Que nadie se dé por aludido, pero si nos ponen el foco de atención en los beneficios extraordinarios que podemos conseguir, cualquiera es capaz de engañarnos. Supongo que será por nuestra codicia innata, pero me parece mentira lo sencillo que es timar a la gente. Y reitero que hablo en general, sin particularizar. Tuve en mi juventud un compañero de equipo, argentino, que sostenía que era posible cualquier timo, fuera el que fuese, pero era preciso un timador ingenioso, audaz, original, y capaz de improvisar. Se necesitaba un plan, tener la valentía de llevarlo a cabo, utilizar un timo antiguo remozado para que pareciera nuevo, y, sobre todo, destreza a la hora de recomponer cualquier situación adversa. Cada timador se especializaba en una clase de timo, comentaba. Yo siempre me pregunté cómo era posible que el mismo timo lo repitieran una y otra vez y consiguieran tener éxito. Otro amigo me dio la respuesta. Me dijo que los seres humanos, en general, tropezamos siempre, si no en la misma piedra, sí en piedras parecidas. “Como muestra de ello – añade siempre- todavía se venden crecepelos”.

A mediados del siglo XIX, pero sobre todo durante el siglo XX, fueron, perdón, fuimos víctimas de un timo en forma de ideología de dimensión mundial y de consecuencias más que dañinas, ya que se calculan en más 125.000.000 las víctimas mortales de esta estafa sin precedentes llamada marxismo. Los timadores ofrecían el paraíso socialista, donde tendría más quien más lo necesitara, donde todos seríamos iguales, donde no habría necesidades pues el Estado se encargaría de cubrirlas y, por lo tanto, no sería necesario ganarse la vida. Marx y Engels, que así se llamaban sus propulsores, negaban, en el Manifiesto Comunista (1848) la sociedad tal cual era y proponían otra distinta a la que se llegaría, tras una revolución, basándose en la primacía de la clase obrera frente a la clase opresora, los capitalistas. Su crítica principal iba dirigida contra el concepto de propiedad. Obviamente, en los países que “disfrutaron” del paraíso comunista, nada de lo prometido se cumplió, ninguna de las metas sociales se alcanzó y, como decía otro Marx, Groucho, partiendo de la nada, alcanzaron las más altas cotas de la miseria.

Comenté al principio que un buen timador debe ser ingenioso, audaz, original y capaz de improvisar. Los distintos timadores marxistas que ha habido, han puesto en marcha muchas veces, de forma ingeniosa, audaz y original, su estafa, pero siempre cambiando algo del timo original para despistar a los que finalmente “disfrutaban” los beneficios que ofrecían. Así surgieron leninistas, estalinistas, trotsquistas, maoístas, gemeres rojos y más recientemente los bolivarianos. Qué les voy a contar: el mismo perro, pero con distinta cadena.

Y ahora, unos nuevos timadores han decidido volver a poner en marcha una versión mejorada para que los más timoratos de los primos piquen y se pueda consumar el fraude que se esconde detrás de sus “maravillosas” propuestas. Ofrecen una nueva ideología, la de género, que niega la naturaleza sexual tal cual es y proponen otras realidades distintas que darían como resultado una nueva sociedad, después de la revolución feminista, basada en la primacía de las mujeres frente a la clase opresora, los hombres. Su crítica principal no se dirige contra las relaciones derivadas del concepto de propiedad, sino contra las relaciones derivadas de una sociedad patriarcal, como son el matrimonio, el amor, la familia y los hijos. En esta sociedad, las mujeres, bajo el pretexto de la igualdad, tendrían más derechos que los hombres, (nosotras parimos, nosotras decidimos).

Recuerden que para que haya timo, siempre hace falta un “primo”. Y según estoy viendo, no faltan candidatos que, con toda seguridad, cuando “disfruten” del paraíso sexual que ofrecen y comprueben que nada de lo prometido se cumplió, y ninguna de las metas sociales sean alcanzadas, aunque no lo digan, seguro que pensarán lo mismo que el otro Marx, Groucho: partiendo de la nada, alcanzamos las más altas cotas de la miseria.