La primera semana de agosto «The New York Times Magazine» publicaba una edición especial dedicada a la esclavitud en los Estados Unidos y a su legado. Según el diario: «El Proyecto 1619 [que así se llama el número especial] es una importante iniciativa de “The New York Times” para rememorar el 400 aniversario del comienzo de la esclavitud en los EEUU. Pretende reenfocar la historia del país, entendiendo 1619 como nuestra verdadera fundación y situando las consecuencias de la esclavitud y las contribuciones de los negros americanos en el mismo centro de la historia que nos contamos a nosotros mismos acerca de quienes somos».

El número especial incluye artículos sobre los temas más diversos, escritos por columnistas y académicos, así como poesías.

El lector español entenderá que esto no tiene mayores consecuencias y, si lo entiende en clave nacionalista, puede que hasta crea que los estadounidenses anglosajones tienen por fin su merecido. Esta perspectiva presenta algunos problemas: primero, que puede ser aplicada a otras potencias europeas, dado que con mayor o menor benignidad todas practicaron la esclavitud y, segundo, que las argumentaciones de «The New York Times» o similares pueden ser aplicadas, ya no al asunto concreto de la esclavitud, si no al conjunto de la historia de la totalidad de países europeos, o al menos de los más relevantes históricamente.

Por último, las acusaciones realizadas por el «Proyecto 1619" han sido sobradamente refutadas por Igor Ogorodnev en «Russia Today», dentro del artículo «Problem of NYT 1619 Project isn”t that it sees America through slavery, it”s that it tells untruths" (20.8.2019).

Pero el motivo por el que nos importa el «Proyecto 1619» es que obedece a las leyes y a los supuestos de una «ley de memoria histórica» universal, que es la que realmente funciona; no, como suele pensarse, el caso puntual y especialísimo que padecemos en España.

En el caso de los EE.UU. y el «Proyecto 1619», los impulsores del citado proyecto son la plana mayor del «progresismo» en aquel país y para ellos la campaña del citado «proyecto» es un vieja «deuda histórica» que lleva pendiente varios siglos. Por el contrario, para el entorno conservador y patriota, la propuesta del «Times» busca dividir y está cargada de un tono acusatorio en el que no es difícil concluir que se pretende la deslegitimación de los EE.UU. en su conjunto, la pérdida de credibilidad de su constitución y finalmente la respuesta única e insoslayable de la revolución como terapia social. Según el escritor conservador Ian Miles Cheong, el «Proyecto 1619» equivale a «reescribir la historia de los EE.UU. para adecuarla a la narrativa victimista de la izquierda». El asunto no es de extrañar, dado que como ha podido saberse a través de una filtración posterior al fracaso del caso «Muller» y de la «trama rusa», la línea de acción del periódico contra la administración Trump en los prolegómenos de las nuevas elecciones será el «racismo». De ahí el aluvión de artículos con una temática común: culpar de todo a la esclavitud, la población blanca definida como «clase», la responsabilidad exclusiva de los blancos en los problemas del país, etc.

Todo esto está en realidad en la línea no solamente de un oportunismo electoral si no en el marco más amplio de la impugnación general de la civilización cristiana y europea. En otras palabras, hay un mismo hilo conductor ideológico entre la supresión de las estatuas de «Stonewall» Jackson y de Cristobal Colón.

Esta propaganda, que no es más que propaganda, sirve de paso a otro fin no confesado: la ocultación de problemas en los que el denominado «progresismo» ha jugado un importante papel. Por ejemplo, el columnista negro Walter Williams, se pregunta en un brillante artículo «¿Cómo de importante es hoy la discriminación racial?» (CNS News, 14.8.2109). Más concretamente Williams escribe: «Desde un punto de vista político, una cuestión mucho más útil es preguntar: ¿cuanto de los problemas de muchos negros puede explicarse por la actual discriminación racial? Examinemos algunos de los problemas más devastadores que sufren muchos negros... En la raíz de muchos de los problemas de los negros está el derrumbe de la estructura familiar. Algo más del 70 por ciento de los niños negros nacen en hogares monoparentales. Según la estadística de los hogares sin padre, 90% de los niños sin hogar proceden de hogares sin padre; 71% de las adolescentes embarazadas proceden de hogares sin padre». Según Williams, lo mismo sucede con los suicidios adolescentes (63%), el fracaso escolar (73%) y los jóvenes negros en centros de acogida públicos (70%). No es un secreto que esta quiebra de la familia, de la que por supuesto no habla «The New York Times», es imputable en el «debe» de la izquierda mundial, con sus «revoluciones sexuales» y sus «feminismos» desastrosos. Por eso, Williams, en su artículo, culpa al caos moral de la población negra de buena parte de sus problemas y se pregunta por qué han de esperar los negros americanos el dinero público antes que avanzar en una reconstrucción ética y moral de su comunidad.

Reflexione el lector sobre si este asunto, que atañe a una sociedad diferente de la española, no presenta importantes analogías, máxime cuando la paranoia del «género» en España y la ideologización de los crímenes de hombres contra mujeres, sirven para ningunear el auge de la violencia causado por el nihilismo social que impulsa la izquierda y los liberales. De ahí que, por ejemplo, sean interpretados en clave ideológica -de «género»- los actos violentos contra las mujeres y no los que se dan de inmigrantes contra españoles o los producidos contra hombres, niños o ancianos.

Todo esto apunta al hecho de que la «ley de memoria histórica» no es más que un caso concreto de un gigantesco replanteamiento de la historia europea y cristiana, en los términos precisos que quieren sus más encarnizados enemigos. En esa estrategia se inscribe el «Proyecto 1619».