De nuevo, un año más, pasará como de puntillas, y aún peor, entre “inocentadas”, el Día de los Santos Inocentes. De nuevo, un año más, España, la que fue y ya no es, hará oídos sordos a los gritos de los 100.000 seres humanos, 100.000 niños, 100.000 personas, 100.000 almas que durante 2019 han sido vil y cobardemente asesinados --los más indefensos que pueden existir--, en un genocidio, en un holocausto infame, brutal y de dimensiones apocalípticas como nunca ha conocido la Humanidad en su ya larga historia de barbaridades.

El aborto “legal” lo trajo la “izquierda” porque estaba en el “guion”, pero lo ha consolidado la “derecha”, y con creces, porque ese fue el pacto reconocido que así también estaba escrito en el “guion”. Juan Carlos I sancionó la injusta e indigna ley lavándose las manos cual Poncio Pilatos, para que su hijo se encontrara con trabajo tan macabro y sucio hecho de forma que parezca que no ha roto un plato. Mientras, el pacto de silencio que recogía asimismo el “guion” cubre la fosa común sin fondo en la que yacen ya 3.200.000 niños. Ni Herodes en sus más alucinantes fantasías soñó con tanto. Ninguno de los holocaustos pretendidos ha rozado ni la cuarta parte de dicha cifra.

Los españoles miran para otro lado sin querer ver ni saber que caminan sobre cadáveres y que sus zapatos están empapados en sangre y además de la más inocente. ¿Qué esperamos entonces? ¿Qué la cosa cambie? ¿Qué vayamos a mejor? ¿Qué tengamos paz? ¿Qué nos salve un milagro cósmico? ¿Qué Dios nos asista? ¡No! La sangre de cada niño asesinado “legalmente” ante la indiferencia y con el cómplice silencio general en cualquiera de las muchas casas de los horrores que son los abortorios “legales”, y con la aquiescencia de todos los gobernantes, diputados, funcionarios y ciudadanos desde 1985 --con muy pocas excepciones, que por ello son sin duda más honrosas--, clama justica y, por qué no, venganza. A Dios nadie le engaña. De Dios nadie se ríe. España, por muy osada que se crea que aún es, tampoco va a engañarle ni a reírse de Él.

Hoy no es día de “inocentadas”, sino de llanto y penitencia. De alzarse no sólo por España, que falta hace, sino más aún por defender la vida de los que ya están en la cola del patíbulo en que las leyes abortistas han convertido a los vientres de sus madres. No existe ni una razón, ni una, para el aborto “legal”, para ese eufemismo macabro de la “interrupción voluntaria del embarazo” con que todos calman su mala conciencia. Este crimen a nivel industrial cuya sangre riega nuestras calles y plazas no quedará impune y España lo pagará, vaya si lo pagará, y muy caro… en realidad ya lo está pagando.

¿Y el clero? Peor aún, porque ha renunciado a gritar con ocasión y sin ella, a tiempo y a destiempo contra tamaña barbarie. Peor aún, porque, adocenado, pendiente sólo de la “X” y de las exenciones del IBI y del IVA ha renunciado a ser nuestra conciencia incluso en asunto tan dramático, claro y deleznable como el del aborto “legal”. Peor aún, porque ha renunciado a utilizar el arma de la excomunión pública contra los autores intelectuales de tanta sangre derramada que son del rey emérito, esta vez incluido, abajo, todos. Y, pero aún, porque ese clero adormece las conciencias de sus cada vez menos fieles con eufemismos penosos como “la defensa de la vida” evitando el vocablo ABORTO, como evita el de sodomía en contraposición al tan descafeinado de “homosexualidad”.

Y les pregunto: en los treinta y cuatro años de aborto “legal” que llevamos ¿Cuántas homilías en su contra han escuchado de boca de sus curas parroquiales? ¿Cuántas pastorales episcopales han clamado directa y crudamente contra el ABORTO? ¿Cuántas fotografías o vídeos de abortos de verdad ha emitido 13TV? ¿Cuántos programas denuncia y testimonios ha radiado la COPE? ¿Cuánto dinero de esa maldita “X” ha donado la CEE a las heroicas asociaciones que luchan contra el aborto? ¿Cuántos artículos, imágenes, etcétera, cuelgan las webs diocesanas en contra del ABORTO? ¿Cuántos desplantes privados y públicos han prodigado nuestros obispos y curas a las autoridades civiles por el ABORTO? ¿Cuántas excomuniones han emitido? Finalmente ¿cuántos prelados y curas españoles han sido perseguidos, molestados, vilipendiados, expulsados, declarados personas no gratas o… asesinados por denunciar ese crimen monstruoso, ese holocausto a Baal que es el ABORTO?

Ni hoy y ningún día del año son ni para inocentadas ni para reírse, sino para llorar y hacer penitencia porque la sangre más inocente que pueda existir chorrea de nuestras manos incontenible ensuciándolas con mancha indeleble que sólo se podrá limpiarse con un sacrificio de iguales dimensiones.

Paco Bendala