Es obvio que las deudas hay que pagarlas, y el sistema financiero se asienta sobre la palabra dada –aunque hoy en día habría que decir sobre los documentos firmados-, y que solo cumpliendo los compromisos puede funcionar el crédito, personal o hipotecario.

Pero también es verdad que la Constitución reconoce en su artículo 47 que “Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada”. Claro que el artículo 35 no se queda atrás, y establece que “Todos los españoles tienen el deber de trabajar y el derecho al trabajo…”, y si alguien lo duda que se lo pregunte a los seis millones de parados…. La propia Constitución en su artículo 53 limita la protección jurisdiccional de tales derechos, al establecer únicamente la tutela judicial para los derechos comprendidos entre los arts. 14 a 29, más la objeción de conciencia del artículo 30, y respecto al resto de los derechos, no fundamentales, se limita a decir que: “El reconocimiento, el respeto y la protección de los principios reconocidos…informarán la legislación positiva, la práctica judicial y la actuación de los poderes públicos. Sólo podrán ser alegados ante la Jurisdicción ordinaria de acuerdo con lo que dispongan las leyes que los desarrollen”. Es decir, humo de pajas.

Resulta evidente que en un país dónde hay varios millones de viviendas vacías, no tiene sentido alguno que se proceda al lanzamiento de una persona o familia que no puede pagar, por causas sobrevenidas: desempleo, pequeños empresarios o autónomos arruinados, ancianos con pensiones muy reducidas, que no pueden comer si pagan la vivienda, etc.

El banco o tercero acreedor ejerce una presión que podríamos llamar inhumana sobre el deudor, y al final lo único que consigue es obtener la propiedad y posesión de la vivienda, que no va a poder vender, tal y como está el mercado inmobiliario, y encima van a tener que pagar los gastos de comunidad, impuestos de bienes inmuebles, etc. Por no hablar del lógico deterioro que a medio y largo plazo sufrirá el inmueble, al no estar habitado. Y no hablemos del riesgo de que les sea “ocupado”, como también está de moda últimamente.

¿Qué soluciones hay, para los casos realmente sangrantes, de primeras viviendas? Desde los alquileres sociales –dejar de ser propietario, pero pasar a ser arrendatario, a un precio módico-, o la cesión en precario, hasta que el dueño consiga su venta, pasando por el comodato, el Derecho ofrece diversas alternativas para evitar que una familia quede a la intemperie, con las trágicas consecuencias que hemos visto en días pasados.

Pero aparte del asunto de desahucio, que es la consecuencia, quisiera hablar brevemente de la causa, que son los usos y abusos de la banca. La imposición en sus contratos hipotecarios de cláusulas totalmente leoninas, de incrementos usurarios, cuando el deudor no puede pagar al día y se demora (operaciones a un interés del 7% anual pasan a ser de un 21%...), el hecho de que se ejecuta la totalidad de la operación, no solo la parte alícuota en mora, lo que incrementa notablemente las costas, ya que añade al principal –la deuda propiamente dicha- los elevadísimos intereses y los también importantes honorarios de los Abogados, Procuradores, peritos, anuncios de las subastas, etc., del bien inmueble hipotecado.  Por no hablar de las grandes posibilidades que ofrece la Ley Hipotecaria de “hacer negocio” a costa de la ruina del deudor, adjudicándose el bien por el 50% de su avalúo, y quedando encima como acreedores “de por vida” del pobre desgraciado que se hipotecó con ellos.

En resumen, que al deudor, abrumado por sus dificultades económicas –paro, impagos, negocios que no han sido tales, sino meras ruinas-, se encuentra con que el banco, usando –y abusando- de las cláusulas del contrato hipotecario o personal, que le ha impuesto, pues si no firmas no hay crédito, acaba con la soga al cuello de la ejecución hipotecaria. Por no hablar, que también, del seguro de vida que la entidad bancaria te obliga a firmar con una compañía “casualmente” propiedad del mismo banco, del Notario al que te obliga a acudir, pues “es con el que el banco trabaja”, o de la gestoría que también te sangra obligatoriamente, pues “es la del banco”. Y da gracias de que el bancario de turno no se quiera beneficiar a tu señora, con lo buena que está, pero has tenido suerte pues es homosexual y no le gustan las mujeres…

Dicen que el ideal del judío es que el deudor vaya tan apurado que nunca pueda pagar el principal, de forma que sólo abone los intereses, así la deuda se acaba convirtiendo en deuda perpetua, y trabajas para el acreedor. Es la moderna esclavitud del siglo XXI: el deudor excesivamente hipotecado.

A Dios gracias no pertenezco al club más grande de España, el de los hipotecados. Pero siento mucho la completa incompetencia y dejadez del Banco de España, incapaz de acabar con las cláusulas abusivas en los contratos hipotecarios.

Y las asociaciones de consumidores, ¿para qué están, además de cobrar cuantiosísimas subvenciones, a fondo perdido? Realmente es sangrante que no hayan hecho nada, o casi nada, para poner remedio a esta situación, denunciando las cláusulas abusivas de los contratos hipotecarios, a los que el cliente simplemente se adhiere, pues no tiene capacidad real de negociar nada.

Luego se le aplica el derecho civil, que en estos casos es el más incivil que hay, y se le dice que como usted ha firmado esto y aquello, pues apechugue con las consecuencias. Y váyase a vivir debajo de un puente, que nosotros nos quedamos con su casa, y encima nos seguirá debiendo dinero de por vida. Así se escribe la historia de los abusos bancarios.