Acabo de escuchar a la ministra de Defensa, doña Margarita Robles, afirmar que cuando se entra en las Fuerzas Armadas se sabe que el riesgo existe. Lo ha declarado en la COPE, a propósito del accidente de un avión de instrucción de la Academia General del Aire en el que perdieron la vida el comandante Daniel Melero y la alférez Rosa María Almirón.

 Evidentemente, el riesgo existe. Se corre un riesgo cuando uno se sube a un avión. Incluso aunque no sea de instrucción militar, con más de 30 años en uso. Se corre un riesgo cuando uno se sube a un tren, a un autobús, a un coche particular. Se corre un riesgo cuando uno sale de su casa, y cuando se queda dentro. 

Esto lo sabemos -o lo deberíamos saber- todos. No siempre es así, y hay cenutrios que saltan de balcón en balcón y luego sus familiares -ellos no, evidentemente- se quejan porque las barandillas no eran suficientemente altas. Los hay que se meten en la montaña sin mirar el parte meteorológico, y luego se quejan porque el rescate ha tardado más de lo que su estupidez les indicaba como tiempo estimado para que otros se jugaran la vida por ellos.

Pero, por término medio, cuado la gente se sube a un tren, a un autobús, a un avión, lo hace con una cierta seguridad -no siempre justificada, aunque legalmente exigible- en que el aparato ha sido revisado, está en las mejores condiciones de funcionamiento, y todo lo previsible se ha previsto.

Aún así, ocurren accidentes. Un accidente es, por definición, el "suceso eventual que altera el orden regular de las cosas". Pero si en una aerolínea cualquiera se producen dos accidentes mortales en menos de un mes (el pasado 26 de agosto ocurrió otro que le costó la vida a otro piloto), esa aerolínea quedaría bajo vigilancia, se le harían todo tipo de auditorías y de investigaciones.

No digo que en el Ejército del Aire no se hagan esa investigación de los accidentes. No digo que estos dos accidentes seguidos guarden relación. Hay veces en que la mala suerte se ceba, y no hay otro motivo. Lo que si digo es que, si la presidenta de una aerolínea dijera que los pasajeros fallecidos en accidentes de sus aviones sabían que había riesgo, no duraría medio minuto en el cargo.

Porque si nos ponemos así, vivir es una cosa muy peligrosa de la que nunca se sale vivo. Pero parece que resulta algo más peligroso cuando la ministra de Defensa es una señora Robles, que viene a decir públicamente que los militares ya saben lo que hay cuando se alistan.