La Hispanidad es una unidad espiritual de un Imperio generador, no depredador como el anglosajón o francés. La Hispanidad  unió en un marco civilizatorio al nuevo mundo con el viejo, siendo la fuente de  22 países que tienen habla hispana y que consideran su madre patria  la antigua metrópoli, en píe de igualdad; con la religión católica y la lengua española como marco de encuentro y unidad. Ese ámbito civilizatorio creó las bases del Derecho internacional público, y de los derechos humanos, con Francisco de Vitoria y las leyes de Indias. Isabel la Católica puso en marcha una serie de mecanismos para mejorar la vida de la gente en los territorios inicialmente colonizados, que fueron impregnados de unas formas de vida más avanzadas para la época, con universidades, hospitales, nuevas técnicas agrícolas, e instituciones similares a las existentes en España, durante el siglo XVI, fundamentalmente.

Por mucho que la Leyenda Negra auspiciada por los enemigos seculares del Imperio Español predicaran atrocidades cometidos por los españoles, nada fue ni parecido a lo que hicieron los ingleses, los franceses o los holandeses allí donde hicieron una colonización depredadora, por ejemplo, en América del Norte. Aún recuerdo los filmes de indios y vaqueros, en mi infancia, donde se ensalzaba la cacería de indios, y se les presentaba como los malos. Se caracterizaba a los vaqueros, ocupadores de las tierras sustraídas a sus legítimos poseedores mediante la esquilmación genocida, como héroes. Hasta mediados del siglo pasado (el XX) aún se justificaba la extinción de los aborígenes en Oceanía, y no faltan los documentos cinematográficos que atestiguan cómo veía el mundo anglosajón su periplo por el mundo colonizado. Pero los malos ante la opinión publicada resulta que fuimos los españoles. Cosa de la propaganda.

 

Y lo peor ha sido que los propios españoles hemos sido los propagadores de esa forma de vernos a nosotros mismos, en una ingenuidad estúpida producida por la ignorancia y la contaminación propagandística, que han influido en el hecho de que nos tiremos piedras sobre nuestra propia cabeza. En la historia comparada no somos peores que el resto de aquellos pretendidos imperios que tuvieron la ocasión de ocupar y dominar territorios que eran ajenos. Ellos han sido imperios depredadores y por el contrario la Hispanidad fue un Imperio generador de civilización.

 

No hay nada peor que aquel que cree que la paja en el ojo propio es más grande que la viga del ojo ajeno. Es cosa de complejo de inferioridad por una admiración mal entendida de lo foráneo.  Y eso ocurrió desde el afrancesamiento de los españoles con la llegada de los Borbones y la finalización de la dinastía de los Austrias.

 

Elvira Roca Varea ha tenido la valentía y la honestidad de dejar las cosas en su sitio y revelar la verdad histórica, con fuentes documentales primarias, imposibles de desmontar.  Ella, como persona, es un gran descubrimiento en el mundo de las ideas y de la historia. Sus libros “Imperofobia” y “Fracasología” son una referencia en la puesta en valor de la Hispanidad y la recuperación de las ideas de Ramiro de Maeztu, vitoriano, gran pensador al nivel de Unamuno y Ortega y Gasset, asesinado por las checas izquierdistas en la Guerra Civil, solamente por expresar sus ideas. Gran olvidado por las generaciones actuales que han sido capaces de eliminar su nombre del Instituto de Secundaria que tenía esa denominación desde décadas atrás cuando solamente había un Instituto de Bachillerato en la capital alavesa. Su obra “Defensa de la Hispanidad” es referencial.

 

Porque toda la arremetida contra la lengua española por el conglomerado de la izquierda y los separatistas no es casual. Es un ataque a la línea de flotación de la Hispanidad y de lo Hispano, cortando de raíz el vínculo que nos une a todos los españoles. Es un atentado contra nuestra forma espiritual de ser y sentir, nuestra personalidad.  Restando presencia y valor a la lengua española se genera una nueva cosmovisión en las personas y se eliminan sus raíces históricas, su ethos. Y eso es una mutilación que no debemos admitir, es nuestra responsabilidad. Y lo que es peor, en el mundo de la sobreinformación y la desinformación es una forma de moldeamiento cognitivo para que la gente no piense y se deje llevar.

 

Pero, por otra parte, eliminando la enseñanza en la lengua materna de la inmensa mayoría de los españoles, vivan donde vivan, se perjudica gravemente a los niños y adolescentes pues se les priva del dominio culto de su lengua materna, la que recibieron del vínculo familiar. Y eso se hace contraviniendo las leyes vigentes, empezando por la Constitución Española.

 

Especialmente en el País Vasco y Navarra, los nacionalistas junto a los socialistas incumplen la legislación específica de ambas comunidades históricas y las recomendaciones de la ONU y de la UNESCO. No solamente no corrigen la causa originaria que produce el desastre educativo reflejado en los informes PISA, y especialmente PIRLS, que dan un resultado en comprensión verbal, y, por tanto, en la lectora, pésimo, sino que lo agudizan con las vueltas de tuerca que están dando a este problema en dirección contraria a la realidad social y cultural de la sociedad vasca y al propio uso social del euskera que no avanza simplemente porque los ciudadanos hablan como quieren y no hay poder en el mundo que pueda cambiar esos hábitos lingüísticos porque es antinatural.

Aunque esas políticas de tierra quemada no produzcan resultados prácticos, provocan sufrimiento y penalidades en amplias capas de la población. Y a eso no hay derecho, porque una porción de la sociedad ─no mayoritaria, aunque las urnas den un reflejo falso de la realidad─ impone dictatorialmente a la otra unas políticas que producen daño social. Todos pagamos impuestos y todos deberíamos gozar de los mismos derechos.

 

La lengua es el requisito para la igualdad, para la movilidad de los trabajadores, para que todo el mundo tenga igualdad real de oportunidades. La inmersión lingüística y la segregación causa, desigualdad, fracaso y estratificación social.  Los ciudadanos que creemos en la democracia real, no en esta pamema, tenemos la obligación de cambiar esto y buscar nuevos caminos de entendimiento, con  justicia y libertad.