El domingo 2 de diciembre de 2018 hubo elecciones autonómicas en Andalucía en las que, a pesar de que el PSOE fue el partido más votado, la suma de los escaños conseguidos por PP, C´s y VOX permitía a estas tres fuerzas políticas intentar algún tipo de acuerdo para formar gobierno, como supongo todos ustedes saben que ocurrió.

 

Cinco días después, el viernes día 7 de diciembre del mismo año, la portavoz del Gobierno español, Isabel Celaá, comentó el resultado obtenido por su partido y, como no podía ser menos, defendió que debía gobernar la "legítima" ganadora, Susana Díaz, porque para eso su partido había obtenido más votos. Y por si con semejante razón alguien pensó que no era suficiente, manifestó que le resultaba difícil entender que PP y C´s se arrogaran el derecho a presidir la Junta de Andalucía aunque la aritmética parlamentaria se lo permitiera. Dos argumentos que, como ven, son de patio de colegio, demostrativos del enfado que sentía por la pérdida que para el PSOE suponía abandonar después de 40 años el poder en aquella comunidad autónoma. A nadie sorprendió una simpleza de tal calibre y, la verdad, nadie esperaba otra cosa. Porque, ya se sabe, los socialistas, al enemigo, ni agua.

 

Sí que sorprendió que reconociera que los resultados de VOX habían sido una sorpresa de lo más negativo. Dijo que éramos “el último país en sufrir el impacto de la extrema derecha”. Ahí es nada. No le gustó mucho que los votantes hubieran optado por dicha fuerza política. Muy educadamente dijo respetarlos, pero arremetió contra la posibilidad de que PP y C´s se apoyaran en los escaños de VOX, pues ello supondría blanquearlo. Para evitarlo, propuso la constitución de un gobierno constitucionalista y europeísta, presidido por el PSOE, obviamente, porque entendía que la irrupción de VOX suponía una clara amenaza para la calidad democrática de España, pues supondría un retroceso en el campo de las políticas sociales y, bla, bla, bla… Ya se imaginan la de comentarios similares avisándonos de lo malo que sería, no sólo para Andalucía, sino también para España.

 

Pero tan sólo 6 meses después de aquello, el discurso de Isabel Celaá ha mutado y, para sorpresa de propios más que de extraños, ha hecho un llamamiento para que los españoles asumamos "con naturalidad" que "todos los escaños, tanto de parlamentos autonómicos como de las Cortes Generales son legales y legítimos". Así. Tirabuzón triple y doble mortal atrás, sin red. Por eso me vino a la cabeza la canción de Presuntos Implicados, incluida la estrofa en la que se dice “así como el viento lo abandona todo al paso, así con el tiempo todo es abandonado”. ¡Qué transformación tan radical en sólo medio año!

 

Pero no se ilusionen. No es que haya cambiado de opinión. ¡Qué más quisiéramos muchos! No. Sus palabras tenían que ver con el pacto por el cual el PSOE había ayudado a Geroa Bai, la marca del PNV en las vascongadas, a hacerse con la presidencia de la Mesa del Parlamento, y que EH Bildu entrara en este órgano con una Secretaría. Fue por eso que salió Isabel Celaá a decirnos que, donde dijo “digo”, no dijo “digo”, sino que dijo “Diego”. Porque, al no haber ya en España ninguna fuerza política ilegalizada, todas las fuerzas políticas que han conseguido escaños son "legales y legítimas".  ¡Y a ver quién le puede llevar la contra ahora!

 

Pero el acuerdo no acaba allí. Hay más. Como contrapartida, la líder del Partido Socialista de Navarra, María Chivite, presidirá el próximo Gobierno de Navarra. Y, esperen, no se vayan, que aún queda lo mejor. De regalo, el PNV se comprometía, además, a conseguir que Pedro Sánchez superara su investidura convenciendo para ello a ERC y EH Bildu para que se abstuvieran, votando el PNV a favor junto con las chicas de Unidas Podemos, Compromís y el Partido Regionalista de Cantabria. Eso sí que son fuerzas constitucionalistas. No es lo mismo predicar que dar trigo, ¿verdad?