El rey Alfonso XI de Castilla no se caracterizó por su continencia sexual, una pueril actitud en un hombre de su responsabilidad que a la postre desembocaría en graves problemas sucesorios: con su esposa —María, hija de Alfonso IV de Portugal— tuvo dos hijos; del vientre de su amante —Leonor de Guzmán— le nacerían diez hijos más. La rivalidad entre descendientes cristalizaría en una fraternal guerra civil que enfrentó al legítimo Pedro I el Cruel con el bastardo Enrique de Trastámara. En 1369, Pedro resultó sitiado por Enrique en el castillo de Montiel. Para lograr su libertad recurrió a Bertrand Du Guesclin —un mercenario francés aliado de Enrique—, quien le preparó una encerrona concertando una entrevista entre ambos pretendientes al trono de Castilla. Ante la atenta mirada de Du Guesclin, poco tardaron en enzarzarse a puñetazos. En el curso de esa pelea, cayeron al suelo. Pedro colocó su cuerpo encima del de Enrique, dispuesto a propinarle una puñalada. Una acción que el aparentemente imparcial Du Guesclin no dejó que se consumara; agarrando a don Pedro, logró voltear la posición de los contendientes mientras soltaba por su boca una frase para la posteridad: “Ni quito ni pongo rey, pero ayudo a mi señor”. Después de lo cual, y valiéndose de su preeminente y favorecida ubicación, Enrique terminó con la vida de su hermanastro clavándole una daga en el corazón. Se instauraba así una dinastía que iría disgregándose en ramas hasta que dos tataranietos de Enrique lograron fusionarla nuevamente: Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón, con cuyo matrimonio se fraguaría la unidad de España.

El presidente del PP, Pablo Casado, acaba de sugerir a VOX que no se presente a las elecciones generales en aquellas circunscripciones con menos de seis escaños en liza. Según él, la fragmentación del voto sólo beneficiaría a la izquierda, de manera que lo único útil en esas provincias sería que Santiago Abascal mandara a sus huestes a casita con el fin de que los electores de centro derecha sólo puedan decantarse por la opción pepera. Ver para creer: ¡un cordón sanitario ad cautelam, ab initio… y ad nauseam! Y para que el tontucio que aún no lo comprenda recapacite y se avenga a pasar por tan democrático aro, qué mejor que tirar de pedagogía montando un video en el que Epi y Blas explican cómo funciona la Ley (sic) D´Hondt; una explicación sonrojante que parece sacada de El abogado en casa, ese librito que para Pedro Sánchez debe de equivaler a la colección entera del Castán.

Que el PP y VOX están condenados a entenderse mientras los dos cohabiten es algo que todo el mundo sabe y da por hecho. Pero cuidado con que los que lanzan al aire estas ideícas no se pasen de listos, porque si VOX existe es precisamente por un doble motivo: por la inoperancia de una formación a la que en 2011 millones de españoles votaron para darle una patada donde acaba la espalda a ese PSOE que había arruinado por enésima vez el país; y por el hastío hacia esa nada a la que en 2015 esos mismos millones de españoles volvieron a votar con las narices tapadas para evitar que arribara a la Moncloa el comunismo podemita creado por el dúo Rajoy-Soraya en su afán de insuflar miedo a quienes estaban asqueados de sus felonías.

