¿Dónde se ha metido la alcaldesa de Barcelona? ¿Alguno de ustedes sabe algo de esta antigua aspirante a actriz? ¿Se habrá escondido? ¿”Ande” andará? Me tiene en un “¡ay!”. ¿Dónde puede estar la primer edil (o primera edila) del consistorio de esa ciudad en llamas y algaradas no violentas, a juicio de nuestro Tribunal Supremo, que desde el pasado lunes acapara las primeras páginas de los informativos? Observen que con esa calificación de los hechos demuestro ser una persona políticamente correcta al acatar explícitamente la sentencia que ha originado las protestas. No me digan que no.

Hace dos años no ocurrió igual. Con motivo de la celebración del referéndum del 1 de octubre de 2017, fue la primera en mostrarse ante los medios de comunicación sumamente indignada con las cargas policiales que se vieron obligados a llevar a cabo la Policía Nacional y la Guardia Civil siguiendo órdenes del Gobierno. Interpretó el papel de dirigente política indignada quejándose del exceso de fuerza empleado. Además, exigía responsabilidades por las agresiones sexuales sufridas por una interfecta llamada… ¡qué más da cómo se llamara! Se trataba de una impostora más falsa que un billete de 18€, a la que presuntamente habían agredido porque, como manifestó: "No hacía nada más que defender a la gente mayor porque han pegado a niños y a gente mayor y me han cogido, me han tirado por las escaleras, me han tirado cosas, me han roto los dedos de la mano expresamente, uno por uno. En medio de las escaleras con la ropa levantada me han tocado las tetas mientras reían. Y me han pegado…. Esto es mucha maldad, mucha maldad, mucha...".

La mentirosa, embustera, fulera y farsante denunciante, que mereció el apoyo de la alcaldesa Colau, apareció en televisión denunciando los hechos y mostrando a las cámaras su mano izquierda vendada. Con el dinero del ayuntamiento, la alcaldesa a punto estuvo de presentar una querella por violencia de género contra los agentes. Si no lo hizo fue porque al equipo jurídico del consistorio no le dio tiempo a presentarla. Antes de que la terminaran, se hizo público el video en la que se la veía forcejear con los agentes resistiéndose y agarrándose a un compañero. Nadie le tocó un solo dedo, ni mucho menos tocaron sus pechos o se rieron de ella. En realidad, lo único que se vio fue que trataba de zafarse mientras un policía tiraba… de su mano derecha. Se trataba de una patraña. ¡Todo mentira!

Por el contrario, los altercados de esta semana, en los que ha intervenido la policía autonómica para intentar sofocarlos, no han merecido el más mínimo comentario. ¿Ustedes saben que haya aparecido en los medios de comunicación? ¡Nada! O como se dice por aquellos lares enfáticamente: “res de res” (nada de nada, para los no catalanoparlantes). ¿Por qué? ¿Porque se trataba de fuerzas del orden autonómicas? Ustedes mismos…

Tampoco la hemos oído protestar porque un hombre cobarde, en la vorágine de la protesta, por la espalda, arrebatara a una mujer que se manifestaba pacíficamente la bandera que portaba y se intentara dar a la fuga. La mujer, para recuperarla asió la mochila que llevaba en la espalda el antidemocrático hombre y éste, sin pensarlo dos veces, aprovechó su mayor estatura y fuerza, prevaliéndose de su condición de hombre, volvió su brazo, le dio en la cara a la mujer y la tiró al suelo.

¿Han oído algún comentario de la alcaldesa? Ni una palabra. ¡Ni mu! Y eso que esta chica se dice pacifista y feminista. ¿Saben por qué no ha dicho nada? Seguro que se lo imaginan. Porque el hombre era independentista y la mujer no; y porque la bandera que llevaba la mujer era la española. ¿Se imaginan que habría salido por su boca en el caso de que la mujer hubiese llevado la estelada y el que le pegó un pin con la bandera española? Debe ser que Colau piensa que quienes no son de su cuerda, no merecen su reconocimiento. Y se equivoca. Además, olvida que, quien siembra vientos, recoge tempestades.