Lo he escrito en varias ocasiones: Sánchez es un hombre de suerte con el que yo no jugaría una partida de naipes (aunque asuma riesgos que le pueden llevar a aquella famosa combinación conocida como el póker de la muerte). Ahora bien, no es sólo suerte lo que le ha convertido en el llamado “okupa de La Moncloa”, también ha jugado un papel importante en ello su capacidad de leer correctamente la situación táctica de la política española.

 

El líder socialista, acaba de aprobar un Decreto Ley, a mi juicio con un fallo de redacción que crea una contradicción con la inasumible retroactividad de la ley, sin lugar a dudas viciado de anticonstitucionalidad, lo que le podría costar algún disgusto penal, para exhumar el cadáver de Francisco Franco. Un texto cuya disposición entra en colisión con las competencias autonómicas y que contiene un ejercicio cínico de blanqueo para intentar pasar por encima de la ley o esquivar el banquillo de los acusados. Sánchez y su equipo saben que su texto en un queso Gruyere, básicamente inconstitucional, pero han leído tácticamente la situación política de forma acertada para ponerla al servicio de su objetivo: ganar las próximas elecciones.

 

En este marco nos enfrentamos a un proceso largo que se va a desarrollar por entregas, porque a Sánchez y al PSOE les interesa que el debate esté vivo el mayor tiempo posible de cara a su objetivo final. De ahí que lo que se anunciara en junio como inmediato se transformara en el culebrón del verano. Ahora se estime que si todo va bien la exhumación no se pueda realizar hasta diciembre y, por si acaso, el Decreto da una moratoria de un año para llevarla a cabo.

 

Un año, porque trasladar lo escrito a la realidad no va a ser un paseo triunfal y Sánchez lo sabe y lo asume. Es lo que trasluce un texto que se instrumentaliza como arma de presión -es un texto que amenaza a la parte más débil frente al poderoso Estado, por lo que es totalitario, y en el escrito de un cobarde que busca que otros, el rey y el parlamento, sean cómplices de su fechoría-. En el fondo los redactores asumen que los impedimentos reales son la familia y el prior del Valle de los Caídos, porque, desde la reunión semiclandestina con el arzobispo de Madrid, la Iglesia, que no parece tener más boca que la de Osoro, se ha sumado a la presión; se ha sumado a la presión sobre la familia. Ha bastado que se produjera la amenaza con las listas de propiedades para que Osoro haya emitido el infame y cobarde comunicado diciendo que al final, si no hay otro camino, no habrá oposición. Algún día explicará que le han prometido a su eminencia reverendísima.

 

Sin embargo, sería ingenuo insistir en que sólo la revancha anima a Pedro Sánchez. La ideología de la izquierda, que ya no está contra el capitalismo (tardaron un minuto en decir, por ejemplo, que no tocarían la reforma laboral), se basa en la explotación de la ideología de la memoria, la ideología de género, el feminismo y la defensa de minorías explotadas. Franco es más que una revancha sobre el pasado, es también un elemento de antagonía ideológica que necesitan vivo. Frente a la nueva ideología de la izquierda la derecha y el centro no solo carecen de discurso sino que además asumen parte de ese discurso. Un terreno en el que Pedro Sánchez se encuentra cómodo porque la oposición es incapaz de ejercer su papel y lo sabe.

 

Se ha escrito que Sánchez ha resucitado a Franco y es cierto. Entre otras razones porque la izquierda necesita ideológicamente un enemigo para su discurso y Casado o Rivera no dan la talla.

Para Sánchez y para el PSOE el Generalísimo Francisco Franco vale 2 millones de votos.

Para Sánchez y para el PSOE el Generalísimo Francisco Franco vale 2 millones de votos. Esta es la trastienda de la exhumación y de un proceso que interesa alargar lo más posible. Por eso el primer plazo vence en Diciembre por si no logra, pese a la subversión parlamentaria planeada con PODEMOS para puentear al Senado, aprobar el techo de gasto y se tuviera que ir a elecciones. Así los plazos se irán alargando hasta las municipales y autonómicas o hasta una previsible convocatoria electoral a finales de 2019, si tiene que gobernar con presupuestos prorrogados o el viento electoral le viene de cara.

 

Franco vale 2 millones de votos porque es un tema sensible que ha provocado un debate social en el que se ha demostrado que existe una oposición de más del 40% a la exhumación (porcentaje que se ampliaría en función del cocinado de las encuestas), y el mantenimiento del debate contribuirá a que tenga un peso electoral. Sánchez asume que el PP e incluso Ciudadanos podrían dejarse un millón de votos por esta cuestión y que su papel como “el hombre que desenterró a Franco” puede darle un millón de votos de Unidos Podemos. No se puede pedir más.

 

Sánchez ha diseñado la tormenta perfecta, porque sabe que, al final, ni Ciudadanos ni el PP se atreverán a hacer nada por el miedo cerebral a que les llaman franquistas -Sánchez se ha dado cuenta que el fascismo es algo etéreo en España pero el franquismo es una realidad tangible-. Porque el castillo de naipes de Sánchez pasa porque no haya voto negativo en el Parlamento y mucho menos un recurso de inconstitucionalidad, dado que pudiera darse la circunstancia que otros tácticos del juego de tronos se abstuvieran porque, simplemente, pidieran más sabiendo que Pedro Sánchez, de momento, no les puede satisfacer. Pero si el PP no vota en contra y Ciudadanos se abstiene será un problema menor. Ni PP ni Ciudadanos se han dado cuenta del tremendo desgaste que sería para Sánchez un fracaso. Y atención porque en este camino el PP puede dejarse una quincena de diputados por los votos que no depositarán -habrá campaña de “No votes PP”- unos miles de españoles cabreados con el partido que fundaron varios ministros de Franco.

 

No quiero cerrar este primer análisis sin anotar que en ese Decreto Ley para exhumar al Caudillo es fácil percibir a cambio de que, para justificarse, el arzobispo de Madrid está dispuesto a entregar a Francisco Franco a sus enemigos, porque en vez de asumir el martirio prefiere lavarse las manos.