Lo ocurrido, esa penosa, innecesaria, indecente, chapucera y estúpida intromisión en la soberanía boliviana coloca a España, a la España ya declaradamente frentepopulista, a la altura del betún internacional y nos convierte en referencia de nación bananera, desgobernada por una cuadrilla de alucinados creídos de sus propias mentiras que son todo lo que piensan y lo que dicen.

Evidencia el totalitarismo que poco a poco viene cayendo sobre nuestra patria cual losa granítica, a la que sepulta cada día un poco más.

Desde la Moncloa se utiliza en favor propio y de los amigos y socios ideológicos, nunca de España, todos los estamentos estatales, porque en todos ha calado desde hace décadas no sólo la corrupción material, sino la más peligrosa que es la ideológica, la partidista.

La corrupción para llegar al poder, y el poder corrupto para corromper y conseguir aún más poder en el que mantenerse a toda costa.

España no importa, sólo el partido y su líder, el PSOE y ahora Sánchez, un engreído, megalómano, indigente intelectual, degenerado moral y enajenado mental al más puro estilo hitleriano o estalinista, dos extremos que se tocan; apoyado en la esencial muleta comunista, Podemos --la cabra socialista siempre tira al monte comunista--, y en la indispensable querencia y asistencia separatista de ERC, Bildu y PNV; o sea, la anti-España de siempre ahora rediviva.

Se impone, se asume y acepta por los funcionarios de cualquier clase la obediencia ciega, la sumisión más deplorable y abyecta. Ni la cúpula policial, ni el jefe de los GEOS, ni los propios geos han sido capaces, han tenido el valor personal, de decir NO a tamaño despropósito.

Incluso en lo operativo ya sabemos los GEOS que tenemos, y la Policía y la Guardia Civil por extensión: además de la corrupción del “sí buana”, carcome a tales instituciones la de la ineptitud, la de creer que por ahí fuera son tan idiotas como nosotros, la de la prepotencia y la soberbia.

¿Y la oposición? Tal para cual. Ante hecho tan grave y lamentable se ha limitado a un postureo cobarde, ineficaz y estúpido, porque ante lo ocurrido debían haberle dado a Sánchez 24 horas para que dimitieran o fueran cesados Marlaska  --por cierto, según Carmen Calvo es maricón--, el jefe de la Policía y su plana mayor, el jefe de los GEOS y los actores del hecho, así como Margarita Robles (a) la mofletes, ministro de AA.EE. en funciones; y no sólo eso, sino que todos ellos deberían ir directamente a la puñetera calle. ¿Y si no? Si no toda la oposición en pleno debería haber abandonado ya el Parlamento en defensa de la democracia y la Constitución, del respeto al pueblo soberano y a la dignidad nacional. Pedir una comparecencia de Sánchez es hacerle el juego, es tratar con paños calientes a quien sabemos que o no va a comparecer o si lo hace será dentro de un mes y mintiendo cual bellaco.

El hecho tiene además una segunda lectura que es importantísima: la cosa ha ocurrido en Bolivia, donde se persigue por fin y de verdad a Monedero, en su día tesorero de Podemos, y, más aún, donde sus instituciones más importantes, FF.AA. y Policía --como en cualquier nación que se precie--, tuvieron las agallas, el patriotismo, la dignidad, la unidad interna y la capacidad de largar con viento fresco al tirano demagogo Evo Morales en cuanto se le ocurrió saltarse las normas electorales, es decir, vulnerar la Constitución en lo mínimo. Aquí, por el contrario, y al igual que viene ocurriendo en Venezuela, que no duden que es nuestro espejo hoy por hoy, nuestras FF.AA. e instituciones policiales, Guardia Civil incluida, claro, son en realidad, con su silencio cómplice, su dejar hacer, su sumisión, el incumplimiento de sus obligaciones constitucionales y su ensimismamiento, quienes realmente, mucho más que los partidos anti-españoles y la mediocre oposición, sostienen al tirano que se mea cada día en nuestra Constitución que, más que por defectuosa, que también, está siendo destruida, y con ella nuestra unidad y convivencia, por ese silencio cómplice, por ese proteger el carguito a toda costa, por ese aparentar, por ese mirar para otro lado.