Cuidadín con pecar de soberbia, señor Casado, ¡cuidadín! ¿De verdad piensa que los españoles van a seguir confiando en esa deposición punzada en una vara en que hace tiempo se convirtió el partido que preside? Usted pide a los españoles que voten, por su utilidad, a un partido que, pese a haber gobernado de 2011 a 2018 —hasta 2015 con mayoría absoluta—, no fue capaz de revertir ninguna de las políticas llevadas a cabo por ese hijo de las tinieblas llamado ZP: no derogó ni una sola de las sectarias leyes cainitas que aprobó; mantuvo la deriva sumisa y de rendición ante los terroristas, excarcelando a etarras y violadores en virtud de una infame sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos que no era necesaria extender más allá del caso concreto que enjuiciaba; e hizo suya la vía de la negociación internacional como método de defender la causa del noble pueblo venezolano, tiranizado sucesivamente por los sátrapas Chávez y Maduro. Usted solicita a los españoles que voten, por su utilidad, a un partido que acoge sin rechistar los dogmas de la totalitaria ideología de género, humillando con ello, y de paso vaciándole los bolsillos, a los miles de hombres y mujeres que ya se sienten protegidos por el principio de igualdad ante la ley recogido en el artículo 14 de la Constitución. Usted demanda a los españoles que voten, por su utilidad, a un partido que no impidió que unos forajidos dieran un golpe de Estado a cámara lenta, y que una vez perpetrado se limitó a convocar elecciones autonómicas como solución magistral al gravísimo órdago lanzado. Usted implora a los españoles que voten, por su utilidad, a un partido cuyas políticas ilegítimas, absurdas y suicidas en materia lingüística pusieron en bandeja a la izquierda separatista que vino detrás la posibilidad de que en Valencia y Baleares el español sea un idioma residual, tal y como ocurre ya en la Galicia comandada por el moderado Feijoo, para regocijo de esa izquierda separatista que ni siquiera ha tenido que venir detrás para acometer semejante tropelía. Usted mendiga a los españoles que voten, por su utilidad, a un partido que, tras haber permanecido quince años en el poder desde 1996 —ocho de los cuales con mayoría absoluta—, no ha resuelto el problema de la sequía que acucia al Levante, por la sencilla razón de que es un quedabién allá donde va, y dice una cosa en las regiones donde las cuencas hidrográficas son deficitarias y otra cosa donde el agua de los ríos termina desperdiciada en la inmensidad del mar. Usted pordiosea a los españoles que voten, por su utilidad, a un partido que ha mantenido el aborto como un derecho; un derecho, por supuesto, exclusivo de la madre, ya que al padre tan sólo le asiste la obligación de pagar la correspondiente pensión de alimentos cuando esa misma madre atisba que tiene donde rascar…

Ofreciéndole todas esas lindeces y muchas más, usted, señor Casado, pretende monopolizar el voto de los españoles de bien; pero no se ande con ilusiones, porque los españoles de bien le van a dar un tururú por respuesta. Así que, cuidado, señor Casado —y de refilón, señor Rivera y demás ralea progreacomplejada—: no trate de llevarnos a la confusión con miedos, variantes D´Hondt y votos útiles. Tenemos muy reciente lo ocurrido en Andalucía el pasado 2 de diciembre, donde hasta una semana antes de las elecciones las encuestas obviaban el poder de VOX en las urnas. Así, las realizadas el 19 de noviembre por Metroscopia para el siempre fiable diario Público y por NC Report para La Razón no le otorgaban escaño alguno; el 21 de noviembre, la encargada por La Sexta a Invymark ya le atisbaba un diputado, al igual que el último CIS de Tezanos; y el 25 de noviembre, El Mundo, ABC y El Español recogían las muestras de SigmaDos, GAD3 y SocioMétrica, respectivamente, según las cuales VOX podría alcanzar hasta cuatro representantes. El escrutinio final ya lo conocemos: doce asientos en el Parlamento andaluz que permitieron desalojar al PSOE del Palacio de San Telmo por primera vez en casi cuarenta años.

Sin duda, esta salida de banco de Pablo Casado tiene que ver con lo nerviosos que están en Génova por los sondeos que realmente manejan y que, con seguridad, se encuentran a una distancia sideral respecto a lo que nos pseudoinforman desde los distintos medios de comunicación, esos que encomiendan unas encuestas ad hoc en función de sus propios intereses a unas empresas demoscópicas cuyos fracasos siempre justifican a posteriori con el argumento de que los ciudadanos cambiaron de parecer en el mismo instante de depositar su papeleta en la urna. Sin rubor científico alguno, cada vez las mercantiles que comercializan con la opinión pública se parecen más a esos periodistas que nos entretienen cada verano encasquetándole tropecientos fichajes a Florentino Pérez.

Aunque quieran bañar los datos ofrecidos con el barniz de la objetividad y la imparcialidad, desengáñense: no cuela. Al igual que ocurrió en 1369 con Bertrand Du Guesclin en su affaire con don Pedro I el Cruel, esas encuestas no sirven por sí solas para poner ni quitar reyes, pero quienes las pagan y publican sí que intentan ayudar a su señor. Por eso no nos las creemos, porque sabemos que nos la están metiendo doblada y que el verdadero voto útil sólo puede tener un dueño: aquel que defiende sin vacilaciones los intereses de España. Ojalá que para unir la actual familia ramificada que es la derecha no haya que esperar cuatro generaciones como sucediera con esa dinastía Trastámara fundada por Enrique II, y que los que han causado esta dispersión, en lugar de querer podar el árbol, reflexionen acerca de las razones que nos han traído hasta aquí.