Son muchas las conclusiones que se están sacando desde que Vox ha irrumpido de manera espectacular en las elecciones andaluzas con sus doce diputados.

Casi ningún experto auguraba un resultado como el que ha conseguido el partido de Santiago Abascal, y más de uno se ha llevado un gran disgusto al comprobar que una nueva derecha puede tener representación parlamentaria.

Pero, en mi humilde entender, la irrupción de Vox ha traído consigo diferentes conclusiones. Para empezar, ha conseguido que toda la izquierda se una en la crítica a los resultados, que se demonice su programa electoral y que se tache de anticonstitucional a un partido que, hasta el momento, ha respetado escrupulosamente la Constitución y la legalidad vigente, incluso participando como acusación privada en el juicio por todo el proceso catalán.

Además, ha conseguido que al analizar sus resultados, se haya visto como sus votantes provienen de muy distintos estratos sociales y, en anteriores elecciones, habían votado a partidos muy alejados en ideología y valores.

Defender a tu patria, sacar su bandera a pasear, estar orgulloso de ser español, que te gusten sus tradiciones –toros, caza, semana santa, chatear con los amigos …- no tiene que ser un pecado ni te tienes que avergonzar de tus aficiones, por mucho que a los modernos progresistas les encante echar tierra contra todo aquello que pueda oler a español.

Por eso, cuando uno analiza la aparición de Vox, independientemente de sus creencias políticas y de su afiliación, debe agradecer que su llegada al panorama político español ya que ha conseguido que, por primera vez en mucho tiempo, se pueda decir, sin complejos, que uno es de derechas.

No se sabe que va a pasar en las próximas elecciones que se convoquen, aunque según dicen todas las encuestas, queda claro que Vox ha venido para quedarse y para crecer. No se sabe, siquiera, cuando se van a convocar Generales, pero cuanto más tiempo pase, más fácil será que el traspaso de votos desde los demás partidos sea mucho mayor, sobre todo, si insisten por la vía del insulto, la estrategia del miedo y la inacción ante asuntos nacionales de una extrema gravedad como los que están sucediendo en Cataluña, por las deudas pactadas para llegar al poder con los nacionalistas cuyo único interés es la ruptura.

Y en el mientras tanto, aquellos que somos conservadores, que tenemos creencias cristianas, que nos gusta sentirnos españoles y llevar con orgullo nuestra bandera, vivimos en familia, nos encantan nuestras tradiciones y queremos lo mejor para España, ya podemos decir que somos de derechas, sin complejos.