falsas, quiméricas denuncias, venenosas campañas mediáticas que afectaron tanto a tu reputación como a la de Zinkia.

La Justicia, en nuestra patria, según tus clarividentes palabras, puro “corporativismo y corrupción”. Llegaste a afirmar que “la Camorra italiana se queda corta” para referir el asqueroso sistema judicial español. Tras la aparente destrucción, comenzaste, preclaro gentilhombre, a "deshacer agravios, enderezar entuertos, enmendar sinrazones, mejorar abusos y satisfacer deudas", como hábilmente expresa nuestro Alonso Quijano. Te enfrentabas, no a molinos de viento, sino a "desaforados" gigantes. De verdad. Auténticos monstruos, cobardes y viles criaturas, pero con muchísimo y tiránico poder. 

Contra la camorra judicial, de frente

El pasado viernes, gran algazara. Prosigues con tu indeleble sonrisa. De las palabras a los hechos. De las musas al teatro. A través de la Asociación de Víctimas de Corrupción Judicial, con el inestimable apoyo del bufete Dédalo Legal, interposición de varias querellas ante la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo y ante la Sala de lo Penal del Tribunal Superior de Justicia de Madrid. Desmenucemos.

Contra el Presidente del Tribunal Supremo y también Presidente del Consejo General del Poder Judicial, a la sazón, Carlos Lesmes. Los siete miembros de la Comisión Permanente de dicho Consejo General del Poder Judicial que intervinieron en una determinada resolución. El Promotor de la Acción Disciplinaria de dicho Consejo, magistrado del Tribunal Supremo. Seis magistrados del Tribunal Supremo. Cuatro magistrados de la Audiencia Nacional. Y Diecinueve jueces y magistrados de otras jurisdicciones.

Delitos gravísimos e ¿impunes?

¿Los presuntos delitos cometidos por los togados? Graves de cojones. Rememoremos. Prevaricación judicial. Falsedad documental. Omisión del deber de impedir delitos o promover su persecución. Encubrimiento. Blanqueo de capitales. Tortura y/o tratos crueles y degradantes.

Amigo José María, no pierdas la sonrisa. Costará pasar de la certeza intelectual a la certeza penal. De la verdad moral a la verdad judicial, siniestra degradación de aquella. Cuando la zorra cuida el gallinero, las esperanzas se evaporan. Aunque acabes capitulando en esta enésima batalla, la guerra ya la ganaste. La guerra de la decencia contra la perversidad. La guerra de la honestidad contra la desvergüenza. La guerra, aunque suene grandilocuente, del bien contra el mal. En fin.